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viernes, 5 de julio de 2013

No soy un proveedor


Hace unos meses leí un editorial que me llamó mucho la atención. Se trata de la revista The Journal of Family Practice y lo firmaba el doctor John Hickner. El editorial en cuestión se titula “Don´t call me a provider” y es una especie de alegato contra el uso masivo del término “proveedor de salud” en el ámbito sanitario, en detrimento del clásico “doctor”.
El doctor Hickner se muestra indignado: no ha pasado largos años de carrera universitaria quemándose las pestañas, más otros tantos años de residencia, arduo aprendizaje práctico y miles de horas de deprivación del sueño para convertirse en un “proveedor”.
No creo que sea la desposesión del título lo que molesta al doctor Hickner, sinceramente. Creo que la medicina, sea quien sea quien la practica, es una ciencia y un arte, además de, en esencia, un acto humanitario que bien poco tiene que ver con las diversas actividades relacionadas con la provisión de bienes o artículos.
Pensándolo un poco, yo misma he relacionado siempre el vocablo “proveedor” con un fabricante o industrial que abastece de materiales a minoristas. El fabricante provee lo que el minorista luego vende.
Y sí, hablar de centros “proveedores de salud” siempre me ha resultado extraño atendiendo al contexto semántico del abastecer de algo a alguien: si ese alguien es la población, ese algo es ¿la salud?  En realidad, la salud es algo que poseemos, nadie puede entregárnosla como una mercancía o un bien más, sino solo intentar que la conservemos o actuar para restablecerla. Por tanto, los centros sanitarios, y algunas de las personas que trabajan en ellos, en realidad prestan un servicio encaminado al restablecimiento de la salud o la prevención de la enfermedad entre la población. Como llamarlos “prestadores de servicios encaminados a la conservación o el restablecimiento de la salud” es un engorro, pues se echa mano del inglés y así, por la vía fácil, centros, instituciones, ministerios y personas quedan englobadas convenientemente en un solo término: “proveedores de salud”.
No sé, a mi lo de “proveedor de salud” me huele a consumo, a compra-venta, a transacción, a mercancía… Es un tufillo… Algo que no me cuadra en absoluto con la labor de médicos, enfermeros y demás sanitarios.
Creo que Hickner tiene más razón que un santo cuando al final de su artículo sentencia: “let´s use the word that reflects who we are: doctors”.


Hickner J “Don´t call me a provider” The Journal of Family Practice. Febrero 2013 vol 62, n 2.

miércoles, 6 de junio de 2012

¿Cuántos tendremos un estén dentro de nada?

Creo que era en 2005, cuando el humorista y actor Guillermo Summers ingresaba en una clínica madrileña después de haber sufrido un infarto agudo de miocardio. Al ser interrogado por un periodista acerca de la intervención a la que fue sometido, el humorista comentó con ironía que no había sido nada, que le habían colocado un "estén" pequeñito, de última generación, que probablemente duraría más que él. Para entendernos, un stent es un tubito de pequeñas dimensiones, en forma de red, que se implanta en los vasos en los que la luz se ha reducido tanto que prácticamente impide el paso de la sangre. Una vez introducido en el punto donde se encuentra la obstrucción, el stent se expande "abriendo" así otra vez la arteria y restableciendo el flujo normal hacia los tejidos.
Parece que, tras el éxito del préstamo bypass (que ha logrado imponerse al castizo "derivación" en términos como bypass coronario o bypass gástrico), el término stent se ha abierto ya un amplio hueco no solo en la literatura médica (donde su equivalente castellano "endoprótesis vascular" es ignorado sistemáticamente), sino también entre la gente de a pie, quienes utilizan la forma "estén" convenientemente acomodada a las particularidades fonológicas y ortográficas del castellano.
Admitámoslo, "endoprótesis vascular" es pésimo desde el punto de vista mnemónico... ¡Tiene todas las de perder!
Por cierto, ninguno de los dos términos está recogido todavía en el DRAE. Ya están tardando, como siempre...

sábado, 6 de noviembre de 2010

"I went to see a man about a dog..."

Ayer por la tarde y hoy sábado por la mañana el gran Fernando Navarro ha impartido un curso de Traducción Médica organizado por la APTIC (Associació Professional de Traductors i Intèrprets de Catalunya).
Como era de esperar ha sido una auténtica gozada ver en vivo y en directo a un gran traductor, profesor, divulgador de la traducción médica y lexicógrafo como es Navarro. En realidad me esperaba encontrar un personaje adusto y sesudo, preocupado por el penoso estado de la lengua española en los textos médicos y, sin embargo, ha resultado muy divertido.
El curso se ha centrado en cómo, de forma imperceptible y progresiva, ha ido cambiando el español médico debido a la influencia del inglés. No ha habido tintes dramáticos, simplemente se ha constatado, con numerosos ejemplos reales, las modificaciones que han ido surgiendo en los planos fonético, sintáctico, léxico y ortotipográfico del español. Navarro es claro: la anglización del español que se utiliza en las ciencias biomédicas es notable y va en aumento.
Otra parte del curso, la más interesante a mi parecer, se ha dedicado a destacar ciertas expresiones peculiares que usan los pacientes al comunicarse con los médicos.
Lo más divertido: los eufemismos.
Todas las culturas acuñan eufemismos para referirse a elementos tabú: la muerte, los genitales, el acto sexual, las enfermedades, etc. Si a ello añadimos el movimiento de ultracorrección política surgido en EE.UU. entonces podemos llegar a oír "cosas" como vertically challenged, para hablar de los bajitos...
En realidad la consulta del médico de familia es el lugar ideal para aprender los eufemismos que se utilizan en un país, aunque para aprenderlos necesites práctica y que se te quede cara de tonto en más de una ocasión.
Conozco muchas maneras elegantes de decir "ir a cagar" o "ir a mear", pero si alguien me dice "I went yesterday for a number two and it was quite painful", admito que me quedaría un poco parada. Esta otra frase tampoco la había oído nunca: "I went to see a man about a dog and there was blood in the toilet"... ¡Gracias a que tenemos el griego y el latín y podemos salir del paso anotando hematuria!
En definitiva un curso muy cortito, apenas una pincelada a ciertos aspectos destacados del inglés médico y a qué dificultades podemos enfrentarnos al traducir un texto, pero muy interesante.
Si alguien está interesado en la traducción científica no debe dejar de leer a Navarro, que publica bastante, y sobre todo no perderse ningún curso suyo si cae por su ciudad.

viernes, 9 de abril de 2010

Yo, por lo menos, tengo sexo

El uso indistinto que de los términos sexo y género se hace hoy en día suele inducir a error, si bien se trata de dos conceptos claramente diferentes. El sexo es un atributo biológico expresado en unos rasgos y funciones físicas determinadas y presente en el momento del nacimiento. El género, por el contrario, constituye un conjunto de manifestaciones conductuales y patrones mentales relacionados con nuestro sexo, que adquirimos en la cultura y la sociedad en que nos desarrollamos como personas. Lo que se supone son las características de pensamiento y conducta propias de los géneros masculino y femenino se aprenden a lo largo de la vida mediante la interacción con los miembros de nuestro grupo, y son, a la vez, fortalecidas y mantenidas a través del discurso social existente en una época y lugar determinados. El género es, pues, un constructo sociocultural que influye de forma notable en los patrones de comportamiento y los estilos de vida que creemos adoptar en libertad. Según esto, ¿tiene sentido anotar en la consulta médica el “género” del paciente?, como muestra este ejemplo real: Recollida de dades: edat, gènere, pes actual i anterior, història dietética… ¿Depende el índice metabólico basal, o cualquier otro valor o medida fisiológica, del “género”?, como en: Índex metabòlic basal (IMB) [depende de factores como]: gènere, edat, hormones, àrea de superficie corporal, temperatura corporal i ambiental… En la actualidad tenemos un buen pollo montando a cuenta de la morfología de las lenguas románicas (en las que el género masculino es el genérico o inclusivo: “el hombre=la humanidad” o “los alumnos=las alumnas y los alumnos”) que se confunde con el uso sexista del lenguaje (una cosa bien distinta) y que nos ha llevado a aceptar sin pestañear esa absurda manía de desdoblar los determinantes y sustantivos al estilo de “el/la alumno/a” o, peor aún: “l@s alumn@s", para no ofender a no sé qué mentes preclaras. Pero veo que hay otras confusiones entre sexo biológico y género sociocultural que cantan por sí mismas.

miércoles, 7 de abril de 2010

¡Pásame el esfingo!

Hoy he medido la tensión arterial con un aparato nuevo. Yo conocía el esfigmomanómetro (el tensiómetro, de toda la vida) y sin embargo hoy me han pedido en la uni que me acerque al muñeco y le ponga el esfingo. ¿El qué? El esfingo, el esfingomanómetro, me han aclarado… ¡Aaaaaaaaaah! Claro…

No sé si habréis oído hablar de los esfingolípidos, la esfingomielina o la esfingosina, pero apuesto que, ignorantes como yo, no sabíais el nombre del cacharro ese con que os toman la tensión en la farmacia. Corro a hacer un google fight y me salen 9 700 páginas con “esfingomanómetro” y 53 100 con “esfigmomanómetro”. Entonces, existir, existe. Ahora, he mirado en varios diccionarios médicos y “esfingomanómetro”, sintiéndolo mucho, no sale por ningún lado.

Parece un caso curioso de analogía morfológica (como el verbo desternillarse, que ha pasado popularmente a destornillarse); lo que no me cuadra es cómo los profesionales de la salud, sabiendo la etimología de ambos términos (uno viene del griego sphygmos, pulso, y el otro de sphingein, unir con fuerza) pueden confundir uno con otro.

Por cierto, en inglés los médicos lo llaman, coloquialmente, the sphyg. Por nuestras tierras, no os extrañéis cuando oigáis “pásame el esfingo”.

viernes, 2 de abril de 2010

Solución de continuidad

Hace unos meses, en clase de Fisiología, el profesor leía uno de los power points que había colgado. El tema iba sobre los mecanismos que se ponen en funcionamiento para procurar la hemostasia cuando se produce la rotura de un vaso.

En un momento dado el profe lee “la adhesión endotelial [que es la aproximación de las superficies endoteliales -las "paredes"- del vaso lesionado y su posterior adhesión] favorece que vuelva a producirse la solución de continuidad”. ¿Cómo? Es claro que lo que quería decir el profesor (y cirujano) es que la adhesión endotelial tiene como objetivo que vuelva a producirse o que se restablezca la CONTINUIDAD del tejido del vaso, no la SOLUCIÓN DE CONTINUIDAD del mismo; más que nada porque la solución de continuidad del tejido ya se ha producido, si no, no estaríamos hablando de un vaso roto y de cuáles son los mecanismos que se ponen en marcha para parar la hemorragia.

Bueno, pues aprovecho el receso para comentarle al profe que hay una “pequeña errata” en el ppt y le explico de qué va, a lo que me responde que no, que está bien expresado y que lo que hay escrito es lo que él quiere decir (su mirada es burlona, divertida). El día siguiente, de buen rollo, le enseño un libro de Cristóbal Pera (El cuerpo herido, un diccionario alucinante) donde el autor define las heridas como soluciones de continuidad en la cubierta cutánea. Le intento explicar al profe que, según yo lo veo, solución de continuidad es una expresión muy usada que equivale a discontinuidad, ruptura, interrupción, fractura… pero no hay caso, y esta vez se le nota un tanto molesto por mi insistencia.

El caso es que días más tarde, este mismo profesor nos habla en clase de Anatomía del sistema vascular y al comentar los tres tipos de capilares que existen, señala que en los capilares de endotelio discontinuo o sinusoidal (capilares en los que hay pequeños orificios) “la luz es irregular y hay soluciones de discontinuidad. Los orificios no están tapizados por la membrana basal”. ¡No puede ser! Ahora resulta que un orificio en el endotelio de un capilar es una solución de DIScontinuidad.

A ver… solución viene del latín “solutio” que entre otras acepciones tiene la de “disolución” o “desagregación”, por tanto “ruptura”. Si algo se disuelve, pierde su continuidad, entendida como integridad. El DRAE lo dice bien clarito: solución de continuidad significa “interrupción o falta de continuidad”. De ahí que digamos que en una fractura, por ejemplo, hay solución de continuidad del hueso. Por esa regla de tres “solución de DIScontinuidad” es una especie de pleonasmo que equivale a “continuidad” (negativo más negativo = positivo), a tejido intacto, preservado, cuando justamente en este caso el profe quiere decir todo lo contrario, que el tejido capilar muestra orificios.

Semejante empanada viene a corroborar que el uso de esta expresión (que, por cierto, ha traspasado el ámbito de lo quirúrgico y se oye cada vez más en el lenguaje coloquial, y si no prestad atención en los telediarios cuando hablan los políticos) es, por decirlo de alguna manera, bastante libre.

Os copio algunos ejemplos, donde se ve claramente el significado:

“The repair of a loss of continuity of tissues –a wound- is a complex biological process which begins with the injury and ceases when the continuity of the tissues is restored.”
“Various types of wounds, defined as a loss of continuity of skin or tissue, occur in the clinical setting.”
“A wound is a loss of continuity of skin or mucous membrane due to either accidental injury or surgery.”
“Diseases can be transmitted by means of the interruption of tissue continuity.”
“Le terme solution de continuité signifie `rupture, interruption qui se présente dans la continuité de quelque chose de concret ou d´abstrait´ [Wikipédia].

viernes, 26 de marzo de 2010

Add insult to injury

Recuerdo el día en que aprendí que “ofensivo” en inglés no sólo tiene las dos principales acepciones que conocemos en castellano: (1) que sirve para atacar y (2) que ofende, que hiere, sino que también podía significar (3) delictivo y (4) nauseabundo, desagradable.

Ejemplos de la segunda acepción son offensive remark (comentario hiriente) o offensive gesture (gesto ofensivo).

Un ejemplo de la tercera acepción es offensive littering (un delito en algunos estados de América que se refiere, muy resumidamente, al ir tirando basuras en sitios donde no se debe).

Pero lo que más me llamó la atención en su momento es que en inglés se aplique el adjetivo “ofensivo” a un olor (offensive smell) dándole así el matiz de hedor o peste. En medicina se usa comúnmente para referirse al olor desagradable, nauseabundo, que desprenden los tejidos necrosados: las quemaduras y las úlceras, por ejemplo.

Todo esto viene a cuento porque el otro día, leyendo un artículo en The Lancet sobre la diabetes tipo 1 me encontré con esta frase:

“In fact, in type 1 diabetes, the heart is subject to a variety of pathological insults, including accelerated atherosclerosis, cardiac autonomic neuropathy, and possibly intrinsic cardiomyopathy.”

[Retnakaran, R. y Zinman, B. “Type 1 diabetes, hyperglycaemia, and the heart”. Vol 371 May 24, 2008]

Confieso que nunca antes me había topado con el sustantivo “insulto” en un texto médico, pero en ese momento deduje que con pathological insults los autores hacían alusión a “daños” potenciales (cardiovasculares en este caso) al enfermo diabético.
Estos pequeños descubrimientos que hago me encantan y me dan vidilla, no lo puedo evitar. “Every day is a school day” me decía hace poco un profe, y es verdad. Cada día se aprende algo.

No contenta con mi “intuición” me dirigí a algunos diccionarios y he aquí lo que hallé:

El Merriam-Webster´s Medical Dictionary online recoge dos acepciones relacionadas entre sí:

1- Daño al cuerpo o a una de sus partes como en acute vascular insults.
2- Aquello que causa o puede causar daño al cuerpo como en damage resulting from nutricional insults.

En la misma línea, el Medical Dictionary en Free Dictionary online propone:

1- An injury, irritation, or trauma.
[Daño, irritación o traumatismo]
2- Any stressful stimulus which, under normal circumstances, does not affect the host organism, but which may result in morbidity, when it occurs in a background of preexisting compromising conditions.
[Cualquier estímulo estresante que en condiciones normales no afecta al organismo huésped, pero que puede acabar dañándolo si se da en una situación donde haya una patología de base preexistente].

Curioso, ¿no?

¿Qué será, será... ántrax o carbunco?

Hace unos días, en clase, a raíz de un ejercicio de un compañero, volví a encontrarme con la confusión de dos patologías: el ántrax y el carbunco. En concreto se hablaba del carbunco (etiología, patogenia, etc.) pero se le denominaba indistintamente ántrax o carbunco en el título. Es una confusión bastante frecuente en la tele y también en revistas de divulgación y se debe básicamente a la mala traducción del inglés que se hace en algunos medios.

Fernando Navarro, excelente profesor además de traductor especialista en textos médicos, advierte de varias formas (en la revista de traducción Panacea, a la que me he referido alguna vez, y también en su diccionario de dudas) del constante intercambio que los legos en medicina hacemos de los términos ántrax y carbunco, cuando se refieren, como ya he comentado, a patologías totalmente diferentes.

Según el Manual Merck de Medicina, el ántrax es un conjunto de forúnculos con extensión al tejido subcutáneo, producto de una infección por estafilococos (creo recordar que por S. aureus) que provoca una supuración profusa con esfacelo, es de lenta curación y deja grandes cicatrices.

El carbunco, por el contrario, es una zoonosis (enfermedad que nos transmiten los animales), cuyo microorganismo causal es Bacillus anthracis. Produce una infección cutánea (pápula indolora pero pruriginosa de color pardo rojizo) que se sigue de ulceración con exudado serosanguinolento y formación de escara negra. Existe también el carbunco pulmonar por ingestión de esporas.

Pues bien, la confusión viene porque se cogen textos y páginas web de lengua inglesa donde sale el término anthrax y se traduce alegremente por ántrax, y lo mismo con el término carbuncle, que se traduce por carbunco. Aquí estamos ante un clásico “falso amigo” ya que el anthrax inglés es nuestro carbunco (producido por B. anthracis) y el carbuncle inglés es nuestro ántrax (con acento, por favor).

Os copio aquí una pequeña parte de la entrada del término inglés ANTHRAX del Diccionario crítico de dudas inglés-español de medicina (1ª edición, 2000) del gran Navarro, donde se señala la traducción correcta de varios términos ingleses:

Anthrax bacillus: bacilo del carbunco o Bacillus anthracis; ¡nunca “bacilo del ántrax”!; anthrax pneumonia: carbuncosis pulmonar; anthrax vaccine: vacuna anticarbuncosa […].

¡Espero haber sido de ayuda a alguien! Os recomiendo la segunda edición del diccionario de F. Navarro, revisado y muy ampliado respecto a la primera, que yo manejo.

domingo, 27 de enero de 2008

distress fetal

Ayer vi el capítulo donde la doctora Stevens (Izzie) atiende a una embarazada de quintillizas. Después de monitorizar a la madre le comenta que la tendrán que intervenir porque los bebés no están bien: hay “distress fetal” (de toda la vida de Dios "sufrimiento fetal").
¿Por qué hay cada día más términos ingleses vertidos en las traducciones, en los textos médicos españoles o recogidos en los diccionarios de medicina, cuando nuestro idioma (cualquier idioma) está perfectamente capacitado para crear los términos correspondientes?

Una de las explicaciones que encuentro es que nadie se molesta en traducirlos convenientemente al español y, con el transcurrir del tiempo, el término inglés acaba instalándose cómodamente en la literatura médica. Y es que no puede negarse que hay cierta desidia hacia las tareas lingüísticas por parte de los profesionales de la medicina y cierto gusto por adornar el discurso con palabras en inglés, cosa que parece dotar al que escribe de un plus de estatus cultural. ¿Cómo se explica, si no, la aparición cada vez más frecuente del término rash en los artículos médicos, si toda la vida se ha llamado exantema o prurito? ¿Por qué hemos terminado llamado bypass a una derivación? ¿Por qué escribe un médico que el latido cardíaco de un paciente se acompaña de un thrill, cuando quiere decir frémito?

Está claro que en muchos casos se utiliza el término inglés para no recurrir a la paráfrasis española, cosa que puedo entender hasta cierto punto:

dumping por síndrome de evacuación gástrica rápida
shock por síndrome de insuficiencia cardiorespiratoria
show por descarga mucosanguinolenta preparto

Otro fenómeno muy común es no traducir las técnicas o instrumentos:

shunt por desviación, derivación o cortocircuito
stent por endoprótesis vascular
spud por aguja roma para extraer cuerpo extraños de la córnea del ojo

Los siguientes son ejemplos extraídos de la revista de medicina Jano:

"La ausencia de respiración (apnea) o la aparición de gasping son signos que indican la necesidad de intervención". (por jadeo)
"El drop-attack es una entidad rara". (por episodio de caída)
"La mortalidad hospitalaria de los pacientes que ingresan por una exacerbación es del 10% y los outcomes a medio plazo no son buenos". (por pronósticos)
"Los ratones desarrollan un cuadro clínico con manifestaciones autoinmunes generalizadas similares al LES (lupus eritematoso sistémico), denominado lupus-like". (por lupoide o lupiforme)
"El paciente presentaba pitting ungueal". (por piqueteado)

Hoy en día, la investigación de calidad tiene que escribirse en inglés, si se quiere dar a conocer fuera de las fronteras nacionales. De igual manera, cualquier médico que quiera documentarse sobre algún tema específico, tendrá que saber leer en inglés.

Navarro, quizás el mejor traductor médico de la actualidad, comenta en un artículo suyo publicado en Panace@:

"El genio de la lengua inglesa, se oye con cierta frecuencia, se presta de forma admirable para la expresión de la ciencia. Se admite de forma general, en efecto, que el inglés se ha convertido en el idioma internacional de la medicina gracias a sus características intrínsecas de sencillez y claridad, que lo hacen especialmente apto para la comunicación científica. (…) Idénticas pretensiones de superioridad se adujeron para justificar la preponderancia del español en el Renacimiento, la del francés durante la Ilustración, o la del alemán a finales del siglo XIX".

Aunque para muchos la influencia del inglés en el lenguaje médico se limite al préstamo abusivo de vocablos (cosa inexplicable, por otro lado, si tenemos en cuenta que en español existen y se han usado tradicionalmente otros términos para designar los mismos conceptos) lo cierto es que la presencia del inglés se deja notar también en el plano ortográfico y sintáctico.

Entre los anglicismos ortográficos tenemos (en ese mismo artículo):

Amfetamina (amphetamine)
Colorectal (colorectal )
Halucinación (hallucination)
Hematopoiesis (hematopoiesis)
Linfokina (linphokine)
Masage (massage)
Mobilidad (mobility)
Estaphylococo (staphylococcus)

La ausencia de tilde es cada vez más normal:

Diplopia
Catatonia
Osteitis
Proteina
glucogenolisis


La sustitución creciente de palabras usadas habitualmente en español, por otras notablemente anglicadas:

resucitación por reanimación
costoeficaz por rentable
severidad por gravedad
evidencia por datos o indicios
consistente por concluyente o sólido
trauma por traumatismo
vírico por viral
altamente por muy


En cuanto a la voz pasiva, la pasiva perifrástica está alcanzado niveles alarmantes de uso en los textos de medicina en nuestro país.

"Los enfermos fueron seleccionados por los investigadores".
cuando es mucho más natural decir

"Se seleccionó a los pacientes"
o
"Los investigadores seleccionaron a los pacientes"
Los médicos se atreven incluso con la perifrástica con agente inglesa, produciendo engendros tal que este:

"intentos han sido hechos por los científicos de desarrollar una vacuna…"
Otro tipo de construcciones anglicadas son la personalización de sujetos inanimados:

"Penicilina demostró una evolución progresiva entre los pacientes" por "se ha demostrado que la penicilina…"

"La monitorización se ha demostrado útil en todos los casos" por "se ha demostrado que la monitorización…"

También es normal la eliminación de los artículos:

“Escabiosis en lactante”
O la traducción literal del "with or without":

"crisis motoras de marcha con o sin generalización secundaria" por "risis motoras de marcha con generalización secundaria o sin ella"

Sin olvidar el uso incorrecto del gerundio, que Gustavo Mendiluce Cabrera (también en Panace@) ha bautizado irónicamente como “gerundio médico”. En un artículo dedicado al estudio de este fenómeno lingüístico, el autor afirma:

"Pero si tenemos que destacar un tipo de gerundio como distintivo y caracterizador de los artículos médicos ése es el gerundio copulativo o ilativo. No quiere decir que sea el gerundio exclusivo ni el más frecuente en los textos médicos, pero sí podemos decir que es en ellos donde brilla con luz propia. Y por eso nos atrevemos a llamarlo gerundio médico”.

Y pone el siguiente ejemplo, digno de enmarcar:

"La afectación diastólica en la acromegalia es muy frecuente, apareciendo prácticamente en la totalidad de los pacientes con enfermedad evolucionada, siendo probablemente secundaria a los cambios histológicos que se producen en el corazón de estos pacientes".
Parece que la mayoría de médicos creen que la conjunción copulativa es ordinaria o vulgar, así que atiborran sus artículos de gerundios, para que sean más altisonantes y ornamentales, sin darse cuenta que el efecto de una lectura donde cada cuatro líneas hay un gerundio es cargante, agramatical y angloide.

Gustavo Mendiluce concluye su artículo con la siguiente reflexión:

"¿Soluciones? Todo pasa, a nuestro modo de ver, por un cambio de mentalidad. A corto plazo, por un despertar de la conciencia lingüística de los médicos -¡ay, ese divorcio entre las ciencias y las letras españolas!- (…). A largo plazo, por una reetructuración de los planes de estudio universitarios, que deberían incluir cursos de redacción técnica y científica".

¡Tiene más razón que un santo!

Los dos artículos citados son
Mendiluce Cabrera, G. (2002): “El gerundio médico”, Panace@, 3 (7): 74-78 http://tremedica.org/panacea/IndiceGeneral/n7_Mendiluce.pdf
y
Navarro, F. (2001): "El inglés, idioma internacional de la medicina", Panace@, 2 (3): 25-51
http://tremedica.org/panacea/IndiceGeneral/n3_FANavarro.pdf

lunes, 21 de enero de 2008

¿Síndrome del intestino qué?

Que el doctor Sheperd pida "una TC" en vez de "un TAC" es una opción de la traductora. Que se hable de "glóbulos blancos y glóbulos rojos" (en vez de leucocitos y eritrocitos) me parece un pequeño fallo que ignora que la terminología utilizada en los hospitales no es la misma que se incluye en los libros de texto del colegio. Que la doctora Grey pida un "ultrasonido" (en vez de una ecografía) tendría sentido si ejerciera en un hospital de Miami, pero provocaría unos segundos de estupor en una enfermera española.
Todo tiene un pase. Ahora, que me expliquen lo del síndrome del intestino "gordo", que todavía me estoy reponiendo...