Mostrando entradas con la etiqueta book review. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta book review. Mostrar todas las entradas

domingo, 4 de noviembre de 2007

Metáfora y pensamiento


La semántica cognitiva viene a aportar al estudio de la metáfora un punto de vista mucho más abarcador, en la medida que se desliga del enfoque microlingüístico de la semántica clásica estructuralista (el de los semas y el análisis componencial) para plantear la metáfora como fenómeno mental íntimamente ligado a la manera en que conceptualizamos y categorizamos el mundo. Cabe recalcar, sin embargo, que este nuevo punto de vista no invalida los hallazgos del enfoque tradicional (las metáforas de invención que abundan en la literatura o el lenguaje publicitario se entienden básicamente como un juego semántico de neutralizaciones de semas con valor expresivo o de ornatus).
Específicamente, la diferencia de enfoques entre la semántica tradicional y la cognitiva estriba en que para los primeros A es B por lo que respecta a “y” (donde A y B son piezas léxicas concretas), para lo que empleamos los mecanismos de desestimación y actualización de determinados rasgos semánticos basándonos en la similitud o analogía de A y B, pero siempre en virtud de “y”, esto es, de forma selectiva. Para los semantistas cognitivos, sin embargo, A representa todo un dominio conceptual que se comprende en términos de B, otro dominio conceptual, siendo A un dominio típicamente abstracto y B uno físico, concreto y conocido. Esta comprensión se establece por medio de unas correspondencias (mappings) entre los diversos elementos de A con los de B.

Un típico ejemplo es:
EL AMOR (A) es UN VIAJE (B)
ya que los amantes son los viajeros
la relación amorosa es el trayecto
y el objetivo es el destino

El carácter rompedor del modelo de Lakoff y Johnson radica, a mi juicio, en dos puntos principales:

1 El potencial metafórico de la cognición humana: al afirmar, como ya hemos dicho, que la mayor parte de nuestro sistema conceptual ordinario es de naturaleza metafórica, esto es, que los procesos del pensamiento humano son metafóricos en gran medida y de él se derivan, a posteriori, las metáforas lingüísticas concretas: “Conceptual metaphor is a natural part of human thought, and linguistic metaphor is a natural part of human language” (L&J 2003, p. 247).

2 La base experiencial de las metáforas conceptuales: éstas emanan de la experiencia del ser humano con su propio cuerpo y de la relación que se establece entre éste y el mundo. En este sentido, las correspondencias entre dominios conceptuales se desarrollan ya de forma temprana, fruto de nuestras vivencias diarias (por ello asociamos, por ejemplo, campos como AFECTO y CALOR a partir de los abrazos y caricias que nuestros seres queridos nos prodigan desde niños). Lakoff y Johnson se atreven incluso a postular una posible base neuronal de nuestro pensamiento metafórico, de forma que en el cerebro del niño que es abrazado por su madre se activarían al unísono la zona neuronal de las emociones y la de la temperatura, creándose una conexión entre ambas.

Para estos autores, las expresiones metafóricas concretas como Mi matrimonio llegó a un punto muerto, constituyen casos individuales, específicos, de una metáfora conceptual. Ya hemos comentado que las correspondencias que establecemos entre los dominios se basan en la experiencia, pudiendo éstas ser de dos tipos: de simultaneidad experiencial (afecto es calor o más es arriba) o de semejanza experiencial (el amor es un viaje).

A este respecto cabe matizar que ya hubo varios autores que desde la escuela preestructuralista plantearon cuestiones que más tarde retomarían los cognitivistas. Weinrich, por citar uno, propuso a principios de siglo que una metáfora aislada se ha de considerar forzosamente en relación al resto de metáforas que integran su mismo campo de imágenes (vemos aquí el equivalente a las metáforas conceptuales de Lakoff y Johnson). Weinrich ya mencionó como ejemplos de campos de imágenes el teatro del mundo, la guerra del amor y el viaje de la vida. También adelantó que existen campos donantes de imágenes y campos receptores de imágenes y que la comprensión metafórica emana, precisamente, del enfoque simultáneo que el individuo hace de ambos campos. Por último, Weinrich sostenía, al igual que Lakoff y Johnson, que los campos de imágenes metafóricos son culturales y que conforman esquemas mentales de carácter hipotético. (Llamas Saíz 2005, pp.70-72)

En la edición de 2003, Lakoff y Johnson comentan que su teoría ha roto con lo que denominan “persistent fallacies of the Western thought”, que se derivan, principalmente, de considerar de forma errónea la metáfora con una cuestión meramente lingüística, superflua por lo que respecta a sus fines de embellecimiento del discurso, y fruto de un esfuerzo creativo individual y consciente. A partir de sus trabajos, estos y otros autores que han seguido su estela como Tarner, Gibbs o Kövecses, han puesto de evidencia de forma rotunda
que la metáfora es una parte específica de nuestra capacidad cognitiva y por tanto han resaltado su ubicuidad en el lenguaje ordinario.

El enfoque cognitivo destapa, por así decirlo, los condicionamientos psicológicos y sociales que se encuentran en la raíz misma de las expresiones metafóricas: la metáfora es una representación mental de la realidad íntimamente ligada a otras capacidades cognitivas del hombre en tanto que especie, como la analógica y la simbólica. Esta forma de conceptualizar el mundo se nutre, precisamente, de nuestras propias experiencias con los otros y con las cosas, de forma que no es descabellado hipotetizar la evolución de una especie de circuitería metafórica en nuestro cerebro.

miércoles, 31 de octubre de 2007

Gramaticalización por contacto


Heine, H. y T. Kuteva (2005): Language Contact and Grammatical Change, Cambridge: CUP.


Se trata de una de las obras más recientes de este tándem tan fructífero. Su objetivo principal es demostrar, primero, que la transferencia o difusión de material gramatical es un fenómeno mucho más extendido de lo que los distintos especialistas en el cambio lingüístico habían sostenido hasta ahora; segundo, que la réplica de procesos de gramaticalización es un fenómeno escasamente analizado más allá de las ya conocidas áreas de contacto o Sprachbund y, tercero, que los procesos de gramaticalización no pueden, por tanto, contemplarse exclusivamente como cambios de tipo interno, como se ha hecho clásicamente. En efecto, a partir de un amplio inventario de lenguas, los autores demuestran que la gramaticalización inducida por contacto se da de forma universal.

En un trabajo posterior, los autores proponen una clasificación de los procesos de difusión estructural que se divide en tres tipos básicos (2006); esta tipología nos servirá para enmarcar y discriminar de manera apropiada qué clase de proceso de cambio estructural es la gramaticalización por contacto:

1. Reestructuración (Reestructuring), por lo cual se entiende la pérdida o la reestructuración de construcciones o formas gramaticales por parte de los hablantes de una determinada lengua, que toman como modelo las formas o patrones gramaticales de alguna lengua vecina. Como ejemplo de pérdida, se propone el caso del croata de Molise (hablado en el Sur de Italia), que, como cualquier lengua eslava posee tres géneros, pero que, bajo la influencia del italiano ha perdido el género neutro en los sustantivos, que han sido reasignados sin excepciones al masculino. La reestructuración, por el contrario, tiene que ver con el reordenamiento de los constituyentes y/o de las relaciones sintácticas que se establecen entre ellos. La ilustran con el caso del romaní (citado por Matras 1996), que, a causa del contacto con las lenguas balcánicas, ha cambiado el orden SOV propio de las lenguas indoiranias por el de SVO. Otro ejemplo lo encontramos en la inversión de la estructura de genitivo de las construcciones posesivas observada en variedades del turco de Macedonia, cuyos hablantes posponen el núcleo o elemento posesor al elemento poseído: babasi Alinin (el padre de Alí) en vez de Ali´nin babasi, propio de la variedad estándar (Friedman 2003). De acuerdo con los autores, este primer tipo es el que la mayoría de especialistas en el cambio lingüístico han convenido en catalogar como “estructural borrowing” y al cual se han dedicado todos los esfuerzos de análisis en estas últimas décadas.

2. Gramaticalización inducida por contacto (Contact-induced grammaticalization): constituye la apropiación de un concepto o estructura gramatical existente en la lengua modelo por parte de los hablantes de la lengua “replicante”. Según los autores, los hablantes de la lengua replicante se dan cuenta de que en la lengua modelo existe una determinada categoría gramatical y usan, siguiendo estrategias universales de gramaticalización, la construcción o forma X existente en su propia lengua para derivar a partir de ella el concepto gramatical Y observado en la otra lengua y establecer de este modo una categoría equivalente.
Por ejemplo, las lenguas del Norte y Centro de Vanuatu distinguen formalmente el aspecto durativo de la acción. Los hablantes de bislama, una lengua pidgin de Vanuatu, han creado de forma análoga un patrón verbal que incluye el verbo “estar, existir” (stap) gramaticalizado como marca aspectual de progreso.

3. Gramaticalización por réplica (Replica grammaticalization): consiste no en la transferencia del concepto gramatical observado en la lengua modelo, sino de todo el proceso de gramaticalización a partir del cual se ha derivado. La diferencia, pues, con el subtipo anteriormente mencionado es que mientras que en aquél los hablantes recurren o se sirven, espontáneamente, de patrones universales de gramaticalización (universal paths) para construir las nuevas formas gramaticales, en éste es el mismo proceso de gramaticalización usado en la lengua modelo lo que es objeto de transferencia.
Encontramos varios ejemplos en pipil, una lengua azteca de El Salvador, cuyos hablantes, fruto del contacto con el español, han gramaticalizado la forma de la tercera persona del plural de los verbos como marca de construcción impersonal, han creado una forma perifrástica del futuro a partir del verbo “ir” o han utilizado un nombre relacional de tipo comitativo y lo han gramaticalizado primero como preposición (el equivalente de nuestro “con”) y más tarde como la conjunción coordinativa (el equivalente de nuestra “y”), (Campbell 1987).
También es muy ilustrativo el caso del inglés hablado en Irlanda, cuyos hablantes replicaron todo un proceso de gramaticalización surgido en el irlandés, a saber, la expresión del aspecto “perfectivo reciente” a partir del patrón “después+verbo en forma no finita”:

a) irlandés (Harris 1991)
Tá sí tréis an bád a dhiól.
Ser-NO-PAS ella después la barca vender.
“Ella acaba de vender la barca”.


b) inglés de Irlanda
Tell mother we are just after receiving Her letter.
“Dile a madre que acabamos de recibir su carta”.

Pero, ¿con qué criterio establecen los autores que los casos arriba citados, junto con el resto de ejemplos del corpus, son instancias de réplica de gramaticalización, esto es, de procesos que no han surgido de forma independiente? En primer lugar, Heine y Kuteva postulan como necesario un conocimiento profundo de la estructura de la lengua previa a los cambios objeto de análisis; asimismo, análogamente al resto de cambios estructurales por convergencia, se ha de valorar mucho el hecho de que las lenguas implicadas no estén emparentadas entre ellas y, por consiguiente, que los cambios no hayan sido implementados por vía genética y se deban así exclusivamente al factor contacto. Por último, se ha de verificar que el tipo de estructura o forma gramaticalizada sea inusual, tipológicamente hablando, lo que nos proporciona una clave muy valiosa a la hora de etiquetar como transferido o copiado el proceso de gramaticalización en cuestión.
En este sentido, los autores hablan de la importancia de reconocer la existencia de ciertos patrones de gramaticalización comunes a la comunidad mundial de hablantes, surgidos de procesos cognitivos que rigen de forma universal el uso lingüístico. Para ilustrar este punto, ponen el ejemplo de varias lenguas meso-americanas donde la noción espacial “detrás” se expresa a partir del lexema “hombros”; los autores argumentan que, si bien la polisemia que se establece entre “detrás” y “espalda” o incluso “culo” es normal entre las lenguas, es muy raro encontrar más casos como el zapotec, el náhuatl o el ch´ol, donde este concepto se gramaticalice a partir de “hombros”. Como quiera que estas lenguas no están emparentadas genéticamente pero sí son vecinas, la única salida razonable es pensar que este patrón tan inusual se deba a la convergencia por contacto.
En el ejemplo que Harris documenta del inglés de Irlanda, Heine y Kuteva sostienen que es casi imposible argumentar que no se trata de un proceso replicado, habida cuenta que, primero, la evolución de una construcción preposicional con “después” hacia marcador de aspecto verbal es una derivación extremadamente inusual entre las lenguas del mundo; de lo que se desprende que su aparición en dos lenguas vecinas de forma independiente se deba a una coincidencia muy poco realista. Por último, la constatación del largo e intenso contacto entre ambas lenguas acaba por confirmar la hipótesis de la réplica.
En relación a este punto, Heine (2003) habla de la ayuda que suponen los hallazgos teóricos en la investigación sobre la emergencia de la gramática para la reconstrucción diacrónica. Afirma que la teoría de gramaticalización puede no solo ayudar en la obtención de las protoformas (como ya hemos visto en el apartado 3) sino también poner en duda protoformas ya establecidas. Habla del caso de la gramaticalización del esquema “Y existe para X” en estructura de posesión predicativa “X tiene Y” que comparten las lenguas indoeuropeas y que ha servido para estipular esta construcción como ya existente en el proto-indoeuropeo (Meillet, 1923, inter alia). Heine concluye que (2003: 597): “Grammaticalization studies suggest that such a procedure needs to be reconsidered in light of the fact that the goal schema has not only been used in Indo-european languages but constitutes worldwide one of the most common means of grammaticalizing expressions for predicative possession”.

Otra novedad que cabe mencionar de este estudio es la proposición de la división de las áreas lingüísticas en tres grandes grupos:

- Áreas de convergencia o Sprachbunds, cuya característica principal es la difusión por contacto de determinadas estructuras gramaticales entre lenguas no emparentadas pero adyacentes geográficamente. El ejemplo más citado es el de los Balcanes.

- Áreas de metatipificación (metatypy), que Ross (1997) define como áreas en que las lenguas implicadas han sufrido un proceso de reestructuración semántica y sintáctica tal que conforman casos de convergencia o isomorfismo extremo, en los que se da un grado altísimo de interinteligibilidad. Este autor propone una lista de doce áreas que han experimentado procesos de metatipificación de diverso grado, a los que Heine y Kuteva añaden las lenguas amazónicas de la región Vaupés, estudiadas por Aikhenvald (2002) y las lenguas malaya de Sri Lanka, portugués de Sri Lanka y tamil.

- Áreas de gramaticalización, por lo que se entiende grupos de lenguas contiguas geográficamente pero no relacionadas genéticamente, en que se han dado los mismos procesos de gramaticalización. En estas áreas quedan incluidos fenómenos tanto de gramaticalización inducida por contacto como de transferencia de procesos de gramaticalización. Los autores subrayan que en algunos casos puede hablarse de una sola lengua modelo que irradia los cambios hacia dos o más lenguas replicantes, o bien podemos encontrar un proceso de irradiación en cadena, donde a partir de la lengua modelo el proceso de gramaticalización o de implementación de la nueva construcción gramatical pasa a la lengua replicante 1, que a su vez sirve de modelo para la lengua replicante 2, etc.
Como clave para la identificación de las áreas de gramaticalización, Heine y Kuteva proponen el siguiente ejemplo:
La pasiva en la mayoría de lenguas europeas se forma a partir del verbo principal, que se codifica como participio pasado, y con los verbos “ser” o “estar” funcionando como auxiliares. Si embargo el ladino, el italiano y la variedad del alemán de Bavaria construyen la pasiva usando como auxiliar el verbo “venir”:

La pasiva “alpina” con “venir” (Ramat 1998: 227-8)

a. ladino
Cô vain fabricheda la scuola nouva.
(Aquí viene construida la escuela nueva.)
Aquí se construye la escuela nueva.

b. italiano
Qui viene costruita la nuova scuola.
(Aquí viene construida la nueva escuela.)
Aquí se va a construir la escuela nueva.

c. alemán de Bavaria
Dǻ kummt de neie Schul gebaut.
(Aquí viene la nueva escuela construida.)
Aquí se construye la escuela nueva

Aunque no se sepa qué lengua sirvió de modelo para la difusión de este proceso de gramaticalización, lo cierto es que podemos hablar sin reservas de un caso de gramaticalización por réplica, si tomamos en consideración los siguientes argumentos: que las pasivas formadas con el verbo “venir” como auxiliar son inusuales entre las lenguas del mundo y es, por tanto, muy poco probable que estas tres lenguas hayan implementado esta estructura gramatical de forma independiente; que la cuestión genética queda descartada ya que este tipo de construcción no se observa en las protolenguas germánicas o románicas; por último, que el contacto entre estas tres lenguas ha existido y existe y ha sido, considerando lo expuesto hasta ahora, el factor decisivo a la hora de tipificar este caso como un claro ejemplo de área de gramaticalización. Tras exponer muchos otros ejemplos (en el más llamativo se clasifica el continente africano como macro-área de gramaticalización) los autores convienen en que si bien un área de convergencia incluye un área de gramaticalización, lo contrario no se ha constatado.

En resumen, de este estudio vale la pena resaltar varias cuestiones novedosas: primero, el hecho de que se contradice de forma definitiva el mito sobre la invulnerabilidad de la estructura lingüística a los cambios motivados externamente, teoría sostenida por la mayoría de lingüistas a partir de Sapir; segundo, se demuestra que los casos de difusión de estructuras o construcciones gramaticales que no incluyen la transferencia o préstamo de formas lingüísticas concretas es un fenómeno mucho más extendido de lo que podía esperarse; y tercero (lamentablemente algo en lo que no han profundizado en absoluto los autores), se pone de manifiesto que las réplicas o calcos estructurales son, en gran medida, independientes de factores sociolingüísticos y que la motivación última que parece dirigir a los hablantes en este sentido puede ser el encontrar útil un determinado modo de expresión presente en la lengua modelo o también la reducción de carga o peso cognitivo que supone la convergencia estructural en el procesamiento múltiple de dos o más lenguas.




miércoles, 17 de octubre de 2007

Book Review


Acabo de leer un libro muy interesante, además de controvertido, de Daniel Nettle (lo conocemos más como coautor, junto con Suzanne Romaine, de Vanishing Voices: The extinction of the World´s Languages). Quisiera compartir con vosotros ciertas reflexiones del autor y algunos intentos de reflexión de mi parte, sobre todo en respuesta a la cuestión de la relación entre lengua y medio como explicación única de las causas de la diversificación lingüística.

NETTLE, Daniel (1999): Linguistic Diversity, Oxford: Oxford University Press.


(Los fragmentos extractados están traducidos por mí.)

Nettle plantea en la introducción las dos preguntas fundamentales que son la espina dorsal del libro y que, según él, debe hacerse cualquier especialista que estudie la diversidad lingüística:

1. ¿Por qué se produce la diversidad?
2. ¿Por qué hay tanta diversidad como hay y por qué está distribuida de la manera que está y no siguiendo patrones geográficos totalmente distintos?

En relación a estos dos temas (por qué cambian las lenguas y cómo es que se han diversificado en el espacio del modo en que lo han hecho), el autor argumenta: “si la facultad del lenguaje es un atributo biológico común en nuestra especie, el hecho de que se produzca diversidad a nivel local es un hecho de veras desconcertante, por dos razones. La primera es que los mecanismos mentales que operan en la adquisición del lenguaje, así como su misma estructura, son presumiblemente idénticos en todas las poblaciones humanas.[…] Podemos esperar encontrar diferencias en los vocabularios que reflejen diferentes estilos de vida y culturas materiales, del mismo modo que los herreros o los carpinteros poseen diferentes léxicos específicos derivados de sus actividades. Lo que ya no esperamos encontrar, pero nos encontramos, son diferencias fonéticas, fonológicas y gramaticales que parecen no estar motivadas por las diferencias en los modos de vida. […] La segunda razón por la cual nos parece intrigante encontrar diversidad lingüística entre las diferentes poblaciones es que la separación entre ellas no es demasiado grande. Se supone que nuestro ancestro común vivió hace tan solo 140.000 años. […] Si establecemos la distancia generacional en 25 años, esto supone que vivió hace unas 5.600 generaciones. En vista del tamaño reducido de la población (y de la localización geográfica) que con probabilidad caracterizó a la humanidad en aquel tiempo, parece razonable pensar que el total de las 6.500 lenguas actuales (además de las que deben haber desaparecido hasta ahora), con toda la diversidad que poseen, han evolucionado en ese periodo de tiempo. Que tal grado de diversidad haya aparecido en un periodo de tiempo tan corto indica que en las lenguas operan mecanismos de diversificación muy poderosos” (pp. 2-3).

Según este autor, la respuesta a la primera pregunta se encuentra: “en la naturaleza misma del lenguaje humano y la forma en que éste se lleva a la práctica, mientras que la respuesta a la segunda pregunta reside en el estudio de la historia y de la prehistoria, ya que la distribución geográfica de la diversidad lingüística es producto de las expansiones, movimientos y organizaciones de las sociedades humanas a lo largo del tiempo” (p.1)

Como yo lo veo, estos dos temas se han mezclado, es decir, se ha intentado explicar por qué las lenguas se han escindido en dialectos a partir de argumentaciones biológicas (se ha hecho una equiparación entre los nichos de las especies y los nichos de las lenguas, se ha hablado de la adaptación de las lenguas a los diferentes entornos, climas y formas de subsistencia) y de explicaciones de tipo sociolingüístico como son las migraciones, el contacto o el aislamiento entre las comunidades de hablantes, etc. Sin embargo, a partir del libro de Nettle (y esto es una inferencia mía) estos datos sólo pueden llevarnos a conocer por qué las lenguas se han distribuido a lo largo y ancho del planeta como lo han hecho. En otras palabras, el estudio de estos hechos permite establecer patrones de expansión y localización lingüísticas, pero no conduce a la pregunta clave: por qué la protolengua de nuestros primeros ancestros hubo de cambiar y diversificarse perdiendo así su potencial de vehículo comunicativo universal.

De hecho Nettle establece una clara distinción entre diversidad en el espacio (language diversity) y diversidad en el tiempo (structural diversity) y concluye que la diversidad estructural “es potencialmente independiente tanto de la diversidad lingüística como de la diversidad filogenética, habida cuenta que existen parámetros, como el orden de las palabras [SVO, SOV, VSO], en que lenguas de una misma familia difieren y lenguas de familias completamente diferentes convergen. La diversidad estructural constituye así una dimensión independiente de la diversidad en la piscina lingüística” (p.10)
[Nettle habla de piscina lingüística en clara alusión al concepto biológico de piscina genética, que es como se conoce a todas las diferentes versiones de todas las especies de una población.]

Este es el primer punto importante que quería plantear en esta intervención. Resumiendo, para mí no se trata tanto de responder a por qué las lenguas se han diversificado formando las familias y grupos actuales, con sus respectivas localizaciones en la topografía, sino de esclarecer qué induce el cambio lingüístico (cambio que a su vez provoca la escisión de las lenguas en dialectos mutuamente ininteligibles) y, quizás más importante, por qué las lenguas cambian siguiendo patrones altamente predictivos. Son estas las reflexiones que creo nos llevarán a la gran pregunta: por qué hay cambio y no estabilidad lingüística.
Asimismo, creo que en la base de los cambios estructurales hay unas constricciones cognitivas muy precisas (que están siendo estudiadas en la actualidad por diversos autores, entre ellos Bybee) con un potencial explicativo muy razonable; de hecho, la prueba más patente de la fiabilidad de esta teoría es la misma robustez de los universales del cambio lingüístico. Pero esto es tema para otra intervención.

Volviendo a lo que nos ocupa, Nettle hace un estudio magnífico por lo que respecta a la diversidad filogenética de las lenguas (que forma el grueso de su libro) pero adolece de ciertas lagunas cuando plantea las causas, los motivos y los mecanismos (pragmáticos y funcionales) del cambio lingüístico. Para mí el fallo principal de este libro tan interesante es que el autor no propone una teoría cohesiva o abarcadora de la diversidad lingüística (en todas sus facetas) sino que sugiere varias explicaciones para cada ámbito que se recogen en capítulos, por así decirlo, estancos.

En la segunda parte de esta intervención voy a resumir y extraer las ideas más relevantes del capítulo que Nettle titula Language Evolution: Basic Mechanisms, en el que intenta equiparar la teoría de evolución de las especies con una teoría de la evolución y cambio en las lenguas que él llamará el Modelo Neutral (término que toma del modelo de evolución biológica de Kimura, 1983). Intentaré reflejar el escaso potencial explicativo de esta teoría a partir de los puntos débiles y excepciones que el mismo Nettle va apuntando a lo largo de sus explicaciones. Sé que la ecuación biodiversidad = diversidad lingüística es muy atractiva cuando el símil se plantea a grosso modo, pero a poco que se analizan con detalle los postulados de una teoría de la evolución lingüística en términos de mutaciones y adaptaciones al medio, se ponen de relieve las diferencias tan esenciales que separan el estudio de los seres vivos con el estudio de una entidad como es la lengua.

Nettle empieza el capítulo argumentando que, del mismo modo que los millones de especies biológicas han evolucionado de ancestros comunes, así la historia de las lenguas del mundo se caracteriza por la descendencia con modificaciones. Dice: “En la evolución biológica, la divergencia en las especies se produce a partir de dos mecanismos. En primer lugar, existen fuentes de la variación (sources of variation) entre los individuos. La principal es la mutación, que consiste en el cambio azaroso de pequeñas porciones del material genético de los animales, de una generación a la siguiente. La variación por sí sola no da como resultado especies distintas: sólo produce heterogeneidad dentro de las poblaciones. Para que esta heterogeneidad conduzca a la divergencia entre especies, es necesaria la intervención de un segundo grupo de mecanismos: los amplificadores de la variación (amplifiers of variation), que toman las pequeñas diferencias interindividuales y, con el tiempo, las fijan y expanden hasta que se consolidan como diferencias fundamentales entre poblaciones”. (p.15)
Me ha parecido oportuno citar este párrafo de forma íntegra ya que en él Nettle introduce los dos conceptos clave de su Modelo Neutral: las fuentes de la variación y los amplificadores de la variación. Según él, para que la evolución lingüística sea posible, deben existir también estos dos mecanismos.

En el ámbito lingüístico, la primera fuente de variación se hallaría en la adquisición imperfecta del lenguaje, ya que cada generación implementa pequeños cambios o desviaciones azarosas (a modo de las mutaciones genéticas), de las cuales sólo un ínfimo número acaba siendo adoptado por la comunidad de hablantes para consolidarse en la estructura o el léxico de la lengua. Estas variaciones, al ser arbitrarias, tienen pocas posibilidades de coocurrir en dos poblaciones diferentes, de lo que sigue que si esas poblaciones se encuentran, además, geográficamente aisladas, las variantes que éstas acumularán a través de las diferentes generaciones de hablantes crearán una deriva lingüística entre ellas que las convertirá, en última instancia, en códigos mutuamente ininteligibles.
La segunda fuente de mutación lingüística es la actuación imperfecta de los hablantes, causada por las demandas que impone el habla (de velocidad, de coordinación motora, de economía en el mensaje, etc.) sobre el código. Este hecho se pone de manifiesto en los actuales corpora orales, en los que se constata que muchas construcciones gramaticales se desvían de sus variantes canónicas. Esta variación, por supuesto, no es sólo estructural, sino también fonética o léxica.

Problemas que encuentra Nettle con esta parte de la teoría:

1. The averaging problem, que podríamos traducir por el problema de la homogeneización o normalización del habla individual de acuerdo con las normas lingüísticas que tácitamente imperan en las comunidades de hablantes. El otro día ya cité a Sapir, precisamente a este respecto, cuando decía en Language que las variaciones individuales tienden por naturaleza a supeditarse a la norma. Nettle cuenta con este problema como uno de los principales escollos para su Modelo Neutral.

2. Problema del carácter azaroso de los cambios lingüísticos: es, a todas luces, evidente que si bien las mutaciones genéticas son casuales, los cambios lingüísticos no lo son: antes al contrario, están fuertemente motivados por cuestiones de relevancia interaccional, facilidad articulatoria, por cuestiones de optimización en el almacenamiento y rapidez en la recuperación de los ítems y un largo etcétera. En definitiva, como dice el propio Nettle: “el habla es una actividad dirigida a un objetivo y es mucho más probable que los hablantes creen variaciones que faciliten la producción y agilicen la comunicación que no al contrario.” (p. 19).

3. Estrechamente relacionado con el punto anterior está problema de la coocurrencia universal (y yo añadiría la direccionalidad) de los cambios: si las mutaciones que se producen en las lenguas son azarosas, ¿cómo es posible que muchos de los patrones de cambio lingüístico sean recurrentes en lenguas distintas y alejadas entre sí? Sapir ya intuyó este problema en su momento:

“La corriente de trasformación lingüística tiene una dirección. En otras palabras, solo interviene en ella ciertas variaciones individuales, aquellas que se mueven en una dirección particular, […] La mutación de una lengua consiste en la selección de aquellas variaciones individuales que siguen determinada dirección y esa selección es algo que llevan a cabo de manera inconsciente sus hablantes. La historia de una lengua permite ver cuál es, en lo fundamental, aquella dirección”.

4. El problema de la amplificación por aislamiento geográfico: el mismo Nettle admite que “mientras que el aislamiento geográfico puede conducir a la diversidad lingüística, se dan muchos casos en que la diversidad se crea y se mantiene en ausencia de éste. Esto es obviamente problemático para el Modelo Neutral. […] Un ejemplo muy relevante lo hallamos en Nueva Guinea. Nueva Guinea es la isla lingüísticamente más diversificada del mundo, con más de 1.000 lenguas indígenas habladas por las diferentes tribus. No obstante, está claro que entre los distintos grupos humanos hay y ha habido intensas y permanentes redes de trato comercial (Hay 1993)”. (p.27)

Después de glosar estos problemas, Nettle concluye que existen obvias dificultades para establecer el Modelo Neutral como una teoría del cambio lingüístico. Aunque encuentra dos mecanismos de amplificación de la variación que pueden, según él, paliar en parte la problemática que se deriva de las fuentes de variación.

Recordemos que los amplificadores de la variación son ese conjunto de mecanismos que fijan y expanden las mutaciones aleatorias que producen los usuarios de la lengua. Ya hemos mencionado uno: el aislamiento geográfico de las poblaciones, aunque el mismo autor ha acabado descartándolo.
Un segundo amplificador sería lo que Nettle denomina “la selección social” (vemos cómo de nuevo utiliza términos darvinianos para expresar conceptos lingüísticos). La idea subyacente es que el hablante no incorpora absolutamente todos los elementos de la actividad lingüística que tiene lugar a su alrededor sino solo aquellos que lo identifican como miembro de su grupo y que sirven, por así decirlo, como reforzadores de su sentido de pertenencia. Por consiguiente, la selección social que lleva a cabo el hablante preservará y amplificará todos los cambios, peculiaridades y rasgos lingüísticos típicos de su grupo.

El tercer amplificador de las mutaciones lingüísticas es la “selección funcional”, que predice que solo aquellas mutaciones que convierten a la lengua en un sistema funcionalmente más apto para sus cometidos lograrán ser adoptados por los hablantes. “Aquellas estructuras gramaticales que generan oraciones difíciles de analizar o memorizar tienen muy pocas posibilidades de ser aprendidas por los hablantes. Análogamente, cuando se dan en la lengua dos variantes que entran en competición, aquella que implique una menor carga de procesamiento acabará imponiéndose. Cuando coexisten dos variantes de la misma palabra, la que resulte más fácil de pronunciar será, presumiblemente, la que acabe siendo adoptada, de acuerdo con los principios generales del mínimo esfuerzo que regulan el aprendizaje motor” (Lindblom 1990).
Este tipo de selección inconsciente entre variables por parte de los hablantes constituye un poderoso mecanismo de cambio lingüístico. De hecho, es el análogo de la selección natural en términos de evolución lingüística. En biología, algunas mutaciones tienen muchas más posibilidades de ser replicadas, ya que ayudan a crear animales que son más aptos para la reproducción y la supervivencia. […] De forma similar, el proceso lingüístico de selección funcional es adaptativo, en la medida en que las lenguas se van haciendo más y más eficientes para el aprendizaje y el uso de los hablantes”. (p.31).

Del Modelo Neutral de Nettle destaco el esqueleto, es decir, intuitivamente me parece muy verosímil establecer unas fuentes de variación (que establecerían las causas o el origen de los cambios) y unos mecanismos de diversificación que los fijen y amplifiquen. Para mí, lo esencial, y eso es algo en lo que quizás valdría la pena trabajar en un futuro, es, primero, no postular los amplificadores como fuentes de cambio (creo que en el foro debemos ser críticos o al menos recelar de este tipo de explicaciones ambientales o socioculturales) y, segundo, intentar sobrepasar el modelo evolutivo biológico para dar cuenta de los fenómenos lingüísticos y crear un teoría de la diversidad lingüística explicable solo en sus propios términos.