domingo, 31 de octubre de 2021

Som dones, som lingüistes, som moltes i diem prou


Que tengamos una Real Academia Española que fabrique reglas ortográficas, haciendo y deshaciendo sobre el uso de la tilde o del punto y coma cada equis tiempo (cosa absurda ya de por sí, pero que no es objeto de debate aquí), no quiere decir que también se pueda mangonear en la morfología. Simplemente no es factible, por más tinta que se gaste en guías y reglamentos. Y se constata el desconocimiento total de cómo funcionan las lenguas, de cómo evolucionan las estructuras lingüísticas, que muestran muchas de las mentes preclaras del lenguaje no discriminatorio, de los que mantienen que hay que forzar el cambio en la lengua para que este se produzca en la sociedad. Es la falacia de que todas las opiniones tienen la misma valía. Recientemente, un defensor de la muerte del género masculino inclusivo acabó la conversación afirmando que el inglés es una lengua fácil de aprender porque casi no tiene reglas… 
Por eso es tan importante el libro Som dones, som lingüistes, som moltes i diem prou (editado por M. Carme Junyent para Eumo Editorial) porque las autoras son todas mujeres (esto nos permite escuchar el punto de vista de usuarias supuestamente damnificadas por los usos lingüísticos discriminatorios) y además profesionales todas ellas del lenguaje, lo que nos brinda una serie de reflexiones desde una perspectiva de conocimiento única. 

Yo ya me posicioné en su día sobre este asunto (ver etiqueta género o sexo?). Siempre he pensado que el género gramatical y el machismo no tienen nada que ver. Siempre me ha olido a chamusquina que el supuesto cambio liberador del lenguaje venga de arriba (en forma de guías grotescas redactadas por decanos, ministros, presidentes de empresa, etc., para así enmascarar un poco sus prácticas diarias invisibilizadoras). Siempre he pensado que los consejos o normas para reconvertir nuestras “expresiones discriminatorias” son estrategias tan forzadas que es imposible que cale su uso espontáneo, como puedo comprobar en aquellos amigos, familiares o compañeros de trabajo que alguna vez han defendido con vehemencia el uso no sexista del lenguaje, y a quienes no he oído ni una sola vez en años desdoblar un solo sustantivo. 

Siempre he creído, sin embargo, que hay usos machistas del lenguaje, ante los cuales nadie parece escandalizarse: he tenido un jefe que se ha pavoneado siempre de que el 80% de la plantilla de la empresa eran mujeres, pero que se ha dirigido a mí y a mis compañeras sistemáticamente como “cariño” durante años. También he pasado por una situación incómoda cuando en unas prácticas de cirugía, no hace tanto tiempo, el cirujano me dijo “nena, sostén así el retractor”. Y pude vivir el mítico momento de tener que escoger “señora” o “señorita” en algún formulario. 

 

Así que, en resumen, me parece un libro espléndido y muy necesario, y no hace falta ser una carmejunyenista convencida para darse cuenta, desde la primera página, de que debería ser lectura obligatoria para muchos. 

 

 

jueves, 29 de julio de 2021

Jesús Tuson, como si fuera ayer

Recuerdo perfectamente el primer día que asistí a las clases de Jesús Tuson en la facultad de Filología de la UB: el aula abarrotada hasta las hileras del fondo, las de arriba del todo. Algún codazo para pillar asiento. Los estudiantes expectantes. Era el segundo año que intentaba matricularme sin éxito en su asignatura Historia de la escritura (la mala suerte hacía que el grupo se cerrase antes del día de mi matrícula), pero pude matricularme en Lingüística y poética, sin mucha idea, eso sí, de qué iría la asignatura. 

Mis dudas se disiparon en la primera clase. Aquel profesor canoso, delgado, entró de forma sigilosa y tardó un par de minutos (que me parecieron eternos) en sacar de una cartera marrón varios folios manuscritos, libros y otros documentos, y disponerlos de forma ordenada en la mesa. También sacó una bolsita y de ella una tiza en un porta-tizas de plástico. Por último, puso un pañuelo de tela, bien doblado, sobre la mesa.


Nos saludó, nos dio la bienvenida y nos advirtió de que pese al nombre de la asignatura, él solo nos iba a hablar de una cosa: de la metáfora. Su actitud seria y la forma con que se cargó, literalmente, el temario de la asignatura causó un murmullo generalizado en el aula.

Pero así fue. Aunque parezca imposible, nos habló de la metáfora un día y otro día y el día siguiente y el resto de días, tal como nos aseguró. Nos dijo que solo nos recomendaría un libro y que ese libro nos cambiaría la vida, y que tras esa lectura nunca más veríamos el lenguaje con los mismos ojos. Se trataba de Metaphors we live by, de Lakoff y Johnson.


Jesús Tuson escribía de forma prolífica en la pizarra con una escritura elegante. Llenaba el encerado de anotaciones y siempre se limpiaba las manos del polvo de la tiza, de forma minuciosa, sin prisa, con el trapito que disponía después otra vez bien doblado sobre la mesa. Era un profesor afable, pero serio, y en su cara leías que desaprobaba las preguntas vagas, mal formuladas o sin conexión con el asunto del día, pese a lo cual siempre contestaba cualquier duda. Diría que no le gustaba que cortasen el hilo de su pensamiento. 


Durante las clases reinaba un silencio increíble, aunque siempre estaban llenas hasta los topes, con numerosos estudiantes que acudían de “oyentes”. Hasta entonces solo había visto semejante aluvión de estudiantes oyentes en las clases de Rafael Argullol (Historia de las ideas estéticas) y en la famosa asignatura Semiótica, de Sebastià Serrano. 


Escucharlo era una pasada.


El día del examen nos entregó un par de hojas en blanco, nos dictó una sola pregunta y nos dijo que fuéramos a hacer el examen a la biblioteca, al bar o al jardín, que hacía mucho calor, y que a tal hora le dejásemos la respuesta sobre la mesa.


Intenté obtener más dosis de Tuson el año siguiente y el otro, pero nunca pude matricularme en Historia de la escritura. Aún así me quedan sus libros…, y en algún pendrive perdido por casa, mis apuntes sobre la metáfora.


Ver también la entrada Metáfora y pensamiento.

Tipología

El 18 de octubre de 2007 hacía una entrada titulada Licenciatura de Lingüística, en la que comentaba una serie de asignaturas que podrían ser añadidas al currículo académico en esta especialidad. Entre ellas se encontraba Tipología. Constato que actualmente es una de las asignaturas del grado de Lingüística, aunque desconozco cuántos años hace que se introdujo en el itinerario formativo. 
En cualquier caso, a mi criterio es la asignatura por excelencia de la Lingüística: todo buen lingüista debe ser un buen tipólogo, en el sentido de que debe conocer qué aspectos varían de forma sistemática en las lenguas del mundo y qué otros constituyen core properties, es decir, tendencias universales comunes a todas las lenguas conocidas. Solo así podrá empezar a teorizar sobre el origen de esos patrones de unidad y de diversidad: ¿representan constricciones de tipo biológico impuestas por nuestro aparato cognitivo?, ¿se deben, por el contrario, a limitaciones procesuales dependientes de la propia estructura lingüística?, ¿o reflejan, más bien, preferencias de carácter funcional o pragmático explicables en el contexto comunicativo?

La tipología, además, es la más científica de las subespecialidades de la Lingüística, ya que basa su metodología en la recopilación de datos. Y es la más completa y transversal, ya que bebe de la psicolingüística, de la antropología lingüística, de la lingüística histórica, de la neurolingüística, así como de las múltiples disciplinas formales (semántica, sintaxis, morfología, fonética y fonología). 

La Tipología no es una teoría, sino un punto de partida a partir del cual intentar dilucidar la relación entre el inventario existente de estructuras lingüísticas y el lenguaje. 

Me alegro de que la hayan añadido al grado. Seguro que los estudiantes la disfrutarán muchísimo. 



Leer también otras entradas con la etiqueta Tipología.

viernes, 9 de abril de 2021

El origen del lenguaje articulado (TFG, Grado de Medicina, 2018)

La cavidad supraglótica y la lengua del ser humano difieren de las del resto de especies primates en aspectos sustanciales. Puede decirse que las cavidades bucal y faríngea de nuestra especie asemejan un sistema de dos tubos de igual longitud dispuestos en serie y acoplados formando un ángulo de 90oLas principales modificaciones funcionales en este sistema se producen a partir de los movimientos de la lengua, cuyo tercio posterior puede alcanzar la faringe, deprimirse o elevarse, así como moverse hacia medial y lateral. De la misma manera, las distintas posiciones de la laringe en el plano vertical nos permiten modificar el tamaño del tracto vocal supralaríngeo (TVSL), reforzando con ello determinadas frecuencias formantes y eliminando otras. Por el contrario, los simios apenas poseen espacio faríngeo, su cuerpo lingual es largo y plano y está contenido por completo en la cavidad bucal. Además, su laringe se sitúa lo suficientemente alta como para poder contactar con el paladar blando y sellar herméticamente el paso del aire, lo que les permite deglutir y respirar al mismo tiempo. Esta misma configuración está presente en los lactantes humanos, que pueden mamar y respirar a la vez. Sin embargo, en los seres humanos adultos la laringe está baja y alejada de la nasofaringe, lo que resulta en un riesgo evidente de que los alimentos puedan alcanzar la glotis por error y causar la muerte por asfixia. 


 

Comparación de la anatomía del tracto aerodigestivo superior en el orangután (a), chimpancé (b) y hombre adulto, donde destaca la posición baja de la laringe respecto a la nasofaringe en el ser humano y la lengua larga, plana y totalmente contenida en la cavidad bucal de los primates. Fitch WT. The evolution of speech: A comparative review. Trends in Cognitive Science. 2000;4(7):258-267.

 

    Desde un punto de vista evolutivo, parece claro que el diseño de la cavidad supraglótica humana representa un compromiso excepcional dentro del mundo animal entre las exigencias de la alimentación y la producción del lenguaje. 

 

¿Por qué los actuales simios, nuestros parientes más cercanos, carecen de cualquier rudimento de lenguaje articulado?, ¿es la especial geometría de las cavidades bucal y laríngea humanas una adaptación para el lenguaje?, ¿por qué ha sido seleccionada la capacidad articulatoria pese a suponer un claro riesgo vital? El esclarecimiento de todas estas cuestiones es una tarea compleja que implica la correcta reconstrucción de modelos a partir de escasas evidencias fósiles, así como conocimientos profundos de anatomía comparativa, por lo que distintos especialistas han llegado a conclusiones dispares. 

     En su artículo On the speech of Neanderthal man (1971), el lingüista Philip Lieberman y el anatomista Edmund S. Crelin se dispusieron a determinar la capacidad articulatoria del hombre de Neanderthal con el objetivo de localizar evolutivamente el inicio del lenguaje hablado. Con su investigación sentaron las bases de lo que posteriormente se conoció como teoría del descenso de la laringe, ampliamente discutida pero reconocida en la actualidad como una de las hipótesis más robustas sobre la capacidad vocal de los homínidos modernos.

     En ese trabajo, ambos autores estudiaron la anatomía de un número de cráneos y de cabezas de recién nacidos, personas adultas y chimpancés, y compararon una serie de medidas y estructuras con las del cráneo del Homo neanderthalensis encontrado en La Chapelle-aux-Saints, Francia. Descubierto en 1908, lo relevante de este espécimen es que es el único cuyo esqueleto se ha preservado casi por completo (la datación vigente estima que vivió hace 56.000 a 47.000 años). 

     Asimismo, realizaron moldes de escayola de los tractos aerodigestivos superiores de todas las piezas. Para obtener el molde del homínido hubo primero que reconstruir sus cavidades nasal, bucal, faríngea y laríngea. Debido a las muchas similitudes encontradas entre las bases del cráneo y los maxilares del recién nacido y del hombre de La Chapelle y aplicando los amplios conocimientos de Edmund Crelin sobre la anatomía del hombre y del simio, fue posible reconstruir el TVSL neandertal con un grado elevado de confianza.

      Lieberman y Crelin hallaron que: (1) recién nacidos, chimpancés y hombre de Neanderthal tienen la lengua totalmente contenida en la cavidad bucal, mientras que en el hombre adulto su tercio posterior contribuye a formar la pared anterior de la cavidad faríngea; (2) en recién nacidos, chimpancés y hombre de Neanderthal, la posición elevada de la laringe permite que paladar blando y epiglotis se aproximen entre sí, no quedando apenas ninguna porción de faringe formando vía aérea, mientras que en el hombre adulto casi la mitad del tracto vocal supralaríngeo está formado por la cavidad faríngea. Como se ha comentado ya, esa porción de faringe en el hombre adulto sirve de vía para la deglución y para el paso de aire, mientras que en chimpancé, recién nacido y hombre de Neanderthal la porción de faringe localizada posteriormente a la cavidad oral está reservada para la deglución.



Cráneos de recién nacido (A), Homo neanderthalensis(B) y hombre adulto (C). En B se aprecia la reconstrucción de laringe, músculo geniohioideo (G), hueso hioides (H), ligamento estilohioideo (S), membrana tirohioidea (M), cartílago tiroides (T) y cartílago cricoides (CC). La intersección del ligamento estilohioideo y músculo geniohioideo con el hueso hioides ocurre en una posición mucho más elevada en recién nacido y espécimen de Neanderthal que en el hombre adulto. Lieberman P, Crelin ES. On the speech of Neanderthal man. Linguistic Inquiry. 1971; 2(2):203-222.

 

 

    El siguiente paso fue averiguar las limitaciones que el TVSL del hombre de Neanderthal imponía al inventario fonético humano. El argumento es como sigue: si conocemos la distancia entre glotis y labios y calculamos las áreas transversales de las distintas cavidades, podremos obtener mediante un modelo informático de análisis acústico la posible configuración articulatoria de ese homínido. Los resultados que obtuvieron dejaban claro que el tracto vocal del hombre de La Chapelle formaba un sistema de resonancia de tubo único que no podía modificarse para emitir los formantes de las vocales universales [i], [a] y [u]. En cuanto a las consonantes, parece que solo podría articular labiales y dentales como [b] o [p]. El hombre de Neanderthal, concluyen los autores, carecía de los prerrequisitos anatómicos para producir el amplio rango de sonidos que caracterizan el habla humana.

      Podría afirmarse que aquí sí, la ontogenia recapitula la filogenia, en el sentido de que a los 3 meses de edad la laringe empieza a descender en el ser humano hasta alcanzar su posición final a los 4 años. De la misma forma, en algún momento de la evolución de nuestra especie, el descenso de la laringe nos permitió adquirir un sistema articulatorio de dos tubos, cuyas áreas funcionales podemos modificar gracias a poseer un articulador que puede moverse ampliamente en los planos vertical y horizontal. La emergente capacidad para el lenguaje hablado es coherente con las muestras de utillaje tecnológicamente avanzado y con los refinados objetos decorativos hallados en las excavaciones europeas, lo que reafirma, según Lieberman, que los humanos modernos poseían un mayor nivel cultural y manejaban mejor los símbolos abstractos que los homínidos anteriores.

     Las conclusiones de Lieberman concuerdan con los resultados de varios estudios publicados por esa época por el anatomista de la Universidad de Nueva York Jeffrey Laitman y sus colaboradores. Este equipo estudió una serie de nueve cráneos de homínidos del Plio-Pleistoceno en los que reconstruyeron el TVSL a partir de un minucioso examen craniométrico. 

      Para llevar a cabo su estudio, trazaron una línea sagital en la base craneal de las piezas fósiles, desde los incisivos (prostión) hasta el borde anterior del foramen magno (endobasión), pasando por otros tres puntos intermedios (estafilión, hormión y esfenobasión) y midieron las distancias e inclinación entre esos hitos anatómicos. 


 


Puntos craniométricos de la línea sagital del basicráneo de un individuo de la especie Pan troglodytes. (A) prostión, (B) estafilión, (C) hormión, (D) esfenobasión, (E) endobasión. Comparación con las líneas de otras especies homínidas y de humano moderno. Boyd R, Silk JB. Cómo evolucionaron los humanos. Barcelona: Ariel; 2004.


     Se obtuvieron así varias líneas basocraneales que se compararon con las obtenidas previamente de otros primates de las especies PanPongoGorillaHylobates Macaca. Encontraron que el arqueamiento del basicráneo, desde el paladar duro hasta el foramen magno, guarda una relación directa con la localización de laringe y faringe. En concreto, observaron que, al igual que en los actuales primates y en el recién nacido, una base de cráneo aplanada (platibasia) corresponde con la posición elevada en el cuello de las citadas estructuras del TVSL, de forma que la lengua descansa por completo en el interior de la cavidad bucal y tanto la epiglotis como la laringe se sitúan intracranealmente. La elevada posición de la laringe en esos especímenes reduce la porción supralaríngea de la faringe y por tanto el área disponible para las maniobras de los articuladores, impidiendo la producción de los tres sonidos más distintivos del lenguaje humano, [i], [a] y [u]. Dicho de otro modo, el rango de vocalizaciones de estos homínidos del Plio-Pleistoceno no podría ser, comparativamente, mucho más amplio que el que exhiben los actuales simios. Laitman argumenta que solamente los humanos anatómicamente modernos poseen una base de cráneo lo suficientemente arqueada para dejar espacio al elongado TVSL que poseemos en la actualidad. Como se verá más adelante, el momento en que esta especial conformación anatómica surgió en nuestra historia será objeto de debate.

      En 1982, Lieberman y Laitman aúnan ambas hipótesis y publican conjuntamente un artículo en la revista Journal of Human Evolution,en que defienden que es muy probable que una serie de cambios únicos en la especie Homo, como son el arqueamiento de la base del cráneo, el descenso de la laringe y la concomitante expansión y redefinición de la cavidad laríngea, alteraron la anatomía de su TVSL para permitir una amplia variedad de vocalizaciones a expensas de la función deglutoria. La capacidad lingüística coincidiría en el tiempo con el brusco cambio en el registro arqueológico que se produjo hace alrededor de 40.000-60.000 años, lo que contextualiza adecuadamente la hipótesis de la emergencia del habla a la luz de la evolución cognitiva y simbólica de nuestra especie.

 

En 1983, un equipo conjunto de antropólogos israelíes y franceses desenterraban en los depósitos Musterianos de la cueva de Kebara (monte Carmelo, Israel) los restos óseos casi completos de un joven neandertal que vivió hace unos 60.000 años, al que denominaron Kebara 2. Este esqueleto se distinguía de todos los hallados hasta la fecha en un detalle precioso: un hueso hioides totalmente preservado. 

      Este pequeño hueso con forma de U se localiza distal al cuerpo mandibular, justo por debajo de la raíz lingual, aproximadamente a la altura de C3-C4. En cuanto a sus relaciones anatómicas, el hioides se une a la apófisis estiloides del temporal mediante el músculo estilohioideo, al suelo de la cavidad bucal por la musculatura suprahioidea (en especial geniohioideo y milohioideo) y al cartílago tiroides mediante la membrana tirohioidea. El hioides forma la base ósea de la lengua y desempeña un papel importante en su movilidad; asimismo, eleva la laringe y permite la deglución. Su importancia, no obstante, radica en que es un indicador fiable de la posición anatómica del TVSL, debido a que epiglotis y cuerdas vocales se sitúan en línea por detrás de él. Desde un punto de vista embriológico, la mitad inferior del cuerpo y las astas mayores tienen su origen en el tercer arco branquial y la mitad superior del cuerpo y las astas menores proceden del segundo arco branquial.

      Tras estudiar el hioides de Kebara 2, el anatomista de la Universidad de Tel-Aviv Baruch Arensburg y su equipo lograron publicar una escueta carta al director en la revista Nature, que, pese a su brevedad, logró levantar un enorme revuelo en la comunidad científica. La razón es que ponía en duda el dogma del descenso de la laringe en el origen del habla. Lieberman y Laitman estaban equivocados: el TVSL de los neandertales podría ser indistinguible del de los humanos modernos.

      Los argumentos de Arensburg y colaboradores son relativamente simples. Los rasgos métricos del hioides de Kebara 2 son idénticos a los del hioides de un humano adulto y sin embargo el resto de huesos del esqueleto muestra marcadas diferencias morfológicas con los huesos modernos. En especial, la mandíbula posee unas dimensiones (amplitudes bicondilar, bigonial, bimental y longitud máxima del cuerpo mandibular) que exceden en 3 desviaciones estándar las de las mandíbulas de la especie Homo. Esta robustez contrasta con el tamaño del hioides, que parece haber permanecido estable al menos durante los últimos 60.000 años. Quizás, discuten los autores, los elementos óseos derivados de los arcos branquiales embrionarios muestran cambios evolutivos más lentos que aquellos que provienen del mesodermo; siguiendo esta misma línea argumental sugieren que la laringe, situada justo por debajo de esta estructura, tampoco ha sufrido modificaciones sustanciales. Además, añaden los autores, la estabilidad morfológica del hioides se observa en otros huesos viscerales endocondrales, como en los osículos del oído medio hallados junto a restos de neandertales contemporáneos del joven de Kebara, que pueden ser catalogados como anatómicamente modernos.

      En sendos artículos publicados en 1990 y 1991, Arensburg y colaboradores amplían sus argumentos, poniendo en duda la relevancia del arqueamiento del basicráneo y la supuesta localización de la laringe neandertal. Según Arensburg, la distancia entre la base craneal y la laringe puede ser estimada si conocemos la altura mandibular, la forma de la columna cervical y el tamaño del propio hioides. La porción cervical de Kebara 2 es muy similar en su forma y proporciones a la nuestra, lo que implica necesariamente una relación también parecida entre mandíbula e hioides, concluyéndose entonces que el espacio laríngeo del joven de Kebara era tan amplio como lo es el del hombre moderno.

 

La teoría del descenso de la laringe y su implicación en la capacidad articulatoria del hombre de Neanderthal ha sido ampliamente debatida (Falk 1975, Le May 1975, Gibson 1994, Fitch 2001, Boë 2002), pero escapa a las pretensiones de esta entrada dar cuenta de cada una de las publicaciones críticas con distintos aspectos del artículo seminal de Lieberman y Crelin. Baste remarcar que la mayoría se ha centrado en cuestiones metodológicas, poniendo de relieve probables inexactitudes en el cálculo de las dimensiones craneales y supuestos fallos en la reconstrucción del tracto aerodigestivo superior del hombre de la Chapelle. Pero cabe mencionar que, a partir de los años 90, vieron la luz otros trabajos que refuerzan la hipótesis de que los requerimientos anatómicos al servicio del habla pudieron existir antes de la aparición de Homo sapiens

      Una aportación muy interesante en este sentido es la de los antropólogos Kay, Cartmill y Balow (1998) quienes, en un estudio comparativo, observaron que el canal por donde discurre el nervio hipogloso para inervar la lengua es relativamente mucho más ancho en los seres humanos que en los grandes simios, probablemente debido al papel crucial de este órgano en la producción de los sonidos lingüísticos. Los hallazgos fósiles analizados demostraron que el tamaño del canal hipogloso en los primeros australopitecinos y en Homo habilis es similar al de los modernos simios, mientras que el de los dos individuos neandertales estudiados (La Chapelle-aux-Saints y La Ferrassie 1), sería indistinguible del nuestro. 

      En otro estudio de corte comparativo, los anatomistas McLarnon y Hewitt (1999) analizaron las medidas de las vértebras de varios especímenes de simio, homínidos extintos y humanos modernos. Su hipótesis era que, una vez descartadas otras posibles explicaciones, el ensanchamiento del canal vertebral torácico podría ser una adaptación para el habla. Estos autores argumentan que, al hablar, los requerimientos en términos de control neural sobre el diafragma y los músculos de la caja torácica se incrementan: el habla obliga a un patrón ventilatorio más complejo que en la respiración rítmica basal, puesto que las inspiraciones son más cortas y rápidas y se siguen de una espiración más lenta que permite la vocalización. El habla es, en definitiva, una tarea motora compleja para la cual, como especie, hemos necesitado aumentar la inervación de la región torácica. 

      Los resultados de su análisis demuestran que el canal vertebral torácico de los primeros homínidos (A. afarensis, A. africanusH. ergaster) posee unas dimensiones similares a las de los actuales simios y sustancialmente menores que las de los especímenes neandertales y de Homo sapiens examinados.

     Ambos estudios, por tanto, sugieren que algunas adaptaciones anatómicas para el habla podrían haberse originado en un ancestro común a Homo sapiens Homo neanderthalensis y amplían así el tiempo de posible evolución del habla a 400.000 años.

 

En 1963 el premio Nobel Niko Tinbergen publicó On the aims and methods of Ethology, un artículo que revolucionó la psicología evolucionista. Según Tinbergen, las cuatro preguntas que debemos hacernos para entender una determinada conducta animal son: (i) ¿Qué mecanismos neurales, fisiológicos, anatómicos, están en el origen de la expresión de esa conducta?, (ii) ¿cómo emerge ésta durante el desarrollo embrionario y postnatal del individuo?, (iii) ¿de qué modo proporciona una ventaja adaptativa y por tanto contribuye al éxito reproductivo del individuo? y (iv) ¿cómo apareció la conducta en la especie? La primera pregunta es la que, con mayor o menor fortuna, han intentado dilucidar los distintos investigadores mencionados hasta estas líneas. Como hemos visto, según unos autores, la ampliación del espectro articulatorio y la consiguiente expansión fonética son el único fenómeno que da cuenta de la reorganización del tracto aerodigestivo superior de los homínidos más modernos. En cuanto al resto de preguntas de Tinbergen, el descenso de la laringe desde la etapa de formación embrionaria hasta su posición final en la primera infancia es un fenómeno ya estudiado. Filogenéticamente, las ventajas selectivas que pudieron favorecer ese fenómeno son evidentes. También el contexto histórico en que seguramente se produjo, etapa conocida en el ámbito de la arqueología como de la “revolución cognitiva”, parece indicar que el habla y, por ende, el lenguaje, coevolucionaron con el resto de capacidades intelectuales en Homo

     Sin embargo, como parecen sugerir las investigaciones más recientes, el descenso de la laringe probablemente no fue la única preadaptación anatómica necesaria para la aparición del habla, sino que seguramente fueron un conjunto de modificaciones físicas y neurológicas las que dotaron a los individuos de la especie Homo de habilidades conductuales, entre ellas un sistema de comunicación complejo, que supusieron una ventaja adaptativa respecto al resto de homínidos. 

 

sábado, 3 de abril de 2021

De tal palo tal astilla

Language is identity. It is culture and belonging. It is who we identify as and who we relate to. It represents a hand to others. It means tolerance and diversity. Each language embodies a unique set of ideas, beliefs and traditions that is transmitted from one generation to the next. Languages are unrepeatable, and when one language is lost, all the knowledge that it came with disappears as well, therefore making humanity lose a particular understanding of the world we live in. Indigenous cultures hold the largest linguistic diversity around the world, but sadly also the one that is disappearing the fastest. In their languages we not only find a communication tool, but also, and most importantly, a whole body of knowledge about their speakers´ social system, their laws, and their relation to land and to other living creatures.

 

Así es como empieza el trabajo de fin de grado que mi hija Sofía lleva meses preparando para graduarse en Global Studies por la Universidad Pompeu Fabra. Lleva por título The UN’s Sustainable Development Goal 10 in Australia: Linguistic inclusion of endangered languages from Aboriginal and Torres Strait Islander peoples.

¡Más orgullosa no puedo estar!

viernes, 19 de diciembre de 2014

Jesús Tuson en Twitter

Me acaban de avisar de que Jesús Tuson, uno de los más grandes lingüistas de nuestro país, ha abierto cuenta en Twitter. Si eres yonqui de Tuson y ya te has leído y releído sus libros, es una súper noticia. Yo no solo tuve el lujo de disfrutarlo como profesor en la UB sino que además guardo como un tesoro una primera edición de El luxe del llenguatge, un libro hermoso que me hicieron leer en BUP.
Una gran iniciativa de este gran profesor (¡retirado antes de tiempo!). 
Yo no me lo pierdo.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Expresiones útiles para una presentación en inglés

Opening lines

Do not forget to include:
-greetings
-name and position
-topic
-compliments

Say how long you´ll take

This presentation will only take 30 minutes of your time.

I´ll try and be brief, it will take one hour, but there´ll be a 5-minute break in the middle.

Tell the audience when you´ll take questions

This topic may bring up a number of questions or comments, and I´ll be happy to address as many as I can at the end of the presentation.
Please save any questions for the end of the talk.

If you have any questions, feel free to interrupt.
Please feel free to ask questions as we go along.

Give an outline

Ok let´s get started. There are three main parts to my presentation/My presentation will be in three parts: To begin with/Firstly I shall introduce...
Following that/secondly, I shall analyse/examine…
And finally, I will look at/concentrate on/give you some facts and figures about…

Use transition expressions

Now let´s move onto the next part of this presentation, where I´ll be talking about…
This leads me to my next point, where I´m going to analyse…
Now I´d like to look at…
Let´s now turn to the question of…

Bring attention to your visuals

I´d like you to look at this now…
This graph here clearly shows…
As you can see from this chart,…

Conclusion

And that brings me to the end of my presentation. I think we´ve pretty much covered it.
Let me give you a brief summary of what I´ve been talking about over the last half hour.

Let´s recap the main points now.
In brief,…
To summarize…
I´d like to wrap it up by saying…

Q&A section

Thanks for listening. Are there any questions?

Thanks for the question.
Great question.

Does that answer your question?

Handling questions you can´t answer

Thanks for the question. To be honest, I don´t think I have an answer for you but…
…let me get back to you with an answer by tomorrow. Is that alright?
…why don´t you leave me your contact info and I´ll have an answer for you as son as I can.

That´s  a good question, Unfortunately, I don´t have any figures on that, so I can´t give you an accurate answer now.

That sounds interesting, tell me more/go on.
Would you care to elaborate?

Ending the presentation

Any other questions? Well, I think that´s about it. I want to thank you again for allowing me to speak to you today. If you happen to have further questions, please feel free to text me/contact me by email.

viernes, 11 de julio de 2014

The Language Tree

Out of the language tree
The leaves float down.
Whirling, they criss and cross,
Writing new patterns on the ground,
Slowly coding this year´s messages.

Below, the wadded strata
From last years
Distil and mature old meanings.

And down and among the roots,
Half-forgotten, skeletal memories
Mutted by the loam,
Stir in their sleep,
Mutter and moan.

And way above, twig ends,
Bud withing bud, dream
Of meanings for next year,
And the next, and the next.

Every year the same tree,
Roughly the same shape and size.
And every year a subtle
Change of size and shape;
A small surprise
A limited escape.


Alan Maley

viernes, 12 de julio de 2013

Síntoma y semántica


El verano es la época ideal para leer lo que a uno le venga en gana. Después del atracón de bibliografías varías que le obligan a uno a darse durante el curso, lo que apetece llegado agosto es, prácticamente, leer cómics… 
A mí, me mola releer. Es una forma económica de pasar el rato: vas a tiro hecho porque escoges aquellos libros que sabes que te han gustado especialmente, y vuelves a disfrutarlos. 
A todo esto, yo no quería hablar de lecturas. O sólo en parte. Es que estoy releyendo alguna que otra cosa de Lingüística y el libro por el que he empezado este verano es Introducing Semantics, de Riemer.
En su primer capítulo Riemer introduce, como es de rigor, algunas cuestiones en apariencia básicas sobre el “significado” lingüístico. ¿Podemos definir el significado?, ¿existen diferentes niveles de significación?, ¿es el significado individual, grupal, cultural?, ¿qué conexión hay entre el significado y el contexto?, ¿cómo interacciona el significado léxico, de las palabras, con las reglas y principios sintácticos? Y después de apabullarte con todas esas preguntas te dice… que lo siente, que no hay consenso entre los especialistas sobre ninguna de las respuestas… En realidad, cualquier introducción a la Lingüística, si se escribe de buena fe, debería alertar a los lectores de que en esta disciplina, como ya dijo en su día Langacker, no hay consenso ni siquiera sobre el más nimio de los fenómenos del lenguaje.
Pero bueno, en eso estoy cuando leo que en la antigua Grecia, sēmeion era el término usado para denotar aquel signo o síntoma propio de cada enfermedad o estado patológico, y que de ahí derivó más tarde semantikos, o "relativo al significado". Por eso hoy en día la semiología o semeiología es la ciencia de los signos, que pueden ser médicos o lingüísticos.
Esto me encendió una lucecita, así que fui a consultar si Navarro refiere algo al respecto en un curioso libro suyo titulado Parentescos insólitos del lenguaje (2002).
En cada capítulo, Navarro te explica la fuente común de pares de palabras como trufa y tuberculosis, síndrome y dromedario, bacilo e imbécil, dendrita y rododendro, esfínter y esfinge, pene y penicilina, vagina y vainilla, tifus y estufa…,  un montón de palabras emparentadas de forma, a veces, caprichosa e impredecible.
Lástima, pero no encontré referencia alguna a síntoma y semántica.
Pero me reí un rato.

viernes, 5 de julio de 2013

No soy un proveedor


Hace unos meses leí un editorial que me llamó mucho la atención. Se trata de la revista The Journal of Family Practice y lo firmaba el doctor John Hickner. El editorial en cuestión se titula “Don´t call me a provider” y es una especie de alegato contra el uso masivo del término “proveedor de salud” en el ámbito sanitario, en detrimento del clásico “doctor”.
El doctor Hickner se muestra indignado: no ha pasado largos años de carrera universitaria quemándose las pestañas, más otros tantos años de residencia, arduo aprendizaje práctico y miles de horas de deprivación del sueño para convertirse en un “proveedor”.
No creo que sea la desposesión del título lo que molesta al doctor Hickner, sinceramente. Creo que la medicina, sea quien sea quien la practica, es una ciencia y un arte, además de, en esencia, un acto humanitario que bien poco tiene que ver con las diversas actividades relacionadas con la provisión de bienes o artículos.
Pensándolo un poco, yo misma he relacionado siempre el vocablo “proveedor” con un fabricante o industrial que abastece de materiales a minoristas. El fabricante provee lo que el minorista luego vende.
Y sí, hablar de centros “proveedores de salud” siempre me ha resultado extraño atendiendo al contexto semántico del abastecer de algo a alguien: si ese alguien es la población, ese algo es ¿la salud?  En realidad, la salud es algo que poseemos, nadie puede entregárnosla como una mercancía o un bien más, sino solo intentar que la conservemos o actuar para restablecerla. Por tanto, los centros sanitarios, y algunas de las personas que trabajan en ellos, en realidad prestan un servicio encaminado al restablecimiento de la salud o la prevención de la enfermedad entre la población. Como llamarlos “prestadores de servicios encaminados a la conservación o el restablecimiento de la salud” es un engorro, pues se echa mano del inglés y así, por la vía fácil, centros, instituciones, ministerios y personas quedan englobadas convenientemente en un solo término: “proveedores de salud”.
No sé, a mi lo de “proveedor de salud” me huele a consumo, a compra-venta, a transacción, a mercancía… Es un tufillo… Algo que no me cuadra en absoluto con la labor de médicos, enfermeros y demás sanitarios.
Creo que Hickner tiene más razón que un santo cuando al final de su artículo sentencia: “let´s use the word that reflects who we are: doctors”.


Hickner J “Don´t call me a provider” The Journal of Family Practice. Febrero 2013 vol 62, n 2.