sábado, 3 de septiembre de 2011

Mucha, mucha, mucha hambre...

Hoy estaba pensando que mis dos hijas son ya mayores y no dicen nada "analizable" desde el punto de vista lingüístico. Quiero decir que ya han parametrizado. ¿Se entiende, esto? Ufff...Me imagino hablando con alguna madre en la puerta del cole, preguntándole como quien no quiere la cosa: "¿Qué, tu hija ha parametrizado ya? La cara de flipe sería genial y seguramente no se acercaría a mí el resto del curso.
La cuestión es que mis hijos ya lo han hecho. Parametrizar, me refiero. Bueno, todos menos uno, el pequeño, que tiene tres años y es por tanto una fuente inacabable de lo que los lingüistas llaman "proto-grammatical utterances". Muchos lingüistas salivarían, que va, se ahogarían en su propia saliva ante la perspectiva de observar por un agujerito, libreta y lápiz en mano, a una madre y su hijo pequeño.

Por ejemplo, la otra tarde, a eso de las siete, se me acercan la mayor y el pequeño.
"¡Mami, tengo un hambre!" me urge Sofía. "Pues yo" suelta Samu todo triunfal "¡tengo dos hambres!"
Pues lo dicho, está organizando su gramática interna con el método de ensayo-error...
"Mucha, mucha hambre, ¿verdad?", le digo, mientras cierro el ordenador y me dirijo a la cocina.
Luego me quedé pensando que nunca había oído de alguna lengua que marcase la intensidad de una cualidad o acción mediante numerales cardinales, reservados, hasta donde yo sé, para marcar la pluralidad. El lenguaje infantil y los pigdins suelen expresar la intensidad (también la pluralidad y la iteratividad) mediante la reduplicación de material fonológico. En realidad, si bien la reduplicación gramatical existe en un tanto por ciento muy pequeño de lenguas (en 8 de las 957 incluidas en The World Atlas of Language Structures) la reduplicación extragramatical existe seguramente en todas las lenguas.

Un ejemplo de reduplicación gramatical sería (en indonesio):
rumah (casa)
rumah-rumah (casas)

La reduplicación extragramatical es muy común en el discurso hablado:
A: "¿Estás seguro?"
B: "Sí, sí, sí..."

Sobre todo, como ya he mencionado, en el lenguaje infantil:
Padre: "¿Cómo era de grande el dinosaurio?"
Hijo: "Grande, grande, grande..."

La reduplicación también está muy presente en el maternés (lenguaje que usan las madres). Se me ocurre algún ejemplo como:
"Y ahora la niña se bebe toda, toda, toda el agüita."

Hace no muchos años se consideraba la reduplicación un método de formación de palabras "primitivo" debido su alta iconicidad y se relacionaba exclusivamente con lenguajes rudimentarios (habla infantil y pidgins o criollos). La iconicidad se tiene en tipología lingüística por una de las fuerzas externas que más influyen en la formación de los sistemas lingüísticos, junto con las limitaciones cognitivas para el procesamiento sintáctico (ciertas estructuras lingüísticas pese a ser gramaticales son improcesables por la mente humana), la economía (los elementos lingüísticos predecibles por el contexto tienden a ser eliminados de las emisiones) o las restricciones de agrupamiento impuestas por el discurso para facilitar la comprensión (Whaley, 1997).

Por cierto, un día dí con un contraejemplo al principio de iconicidad en una gramática del mandinga. (Sí soy una friki, lo reconozco, pero confieso que no la leí entera, sólo algunos capítulos...).
Es muy bonito, ahí va:
"a xoore+n ya ni"
él es grande
"a xoore+n ni"
él es realmente grande
"a xoore ni"
¡él es tan grande!
" a xoore"
él es grandísimo
(Gràcia y Contreras, 2002).
No me digáis que no es alucinante: a mayor intensidad, menor material lingüístico.
He visto que se ha publicado bastante cosa sobre la reduplicación recientemente así que creo que haré alguna comprita como el Reduplication, de Inkelas (2005).
Tiene pintas de ser muy, muy, muy interesante.




2 comentarios:

Anónimo dijo...

El vascuence tiene una palabra (oso) para decir "muy", pero es muy común aumentar la intensidad del adjetivo duplicándolo:

Liburua haundia da - El libro es grande
Liburua oso haundia da - El libro es muy grande
Liburua haundi haundia da - El libro es muy grande (grande grande)

También se hace con los adverbios:

poliki = despacio oso poliki = muy despacio poliki-poliki = muy despacio

Supongo que es por eso que en el País Vasco solemos utilizar el mismo recurso en nuestro dialecto del español. Para mí es normal ir "deprisa-deprisa" o que un día sea "frío-frío".

De hecho tardé mucho en darme cuenta de que no se hacía en todas las regiones. Por ejemplo, no entendía por qué a la gente le hacía tanta gracia que Arguiñano dijera siempre que su plato estaba "rico rico".

Concha Campos dijo...

Hola! te he contestado antes pero por alguna razón extraña he salido con el perfil de una de mis hijas :)
Bueno, gracias por tu comentario. NO tenía ni idea de que este fenómeno se diera también en euskara. Interesante el tema de la reduplicación, verdad?

Saludos