Al igual que las comas, los adverbios en nuestro idioma están siempre dispuestos a jugarte una mala pasada si no estás atento. No puedes colocarlos libremente, ya que, según donde estén emplazados, afectan al predicado en su totalidad o sólo a una parte de éste.
En este sentido, al traducir los denominados focusing adverbs del inglés al catellano, uno debe ir con especial cuidado si no quiere meter la pata y acabar traicionando el texto original de una forma estrepitosa.
Estos son algunos ejemplos facilitos que se trabajan en la asignatura “Técniques de traducció” (UB). Como se ve, en cada caso ha de traducirse algo diferente:
I really don´t understand him
I don´t really understand him
He once did not invite me
He didn´t once invite me
I only kissed him yesterday
I kissed only him yesterday
I kissed him only yesterday
En cuanto al castellano, fijaos bien en lo que decía el otro día una reportera de Antena 3:
“…se encuentra en busca y captura por arrojar a su pareja presuntamente por la ventana”.
Pese al carácter desafortunado de la noticia, no pude reprimir una sonrisa ante la jugadita del adverbio: seguramente lo que no está probado es el delito (entonces el adverbio debe ir tras el verbo) no el lugar donde este fue perpetrado.
Desde el punto de vista semántico, los adverbios pueden también jugarte otro tipo de malas pasadas, más sutiles. Atención a la siguiente contradicción incluida en la futura campaña publicitaria de la Unión de Ateos y Librepensadores (http:ateos.org), comentada en las noticas de este mediodía. Reza así:
“Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida”.
De nuevo aquí el adverbio hace de las suyas, ya que se carga de un plumazo el ateísmo de la citada organización (“a= negación, “theós”= Dios), para “convertila” al agnosticismo (agnóstico es el que no sabe, o según el diccionario Clave: “que ni afirma ni niega la existencia de Dios porque la considera inalcanzable para el entendimiento humano”).
Por tanto, o se tiene la certeza de que Dios existe o de lo contrario, (como dice Javier Sampedro: “o uno es eucariota o uno es procariota… o se calla uno”), pero si se incluye el “probablemente”, entonces ni una cosa ni otra.
En fin, ¡ojo con los adverbios, que tienen vida propia!
domingo 4 de enero de 2009
miércoles 28 de mayo de 2008
¿Plan "hidrológico"?
Esta mañana andaba yo en mi coche, en medio del atasco de entrada a Barcelona, escuchando "Herrera en la onda", cuando uno de los contertulios comenta algo sobre el trasvase "hidrológico". No sé bien qué era, lo único que recuerdo es a Herrera corrigiéndole rápido: "¡hídrico!, trasvase hídrico". Y es que no es lo mismo lo relativo al agua que lo relativo a la ciencia que estudia la distribución del agua, sus propiedades y su utilización.
Pero es que por la tarde, de camino al colegio, pongo a Julia Otero y la engancho entrevistando al president (no del Barça, sino de Cataluña) quien, justamente respondiendo a la pregunta de si se va a suspender el trasvase en vista de las lluvias de este mes, comenta que no puede asegurar nada ya que la "climatología" es imprevisible. No señor, no. Aunque los partes metereológicos sean falibles, la climatología no es imprevisible: el clima, el tiempo o las condiciones atmosféricas (como queramos) sí lo son.
Siempre que oigo intercambios de este tipo, que no es en pocas ocasiones, recuerdo a un profesor de traducción médica de la Pompeu Fabra llevándose las manos a la cabeza cada vez que le traducíamos "sistema inmunológico" en vez de "inmunitario", lo que era mucho peor, a sus oídos, que el tan socorrido anglicismo "sistema inmune".
Después de esas clases siempre me he acordado de no confundir una cosa con la otra. ¡Es que hay profes que dejan huella!
Pero es que por la tarde, de camino al colegio, pongo a Julia Otero y la engancho entrevistando al president (no del Barça, sino de Cataluña) quien, justamente respondiendo a la pregunta de si se va a suspender el trasvase en vista de las lluvias de este mes, comenta que no puede asegurar nada ya que la "climatología" es imprevisible. No señor, no. Aunque los partes metereológicos sean falibles, la climatología no es imprevisible: el clima, el tiempo o las condiciones atmosféricas (como queramos) sí lo son.
Siempre que oigo intercambios de este tipo, que no es en pocas ocasiones, recuerdo a un profesor de traducción médica de la Pompeu Fabra llevándose las manos a la cabeza cada vez que le traducíamos "sistema inmunológico" en vez de "inmunitario", lo que era mucho peor, a sus oídos, que el tan socorrido anglicismo "sistema inmune".
Después de esas clases siempre me he acordado de no confundir una cosa con la otra. ¡Es que hay profes que dejan huella!
lunes 26 de mayo de 2008
Shared Symbolic Storage
Buscando temas sobre la evolución del lenguaje he dado con un blog excelente que no puedo más que recomendar a todo el mundo: Shared Symbolic Storage, de Michael Pleyer.
Si este es el nivel de los estudiantes universitarios alemanes, no me extraña que nos preguntemos qué anda mal en nuestra educación escolar!!!
Os paso el link, que añado también en la columna "otros blogs":
http://sharedsymbolicstorage.blogspot.com/
Es una pasada!
Si este es el nivel de los estudiantes universitarios alemanes, no me extraña que nos preguntemos qué anda mal en nuestra educación escolar!!!
Os paso el link, que añado también en la columna "otros blogs":
http://sharedsymbolicstorage.blogspot.com/
Es una pasada!
Todo el mundo sabe
De una u otra forma todos los manuales de lingüística sacan a relucir el tema de la dificultad del estudio del lenguaje, cosa que no impide que absolutamente todo el mundo opine alegremente sobre cuestiones como la superioridad, mayor claridad o musicalidad de una lengua respecto de otra, sobre cómo los niños adquieren el lenguaje por imitación, etc., etc.
A este respecto, he dado con una pequeña anécdota del gran Bloomfield, que es muy divertida:
"Bloomfield tells of visiting the house of a doctor who propounded the theory that a language such as Chippewa could contain only a few hundred words, citing as authority a Chippewa Indian guide. When Bloomfield tried to explain that the situation was not quite that simple, the doctor turned his back. The record does not show that Bloomfield retaliated by offering the medical man a good prescription for scarlet fever."
En Bolinger, D. (1968): Aspects of Language, Nueva York: Harcourt, Brace & World Inc.
A este respecto, he dado con una pequeña anécdota del gran Bloomfield, que es muy divertida:
"Bloomfield tells of visiting the house of a doctor who propounded the theory that a language such as Chippewa could contain only a few hundred words, citing as authority a Chippewa Indian guide. When Bloomfield tried to explain that the situation was not quite that simple, the doctor turned his back. The record does not show that Bloomfield retaliated by offering the medical man a good prescription for scarlet fever."
En Bolinger, D. (1968): Aspects of Language, Nueva York: Harcourt, Brace & World Inc.
martes 6 de mayo de 2008
At the end of the day... it gets dark
Hace un par de noches, en uno de los capítulos finales de la primera entrega de “Cinco hermanos”, Kitty dice algo como: “porque, cuando el día acaba, todos somos humanos” (no recuerdo como termina la frase exactamente porque para entonces ya había entrado en estado de estupor).
La verdad es que no es la primera vez que oigo esa traducción literal horrenda: cuando nuestro admirado David Beckham jugaba en el Real Madrid, tenía la costumbre, en las ruedas de prensa, de incluir la expresión “at the end of the day” al principio de todas sus frases, prácticamente a modo de muletilla (bueno a veces variaba y decía: "because, at the end of the day..."), lo que el intérprete o la intérpreta traducía sistemáticamente como “al final del día”, cosa inexplicable si es que conoces o has estudiado con un mínimo de profundidad la lengua que va a ser tu herramienta de trabajo.
“This is at the end of the day an Iraqi-owned area and the US military will give it back…” Es un extracto de un artículo de la sección internacional del The Guardian de hoy, donde se aprecia claramente que “at the end of the day” no es siempre una expresión temporal, sino que equivale en la mayoría de casos a nuestro “después de todo”o “al fin y al cabo”.
No hace falta saber mucho inglés, vamos, para notar que, según en qué contextos, la traducción literal chirría.
La verdad es que no es la primera vez que oigo esa traducción literal horrenda: cuando nuestro admirado David Beckham jugaba en el Real Madrid, tenía la costumbre, en las ruedas de prensa, de incluir la expresión “at the end of the day” al principio de todas sus frases, prácticamente a modo de muletilla (bueno a veces variaba y decía: "because, at the end of the day..."), lo que el intérprete o la intérpreta traducía sistemáticamente como “al final del día”, cosa inexplicable si es que conoces o has estudiado con un mínimo de profundidad la lengua que va a ser tu herramienta de trabajo.
“This is at the end of the day an Iraqi-owned area and the US military will give it back…” Es un extracto de un artículo de la sección internacional del The Guardian de hoy, donde se aprecia claramente que “at the end of the day” no es siempre una expresión temporal, sino que equivale en la mayoría de casos a nuestro “después de todo”o “al fin y al cabo”.
No hace falta saber mucho inglés, vamos, para notar que, según en qué contextos, la traducción literal chirría.
miércoles 5 de marzo de 2008
LEXICOM 2008
Se acaba de abrir la inscripción para el seminario estival de lexicografía que de forma anual viene ofreciendo el IULA, de la Universidad Pompeu Fabra.
Asistí al de hace dos años (el año pasado se canceló a última hora) y fue una experiencia muy buena. Trabajamos durante unos días con lexicógrafos sobre las definiciones y sus problemas. Fue un seminario mínimamente teórico, muy enfocado a la práctica de los conocimientos adquiridos.
Este año dura una semana (10 al 15 de julio) y se imparte en inglés.
Los temas son:
-designing and building text corpora
-software for analyzing corpus data
-designing and using dictionary databases
-Frame Semantics and its application to lexicography
-corpus analysis: discovering word senses, recording contextual information
-writing entries for dictionaries & lexicons
Puede estar muy bien.
Para más info id a la página http://www.iula.upf.edu/agenda/lexicom/index.htm
Asistí al de hace dos años (el año pasado se canceló a última hora) y fue una experiencia muy buena. Trabajamos durante unos días con lexicógrafos sobre las definiciones y sus problemas. Fue un seminario mínimamente teórico, muy enfocado a la práctica de los conocimientos adquiridos.
Este año dura una semana (10 al 15 de julio) y se imparte en inglés.
Los temas son:
-designing and building text corpora
-software for analyzing corpus data
-designing and using dictionary databases
-Frame Semantics and its application to lexicography
-corpus analysis: discovering word senses, recording contextual information
-writing entries for dictionaries & lexicons
Puede estar muy bien.
Para más info id a la página http://www.iula.upf.edu/agenda/lexicom/index.htm
viernes 29 de febrero de 2008
Predecir las dinámicas del cambio lingüístico aplicando fórmulas matemáticas y modelos de simulación computacional
O como confundir la velocidad con el tocino. Primera parte.
Todos aquellos interesados o que estéis estudiando Lingüística histórica, echadle un vistazo a los siguientes resúmenes (el destacado es mío):
Lieberman, E., Michel, J-B, Jackson, J., Tang, T. y Nowak, M. A. (2007): Quantifying the evolutionary dynamics of language, Nature, 449 (7163): 713-716.
http://www.nature.com/nature/journal/v449/n7163/pdf/nature06137.pdf
Abstract
Human language is based on grammatical rules. Cultural evolution allows these rules to change over time. Rules compete with each other: as new rules rise to prominence, old ones die away. To quantify the dynamics of language evolution, we studied the regularization of English verbs over the past 1,200 years. Although an elaborate system of productive conjugations existed in English's proto-Germanic ancestor, Modern English uses the dental suffix, '-ed', to signify past tense. Here we describe the emergence of this linguistic rule amidst the evolutionary decay of its exceptions, known to us as irregular verbs. We have generated a data set of verbs whose conjugations have been evolving for more than a millennium, tracking inflectional changes to 177 Old-English irregular verbs. Of these irregular verbs, 145 remained irregular in Middle English and 98 are still irregular today. We study how the rate of regularization depends on the frequency of word usage. The half-life of an irregular verb scales as the square root of its usage frequency: a verb that is 100 times less frequent regularizes 10 times as fast. Our study provides a quantitative analysis of the regularization process by which ancestral forms gradually yield to an emerging linguistic rule.
Este artículo, y el que viene a continuación, son una muestra de cuáles son los límites en la aplicación lexicoestadística, y en general de los métodos cuantitativos puros, al estudio de las ciencias sociales.
Con la primera afirmación en negrita ya empezamos mal. Aseverar que el cambio lingüístico se produce en el contexto de la evolución cultural es una obviedad aplastante, tanto como decir que el cambio en los tipos de interés se produce en el contexto de la evolución económica. Si, por el contrario, se sugiere que la evolución cultural es el motor del cambio lingüístico, entonces lo mejor que podemos hacer es recomendarles a los autores un buen manual de Lingüística histórica.
Segundo: vemos que es un estudio que se basa en una sola lengua y, por tanto, antes de dar por científicamente válido el supuesto algoritmo de regularización, éste se ha de comprobar en un buen número de otras lenguas. La significación estadística (y el sentido común) establece no sólo cuándo debemos considerar estadísticamente significativos los resultados de nuestra medición (con arreglo al valor P), sino también qué tamaño y qué variabilidad debe tener la muestra poblacional sujeta a análisis para poder extrapolar nuestros resultados a toda la población. Hace falta, pues, analizar la evolución de los verbos irregulares de bastantes más lenguas para poder empezar a decir algo con fundamento.
Tercero: así como la semivida (no sé por qué ven útil aplicar aquí ese término de la biología, la verdad) de un verbo irregular les sale como producto de un algoritmo tan exacto (equivale a la raíz cuadrada de su frecuencia de uso) podría no haberles salido así. ¿Y si les hubiera dado que la semivida de una pieza léxica se extrae de la división de su frecuencia de uso, multiplicado por siete? Lo que quiero decir es que desde el punto de vista lingüístico, ese algoritmo, sea cual sea, es explicativamente nulo: no nos aporta nada, no respalda ninguna hipótesis, sólo cuantifica un fenómeno. Es, por tanto, vacuo respecto de la teoría lingüística: no nos dice nada nuevo sobre los mecanismos de regularización, ni sobre la analogía, ni la ultracorrección, ni la improductividad morfológica.
Cuarto, ¿qué fuentes se han utilizado para establecer la frecuencia de uso de los verbos irregulares ingleses: fuentes escritas, evidentemente. ¿De la presencia de determinados verbos en la literatura o en los textos jurídicos y administrativos podemos inferir la frecuencia del uso efectivo, real, de la calle, de esos verbos? Vuelvo a este punto en el comentario del siguiente artículo.
Pagel, M., Atkinson, Q. D. y Meade, A. (2007): Frequency of word-use predicts rates of lexical evolution throught Indo-European history, Nature, 449 (7163): 717-720.
http://www3.isrl.uiuc.edu/~junwang4/langev/localcopy/pdf/pagel07wordFrequencyNATURE.pdf
Abstract
Greek speakers say "omicronupsilonrho", Germans "schwanz" and the French "queue" to describe what English speakers call a 'tail', but all of these languages use a related form of 'two' to describe the number after one. Among more than 100 Indo-European languages and dialects, the words for some meanings (such as 'tail') evolve rapidly, being expressed across languages by dozens of unrelated words, while others evolve much more slowly--such as the number 'two', for which all Indo-European language speakers use the same related word-form. No general linguistic mechanism has been advanced to explain this striking variation in rates of lexical replacement among meanings. Here we use four large and divergent language corpora (English, Spanish, Russian and Greek) and a comparative database of 200 fundamental vocabulary meanings in 87 Indo-European languages to show that the frequency with which these words are used in modern language predicts their rate of replacement over thousands of years of Indo-European language evolution. Across all 200 meanings, frequently used words evolve at slower rates and infrequently used words evolve more rapidly. This relationship holds separately and identically across parts of speech for each of the four language corpora, and accounts for approximately 50% of the variation in historical rates of lexical replacement. We propose that the frequency with which specific words are used in everyday language exerts a general and law-like influence on their rates of evolution. Our findings are consistent with social models of word change that emphasize the role of selection, and suggest that owing to the ways that humans use language, some words will evolve slowly and others rapidly across all languages.
La primera observación es que la frecuencia con que se usan las palabras “in everyday language” NO equivale y no puede extraerse de la frecuencia con que aparecen en los corpora escritos. Los autores comentan que han utilizado corpora orales también, pero me temo que esos corpora serán más bien escasos, teniendo en cuenta lo reciente de su creación.
Si bien los textos escritos son muy útiles para comprobar qué tipo de vocabulario o estructuras sintácticas son propias de la modalidad escrita de un idioma en determinada época, el uso actual que de la lengua se hace en la calle nunca podrá medirse a partir de esos textos.
Hace poco hablaba en otra entrada de la recursividad lingüística, cuya forma prototípica es el embedding o la inclusión de oraciones dentro de otras ([El libro [que me has regalado] es genial]). Pues bien, la recursividad es un mecanismo más bien inexistente en el lenguaje oral; sin embargo cualquier marciano que estudiara nuestra lengua a partir de los textos escritos creería que la subordinación es la configuración estructural básica del lenguaje humano.
Está claro que, en muchos casos las únicas pruebas de que disponemos para hacer lingüística histórica son escritas, pero es que la reconstrucción lingüística o el método comparativo no necesitan conocer el uso real del léxico. Por tanto, la variable de la que parten para hacer las predicciones (el uso de las palabras) ya cuenta con un problema importante. De hecho no sé si la lexicoestadística debiera llamarse estadística de corpus, más bien.
Segundo: que los resultados indiquen que el 50% de la variación observada es explicable en términos de frecuencia de uso equivale a que NO indiquen nada, porque nos está diciendo que el otro 50% de las palabras analizadas NO se ajusta a ese mecanismo. Es como decir que los españoles somos muy bajitos porque el 50% no llega al metro 60.
Tercero, está muy bien la conclusión del estudio: “Nuestros hallazgos […] indican que algunas palabras evolucionan despacio y otras rápido en todas las lenguas, según los modos en que los seres humanos usamos las lenguas”. ¡Para este viaje no hacían falta esas alforjas!
Pero, lo mejor de todo está en un párrafo del texto completo (visible a través del enlace) que dice: “Given the many social, cultural and cognitive factors that can influence language, it is strinking that word-use frequency alone can explain such a large proportion of the historical variation in rates of evolution”.
Sin comentarios. Yo seguramente escribiría cosas semejantes si tuviera que llevar a cabo una investigación en, pongamos por caso, nanotecnología o biología molecular.
Como resumen, está claro que el cambio lingüístico no es caótico (de hecho, las generalizaciones más robustas, los universales más ampliamente aceptados son los del cambio lingüístico), pero mucho menos es predecible a partir de la aplicación de algoritmos matemáticos y aún muchísimo menos de la aplicación de programas informáticos que simulan situaciones de evolución lingüística en poblaciones de hablantes virtuales (en una próxima entrada). El cambio lingüístico se produce y ha de observarse en el mundo real, no en Second Life, y es producto de un número elevado de variables cualitativas (la más importante e impredecible, la mente humana) que hemos de estudiar contextualizadas e interconectadas, aunque esto no invalida que podamos extraer universales del cambio si las tendencias y los procesos se observan en una cantidad considerable de lenguas. Cuando los autores separan la "frecuencia de uso" del resto de "factores culturales, cognitivos y sociales" es que no están entendiendo los mínimos básicos del estudio del lenguaje.
Todos aquellos interesados o que estéis estudiando Lingüística histórica, echadle un vistazo a los siguientes resúmenes (el destacado es mío):
Lieberman, E., Michel, J-B, Jackson, J., Tang, T. y Nowak, M. A. (2007): Quantifying the evolutionary dynamics of language, Nature, 449 (7163): 713-716.
http://www.nature.com/nature/journal/v449/n7163/pdf/nature06137.pdf
Abstract
Human language is based on grammatical rules. Cultural evolution allows these rules to change over time. Rules compete with each other: as new rules rise to prominence, old ones die away. To quantify the dynamics of language evolution, we studied the regularization of English verbs over the past 1,200 years. Although an elaborate system of productive conjugations existed in English's proto-Germanic ancestor, Modern English uses the dental suffix, '-ed', to signify past tense. Here we describe the emergence of this linguistic rule amidst the evolutionary decay of its exceptions, known to us as irregular verbs. We have generated a data set of verbs whose conjugations have been evolving for more than a millennium, tracking inflectional changes to 177 Old-English irregular verbs. Of these irregular verbs, 145 remained irregular in Middle English and 98 are still irregular today. We study how the rate of regularization depends on the frequency of word usage. The half-life of an irregular verb scales as the square root of its usage frequency: a verb that is 100 times less frequent regularizes 10 times as fast. Our study provides a quantitative analysis of the regularization process by which ancestral forms gradually yield to an emerging linguistic rule.
Este artículo, y el que viene a continuación, son una muestra de cuáles son los límites en la aplicación lexicoestadística, y en general de los métodos cuantitativos puros, al estudio de las ciencias sociales.
Con la primera afirmación en negrita ya empezamos mal. Aseverar que el cambio lingüístico se produce en el contexto de la evolución cultural es una obviedad aplastante, tanto como decir que el cambio en los tipos de interés se produce en el contexto de la evolución económica. Si, por el contrario, se sugiere que la evolución cultural es el motor del cambio lingüístico, entonces lo mejor que podemos hacer es recomendarles a los autores un buen manual de Lingüística histórica.
Segundo: vemos que es un estudio que se basa en una sola lengua y, por tanto, antes de dar por científicamente válido el supuesto algoritmo de regularización, éste se ha de comprobar en un buen número de otras lenguas. La significación estadística (y el sentido común) establece no sólo cuándo debemos considerar estadísticamente significativos los resultados de nuestra medición (con arreglo al valor P), sino también qué tamaño y qué variabilidad debe tener la muestra poblacional sujeta a análisis para poder extrapolar nuestros resultados a toda la población. Hace falta, pues, analizar la evolución de los verbos irregulares de bastantes más lenguas para poder empezar a decir algo con fundamento.
Tercero: así como la semivida (no sé por qué ven útil aplicar aquí ese término de la biología, la verdad) de un verbo irregular les sale como producto de un algoritmo tan exacto (equivale a la raíz cuadrada de su frecuencia de uso) podría no haberles salido así. ¿Y si les hubiera dado que la semivida de una pieza léxica se extrae de la división de su frecuencia de uso, multiplicado por siete? Lo que quiero decir es que desde el punto de vista lingüístico, ese algoritmo, sea cual sea, es explicativamente nulo: no nos aporta nada, no respalda ninguna hipótesis, sólo cuantifica un fenómeno. Es, por tanto, vacuo respecto de la teoría lingüística: no nos dice nada nuevo sobre los mecanismos de regularización, ni sobre la analogía, ni la ultracorrección, ni la improductividad morfológica.
Cuarto, ¿qué fuentes se han utilizado para establecer la frecuencia de uso de los verbos irregulares ingleses: fuentes escritas, evidentemente. ¿De la presencia de determinados verbos en la literatura o en los textos jurídicos y administrativos podemos inferir la frecuencia del uso efectivo, real, de la calle, de esos verbos? Vuelvo a este punto en el comentario del siguiente artículo.
Pagel, M., Atkinson, Q. D. y Meade, A. (2007): Frequency of word-use predicts rates of lexical evolution throught Indo-European history, Nature, 449 (7163): 717-720.
http://www3.isrl.uiuc.edu/~junwang4/langev/localcopy/pdf/pagel07wordFrequencyNATURE.pdf
Abstract
Greek speakers say "omicronupsilonrho", Germans "schwanz" and the French "queue" to describe what English speakers call a 'tail', but all of these languages use a related form of 'two' to describe the number after one. Among more than 100 Indo-European languages and dialects, the words for some meanings (such as 'tail') evolve rapidly, being expressed across languages by dozens of unrelated words, while others evolve much more slowly--such as the number 'two', for which all Indo-European language speakers use the same related word-form. No general linguistic mechanism has been advanced to explain this striking variation in rates of lexical replacement among meanings. Here we use four large and divergent language corpora (English, Spanish, Russian and Greek) and a comparative database of 200 fundamental vocabulary meanings in 87 Indo-European languages to show that the frequency with which these words are used in modern language predicts their rate of replacement over thousands of years of Indo-European language evolution. Across all 200 meanings, frequently used words evolve at slower rates and infrequently used words evolve more rapidly. This relationship holds separately and identically across parts of speech for each of the four language corpora, and accounts for approximately 50% of the variation in historical rates of lexical replacement. We propose that the frequency with which specific words are used in everyday language exerts a general and law-like influence on their rates of evolution. Our findings are consistent with social models of word change that emphasize the role of selection, and suggest that owing to the ways that humans use language, some words will evolve slowly and others rapidly across all languages.
La primera observación es que la frecuencia con que se usan las palabras “in everyday language” NO equivale y no puede extraerse de la frecuencia con que aparecen en los corpora escritos. Los autores comentan que han utilizado corpora orales también, pero me temo que esos corpora serán más bien escasos, teniendo en cuenta lo reciente de su creación.
Si bien los textos escritos son muy útiles para comprobar qué tipo de vocabulario o estructuras sintácticas son propias de la modalidad escrita de un idioma en determinada época, el uso actual que de la lengua se hace en la calle nunca podrá medirse a partir de esos textos.
Hace poco hablaba en otra entrada de la recursividad lingüística, cuya forma prototípica es el embedding o la inclusión de oraciones dentro de otras ([El libro [que me has regalado] es genial]). Pues bien, la recursividad es un mecanismo más bien inexistente en el lenguaje oral; sin embargo cualquier marciano que estudiara nuestra lengua a partir de los textos escritos creería que la subordinación es la configuración estructural básica del lenguaje humano.
Está claro que, en muchos casos las únicas pruebas de que disponemos para hacer lingüística histórica son escritas, pero es que la reconstrucción lingüística o el método comparativo no necesitan conocer el uso real del léxico. Por tanto, la variable de la que parten para hacer las predicciones (el uso de las palabras) ya cuenta con un problema importante. De hecho no sé si la lexicoestadística debiera llamarse estadística de corpus, más bien.
Segundo: que los resultados indiquen que el 50% de la variación observada es explicable en términos de frecuencia de uso equivale a que NO indiquen nada, porque nos está diciendo que el otro 50% de las palabras analizadas NO se ajusta a ese mecanismo. Es como decir que los españoles somos muy bajitos porque el 50% no llega al metro 60.
Tercero, está muy bien la conclusión del estudio: “Nuestros hallazgos […] indican que algunas palabras evolucionan despacio y otras rápido en todas las lenguas, según los modos en que los seres humanos usamos las lenguas”. ¡Para este viaje no hacían falta esas alforjas!
Pero, lo mejor de todo está en un párrafo del texto completo (visible a través del enlace) que dice: “Given the many social, cultural and cognitive factors that can influence language, it is strinking that word-use frequency alone can explain such a large proportion of the historical variation in rates of evolution”.
Sin comentarios. Yo seguramente escribiría cosas semejantes si tuviera que llevar a cabo una investigación en, pongamos por caso, nanotecnología o biología molecular.
Como resumen, está claro que el cambio lingüístico no es caótico (de hecho, las generalizaciones más robustas, los universales más ampliamente aceptados son los del cambio lingüístico), pero mucho menos es predecible a partir de la aplicación de algoritmos matemáticos y aún muchísimo menos de la aplicación de programas informáticos que simulan situaciones de evolución lingüística en poblaciones de hablantes virtuales (en una próxima entrada). El cambio lingüístico se produce y ha de observarse en el mundo real, no en Second Life, y es producto de un número elevado de variables cualitativas (la más importante e impredecible, la mente humana) que hemos de estudiar contextualizadas e interconectadas, aunque esto no invalida que podamos extraer universales del cambio si las tendencias y los procesos se observan en una cantidad considerable de lenguas. Cuando los autores separan la "frecuencia de uso" del resto de "factores culturales, cognitivos y sociales" es que no están entendiendo los mínimos básicos del estudio del lenguaje.
jueves 28 de febrero de 2008
off the record
Steven Pinker, the Harvard cognitive scientist, who wrote admiringly about some of Chomsky’s ideas in his 1994 best-seller, “The Language Instinct,” told me, “There’s a lot of strange stuff going on in the Chomskyan program. He’s a guru, he makes pronouncements that his disciples accept on faith and that he doesn’t feel compelled to defend in the conventional scientific manner. Some of them become accepted within his circle as God’s truth without really being properly evaluated, and, surprisingly for someone who talks about universal grammar, he hasn’t actually done the spadework of seeing how it works in some weird little language that they speak in New Guinea.”
John Colapinto, en The New Yorker (abril 16, 2007)
http://www.newyorker.com/reporting/2007/04/16/070416fa_fact_colapinto?currentPage=all
John Colapinto, en The New Yorker (abril 16, 2007)
http://www.newyorker.com/reporting/2007/04/16/070416fa_fact_colapinto?currentPage=all
miércoles 27 de febrero de 2008
Recursion: what is it for, and how did it emerge?
Espero que seáis condescendientes con la intertextualidad del título, pero es que me va de perlas como epígrafe de lo que viene a continuación.
Hace algunos días dediqué una entrada bastante crítica a la recursividad (On Recursion), donde ponía un poco en duda la centralidad de la misma en la definición del lenguaje humano. Esto no es nada nuevo, el mismo Chomsky, como he comentado en clase de Biolingüística, ya no habla de embedding, sino de unboundedness o unbounded Merge, cuando se refiere a la propiedad más fundamental, más intrínseca, más diferenciadora del lenguaje humano.
Me gustaría aquí argumentar un poco sobre ciertas nociones o, más bien, asunciones, derivadas de los diferentes conceptos de recursividad. De ahí las dos preguntas del título. El primer problema tiene que ver con dónde reside la recursividad, si en el lenguaje y de ahí pasa a impregnar otras capacidades cognitivas, o en nuestra capacidad cognitiva y de ahí se expande al lenguaje (podemos, por ejemplo pensar que ayer pensamos que hoy iba a hacer un buen día, Corballis 2002). De momento, me temo, ninguno de nosotros está en posición de deshacer esa disyuntiva, aunque seguramente nuestra intuición nos incline hacia alguna de las dos posibilidades.
El segundo problema que se nos plantea es cómo contemplar la recursividad, qué grado de importancia otorgarle: ¿es el motor central de la infinitud discreta o sólo uno de los mecanismos que la conforman? Parece que, con el tiempo, en la literatura académica la recursividad ha ido perdiendo posiciones en favor de propiedades más globales de la facultad del lenguaje, como son el uso infinito de medios discretos o la capacidad de desplazamiento (hablar de cosas o hechos no presentes ni en el espacio ni el tiempo).
Para mí, la pregunta más interesante que podemos plantearnos es la siguiente: ¿es la recursividad necesaria para la comunicación?
Propongo de entrada que diferenciemos, al hilo de Hauser et al. 2002, la (RB) recursividad en el sentido amplio, que engloba mecanismos como la iteración (A → A+B) y la sucesión (s (n) = n+1) y que podríamos extender sin problemas a otros sistemas de comunicación o incluso de expresión no comunicativa (codificación biológica, expresión musical, computación matemática), de la recursividad en el sentido estricto (RN), esto es, como embedding (A → A [B]). Sería ésta la clase de recursividad observada en la sintaxis, no expresada en ningún otro sistema comunicativo. Creo que partir de esta diferenciación terminológica nos ahorra mucha confusión.
Aceptada esa distinción, podemos hablar, a mi entender, de cierto grado de RB en los lenguajes animales, si bien hemos de tener en cuenta que (a) los mecanismos recursivos que se encuentran en algunos sistemas de comunicación animal se aplican o reescriben de forma limitada (siendo inexistentes en la mayoría de los casos); (b) se encuadran en sistemas funcionales (stimulus-dependent), no desligables del contexto inmediato (situation-specific) y (c) producen, en algunos casos, un tipo de combinatoria mínima que no podemos comparar con la más tosca sintaxis de nuestros hijos pequeños. Por eso ciertos animales pueden comunicar, tomando el ejemplo de Hockett (1960), PELIGRO o bien COMIDA, pero no comunican COMIDA SIN PELIGRO. Visto lo cual, a mi juicio no es pertinente, porque no soporta ningún tipo de comparación, hablar de recursividad en los sistemas de comunicación animal.
En relación a la emergencia de la recursividad en conexión con el desarrollo de la sintaxis, bueno, decir que hay autores, como Brandon y Hornstein (1986) que argumentan que la capacidad computacional general (the algebraic character of the language faculty) evolucionó claramente como característica favorecedora a partir del proceso de selección natural. Como también dice Lightfoot (2000): “A species able to convey and understand an unbounded number of stimulus-free messages would presumably have had a reproductive advantage in a fluctuating and variable environment. It would have been able to give and receive warnings about a wide range of dangers and predators, and engage in abstractions, for example abstractions about predators which might be present, although not currently visible or audible […] So the fact that an organism has a language faculty allowing unbounded, stimulus-free messages may be explained by selection”.
¿Si estos aspectos computacionales que hacen potencialmente posible la infinitud discreta son productos adaptativos, se sigue de ello que toda la UG es explicable en términos darvinistas? No. De hecho, la RN es una de las propiedades de la UG más controvertidas por lo que se refiere a las fuerzas que motivaron su emergencia. ¿La RN, es selectivamente ventajosa para cualquier especie? La respuesta, obviamente, es no. Puede verse, en todo caso, como un refinamiento exquisito y accesorio de la sintaxis, como un artificio innecesario, si se quiere.
Es más, Givón (1979), Mithun (1984) y Kalmár (1985) aportan datos sobre ciertos pueblos que desconocen la subordinación, con los cuales fundamentan la tesis antiuniformista de que la hipotaxis no está presente en todas las lenguas sino que se correlaciona con el grado de educación (literacy) de las comunidades de hablantes. No es pues, una estructuración básica del lenguaje, aunque todas las lenguas posean los recursos para codificarla. También se dice que hay lenguas que no hacen uso de la RN, como la lengua pirahã (Everett 1986), aunque me temo que esto último sean tan poco relevante para la teoría como argumentar contra la morfología trayendo a colación el chino.
Por otro lado, pocos son los lingüistas hoy en día que se atrevan a decir que la subordinación es un recurso ya presente en la protolengua de nuestros ancestros. En efecto, sólo algunos formalistas eminentes no ven descabellada la hipótesis de que la sintaxis surgiera del mismo modo que Atenea, quien nació de la cabeza de Zeus ya adulta y armada hasta los dientes. Para algunos el embedding es un efecto colateral, un spandrel, un epifenómeno posterior a la exaptación del lenguaje; para otros se trata, más bien, de una complejidad estructural derivada lógicamente de la gradual “sintacticización” del lenguaje.
En cuanto a su función, se ha llegado incluso a cuestionar que la RN sea comunicativamente útil, si no totalmente prescindible (Newmeyer 2004). De hecho, cualquier mensaje que podamos expresar mediante embedding podemos expresarlo también a través de la conjunción de los elementos incrustados. (La pluma sobre el libro en el estante sobre la mesa detrás de la columna = la pluma está sobre el libro, el libro está en el estante, el estante está …).
Hay otros autores que, por el contrario, ven en la RN una clara ventaja, funcionalmente hablando (Jean-Louis Dessalles 2004). Para mí, los defensores de este punto de vista tienen aún que explicar lo paradójico de la RN, a saber, que se trata de un mecanismo que reduce notablemente el gasto expresivo (apañados iríamos si tuviéramos que expresarnos usando sólo la coordinación) a la vez que aumenta de forma bárbara el coste de procesamiento. Efectivamente, la aplicación en cadena del embedding lleva pronto a nuestra memoria operativa a un punto de saturación. “Clara says that Jane claims that Mary believes that I want to marry her”, (¿¿con quién se tiene que casar??) o “Peter´s mother´s brother´s wife´s father”, (¿¿el padre de quién??). En esta misma línea, también Lighfoot (ibid.) comenta que ciertos principios en nuestra UG (los que no permiten la extracción del sujeto de algunas islas, por ejemplo) son claramente disfuncionales o maladaptativos para la comunicación y, sin embargo, existen.
Sí es claramente un recurso efectivo, desde el punto de vista comunicativo, la capacidad de una mínima combinatoria, de una protosintaxis que codifique significados proposicionales básicos que permitan, pongamos por caso, la más rápida huida de los depredadores (OSO DETRÁS DE LA COLINA), una más eficaz recolección de alimentos (MAMUT MUERTO EN EL RÍO) o la mejor gestión de los miembros del grupo por el macho alfa.
¿Por qué, entonces, si la codificación sintáctica de mensajes complejos es una ventaja para cualquier especie, está ausente en todas ellas pese a que algunas poseen ciertas preadaptaciones cognitivas claves para su emergencia? Esta es una de las preguntas que tienen que responder todavía los estudiosos de la evolución del lenguaje.
Hace algunos días dediqué una entrada bastante crítica a la recursividad (On Recursion), donde ponía un poco en duda la centralidad de la misma en la definición del lenguaje humano. Esto no es nada nuevo, el mismo Chomsky, como he comentado en clase de Biolingüística, ya no habla de embedding, sino de unboundedness o unbounded Merge, cuando se refiere a la propiedad más fundamental, más intrínseca, más diferenciadora del lenguaje humano.
Me gustaría aquí argumentar un poco sobre ciertas nociones o, más bien, asunciones, derivadas de los diferentes conceptos de recursividad. De ahí las dos preguntas del título. El primer problema tiene que ver con dónde reside la recursividad, si en el lenguaje y de ahí pasa a impregnar otras capacidades cognitivas, o en nuestra capacidad cognitiva y de ahí se expande al lenguaje (podemos, por ejemplo pensar que ayer pensamos que hoy iba a hacer un buen día, Corballis 2002). De momento, me temo, ninguno de nosotros está en posición de deshacer esa disyuntiva, aunque seguramente nuestra intuición nos incline hacia alguna de las dos posibilidades.
El segundo problema que se nos plantea es cómo contemplar la recursividad, qué grado de importancia otorgarle: ¿es el motor central de la infinitud discreta o sólo uno de los mecanismos que la conforman? Parece que, con el tiempo, en la literatura académica la recursividad ha ido perdiendo posiciones en favor de propiedades más globales de la facultad del lenguaje, como son el uso infinito de medios discretos o la capacidad de desplazamiento (hablar de cosas o hechos no presentes ni en el espacio ni el tiempo).
Para mí, la pregunta más interesante que podemos plantearnos es la siguiente: ¿es la recursividad necesaria para la comunicación?
Propongo de entrada que diferenciemos, al hilo de Hauser et al. 2002, la (RB) recursividad en el sentido amplio, que engloba mecanismos como la iteración (A → A+B) y la sucesión (s (n) = n+1) y que podríamos extender sin problemas a otros sistemas de comunicación o incluso de expresión no comunicativa (codificación biológica, expresión musical, computación matemática), de la recursividad en el sentido estricto (RN), esto es, como embedding (A → A [B]). Sería ésta la clase de recursividad observada en la sintaxis, no expresada en ningún otro sistema comunicativo. Creo que partir de esta diferenciación terminológica nos ahorra mucha confusión.
Aceptada esa distinción, podemos hablar, a mi entender, de cierto grado de RB en los lenguajes animales, si bien hemos de tener en cuenta que (a) los mecanismos recursivos que se encuentran en algunos sistemas de comunicación animal se aplican o reescriben de forma limitada (siendo inexistentes en la mayoría de los casos); (b) se encuadran en sistemas funcionales (stimulus-dependent), no desligables del contexto inmediato (situation-specific) y (c) producen, en algunos casos, un tipo de combinatoria mínima que no podemos comparar con la más tosca sintaxis de nuestros hijos pequeños. Por eso ciertos animales pueden comunicar, tomando el ejemplo de Hockett (1960), PELIGRO o bien COMIDA, pero no comunican COMIDA SIN PELIGRO. Visto lo cual, a mi juicio no es pertinente, porque no soporta ningún tipo de comparación, hablar de recursividad en los sistemas de comunicación animal.
En relación a la emergencia de la recursividad en conexión con el desarrollo de la sintaxis, bueno, decir que hay autores, como Brandon y Hornstein (1986) que argumentan que la capacidad computacional general (the algebraic character of the language faculty) evolucionó claramente como característica favorecedora a partir del proceso de selección natural. Como también dice Lightfoot (2000): “A species able to convey and understand an unbounded number of stimulus-free messages would presumably have had a reproductive advantage in a fluctuating and variable environment. It would have been able to give and receive warnings about a wide range of dangers and predators, and engage in abstractions, for example abstractions about predators which might be present, although not currently visible or audible […] So the fact that an organism has a language faculty allowing unbounded, stimulus-free messages may be explained by selection”.
¿Si estos aspectos computacionales que hacen potencialmente posible la infinitud discreta son productos adaptativos, se sigue de ello que toda la UG es explicable en términos darvinistas? No. De hecho, la RN es una de las propiedades de la UG más controvertidas por lo que se refiere a las fuerzas que motivaron su emergencia. ¿La RN, es selectivamente ventajosa para cualquier especie? La respuesta, obviamente, es no. Puede verse, en todo caso, como un refinamiento exquisito y accesorio de la sintaxis, como un artificio innecesario, si se quiere.
Es más, Givón (1979), Mithun (1984) y Kalmár (1985) aportan datos sobre ciertos pueblos que desconocen la subordinación, con los cuales fundamentan la tesis antiuniformista de que la hipotaxis no está presente en todas las lenguas sino que se correlaciona con el grado de educación (literacy) de las comunidades de hablantes. No es pues, una estructuración básica del lenguaje, aunque todas las lenguas posean los recursos para codificarla. También se dice que hay lenguas que no hacen uso de la RN, como la lengua pirahã (Everett 1986), aunque me temo que esto último sean tan poco relevante para la teoría como argumentar contra la morfología trayendo a colación el chino.
Por otro lado, pocos son los lingüistas hoy en día que se atrevan a decir que la subordinación es un recurso ya presente en la protolengua de nuestros ancestros. En efecto, sólo algunos formalistas eminentes no ven descabellada la hipótesis de que la sintaxis surgiera del mismo modo que Atenea, quien nació de la cabeza de Zeus ya adulta y armada hasta los dientes. Para algunos el embedding es un efecto colateral, un spandrel, un epifenómeno posterior a la exaptación del lenguaje; para otros se trata, más bien, de una complejidad estructural derivada lógicamente de la gradual “sintacticización” del lenguaje.
En cuanto a su función, se ha llegado incluso a cuestionar que la RN sea comunicativamente útil, si no totalmente prescindible (Newmeyer 2004). De hecho, cualquier mensaje que podamos expresar mediante embedding podemos expresarlo también a través de la conjunción de los elementos incrustados. (La pluma sobre el libro en el estante sobre la mesa detrás de la columna = la pluma está sobre el libro, el libro está en el estante, el estante está …).
Hay otros autores que, por el contrario, ven en la RN una clara ventaja, funcionalmente hablando (Jean-Louis Dessalles 2004). Para mí, los defensores de este punto de vista tienen aún que explicar lo paradójico de la RN, a saber, que se trata de un mecanismo que reduce notablemente el gasto expresivo (apañados iríamos si tuviéramos que expresarnos usando sólo la coordinación) a la vez que aumenta de forma bárbara el coste de procesamiento. Efectivamente, la aplicación en cadena del embedding lleva pronto a nuestra memoria operativa a un punto de saturación. “Clara says that Jane claims that Mary believes that I want to marry her”, (¿¿con quién se tiene que casar??) o “Peter´s mother´s brother´s wife´s father”, (¿¿el padre de quién??). En esta misma línea, también Lighfoot (ibid.) comenta que ciertos principios en nuestra UG (los que no permiten la extracción del sujeto de algunas islas, por ejemplo) son claramente disfuncionales o maladaptativos para la comunicación y, sin embargo, existen.
Sí es claramente un recurso efectivo, desde el punto de vista comunicativo, la capacidad de una mínima combinatoria, de una protosintaxis que codifique significados proposicionales básicos que permitan, pongamos por caso, la más rápida huida de los depredadores (OSO DETRÁS DE LA COLINA), una más eficaz recolección de alimentos (MAMUT MUERTO EN EL RÍO) o la mejor gestión de los miembros del grupo por el macho alfa.
¿Por qué, entonces, si la codificación sintáctica de mensajes complejos es una ventaja para cualquier especie, está ausente en todas ellas pese a que algunas poseen ciertas preadaptaciones cognitivas claves para su emergencia? Esta es una de las preguntas que tienen que responder todavía los estudiosos de la evolución del lenguaje.
miércoles 20 de febrero de 2008
Lingüística Forense
He pensado que puede ser interesante para alguien saber que ya se ha ofertado el próximo Diploma en Lingüística Forense (Lenguaje Jurídico y Judicial) del IDEC, en la Universitat Pompeu Fabra.
Según el correo que he recibido, éste se inicia el próximo 10 de marzo y está formado por los siguientes cursos de posgrado (a los que puedes matricularte de forma independiente):
Curso de posgrado de Lengua y Derecho
Calendario: del 10 al 15 de marzo de 2008
Curso de posgrado de Marcas Registradas y Patentes
Calendario: del 19 al 24 de mayo de 2008
Curso de posgrado de Mediación Lingüística Forense
Calendario: del 14 al 19 de julio de 2008
Este nuevo diploma es parte del Máster en Lingüística Forense. Como veis son cursos de postgrado intensivos: duran una semana (de lunes a sábado) y son de mañana y tarde. Esto es una ventaja.
El lugar está muy bien situado (la sede de la Pompeu Fabra en la calle Balmes) y las aulas están informatizadas (hay un ordenador por alumno). Los grupos son muy reducidos y el personal docente está muy cualificado. Además, te dan un buen material de estudio. Es una oportunidad muy interesante para introducirse en la Lingüística forense (subdisciplina que falta clamorosamente en nuestro currículo académico).
¡Yo no formo parte de la Pompeu Fabra ni tengo ningún familiar allí!, sólo hice el primer diploma y me gustó mucho la experiencia. De hecho, me he inscrito al curso de marcas y patentes.
Podéis ampliar la información en: www.idec.upf.edu/dlifj
Según el correo que he recibido, éste se inicia el próximo 10 de marzo y está formado por los siguientes cursos de posgrado (a los que puedes matricularte de forma independiente):
Curso de posgrado de Lengua y Derecho
Calendario: del 10 al 15 de marzo de 2008
Curso de posgrado de Marcas Registradas y Patentes
Calendario: del 19 al 24 de mayo de 2008
Curso de posgrado de Mediación Lingüística Forense
Calendario: del 14 al 19 de julio de 2008
Este nuevo diploma es parte del Máster en Lingüística Forense. Como veis son cursos de postgrado intensivos: duran una semana (de lunes a sábado) y son de mañana y tarde. Esto es una ventaja.
El lugar está muy bien situado (la sede de la Pompeu Fabra en la calle Balmes) y las aulas están informatizadas (hay un ordenador por alumno). Los grupos son muy reducidos y el personal docente está muy cualificado. Además, te dan un buen material de estudio. Es una oportunidad muy interesante para introducirse en la Lingüística forense (subdisciplina que falta clamorosamente en nuestro currículo académico).
¡Yo no formo parte de la Pompeu Fabra ni tengo ningún familiar allí!, sólo hice el primer diploma y me gustó mucho la experiencia. De hecho, me he inscrito al curso de marcas y patentes.
Podéis ampliar la información en: www.idec.upf.edu/dlifj
sábado 16 de febrero de 2008
¿Recategorización, conversión o derivación cero?
Según Bauer (1998), algunos autores postulan que en los casos de dobletes homófonos como deer (sing.) deer (plural) o fish (sing.) fish (plural) hayamos en realidad lo que denominan un morfo cero de plural, es decir, un morfema de plural que carece ocasionalmente de morfo (cuando el paradigma flexivo de plural en inglés se expresa mediante varios alomorfos).
La ceromorfia es un fenómeno recogido por Eugene Nida en su texto Morphology (1965) como uno de los principios de la morfología: “a morpheme may have zero as one of its allomorphs provided it has a non-zero allomorph”. Esto es, no podemos establecer un morfo cero a menos que éste contraste con un alomorfo realizado fonológicamente. En japonés, donde sakana significa pescado tanto en singular como en plural no podemos establecer un cero alomórfico de plural *sakana-Ø, puesto que en esa lengua el supuesto –ØPL no contrasta con alomorfo alguno.
Asimismo, ya que en la mayoría de cambios de categoría de adjetivo a verbo se observa en inglés un proceso derivativo mediante la adición del afijo –ise (legal > to legal-ise), algunos autores sostienen que casos como empty > to empty o fool > to fool deben ser incluidos también como ejemplos de lo que denominan derivación cero (zero-derivation). La existencia de un morfo cero se marcará así: to empty-Ø.
Si bien parece que la existencia de morfos cero es aceptada ampliamente por lo que se refiere a la morfología flexiva (cero alomórfico de plural), no está tan clara en casos de morfología derivativa. Bauer lo ejemplifica con round (adv), round (adj) y round (sust), y afirma que después de establecer alguna de estas formas como básica u originaria (pongamos por caso que fuera el nombre) deberíamos conceder que las otras dos poseen un morfo cero que marca su categoría, aunque ese morfo cero no contraste con ningún otro alomorfo paradigmático, como hemos visto en el caso de deer-ØPL. Por esta razón, concluye Bauer, se prefiere en estos casos la denominación de conversion (conversión) o functional shift (recategorización) a la de derivación cero.
Aronoff (2005), por su parte, equipara la zero-derivation a la recategorización gramatical en la medida que: “[zero-derivation] changes the lexical category of a word without changing its phonological shape”, lo que prácticamente iguala este procedimiento derivacional a la transcategorización pospuesta por Tesnière.
En palabras de López García: “la transposición es un recurso sintáctico destinado no a la creación de nuevas unidades léxicas sino a la capacitación de unidades léxicas o semánticas [ya existentes] para que funcionen como sustantivos, adjetivos o adverbios”, (adj>sust esférico>el esférico, v>sust andar> el andar, adj>adv limpio>jugar limpio). En vista de esto, no podemos menos de entender la recategorización como proceso "derivativo" un tanto peculiar, en la medida que altera la categoría léxica de la unidad primitiva sin alterar su forma mediante la adición de afijo alguno.
Aronoff continúa su análisis estableciendo una clasificación de los verbos denominales formados por derivación cero según su semántica, clasificación que toma de Clark y Clark (1979) y que extendemos aquí con otras categorías tomadas de Jackendoff (2002):
-Locación
Poner N sobre: blanket, saddle, roof, shelve, plate
Poner N en: butter, water, paint
Sacar N de: dust, scale, skin
Poner dentro de N: pocket, bottle
Mantener dentro de N: ground, cellar, kennel
-Duración
Pasar la duración de N: vacation, summer, weekend
-Agente
Actuar como N: pilot, referee, jockey
-Meta
Convertir en N: Fol., baby, cripple, powder
-Instrumento
Usar N: ship, blue, tape, staple, shampoo, fork, nail
(Aronoff incluye además algunos interesantes ejemplos de verbos eponímicos obtenidos a través de derivación cero, como lynch -linchar- que proviene de William Lynch, o boycott -boicotear- que proviene de Charles C. Boycott.)
Sin embargo, en la literatura peninsular abundan los especialistas que ven en la derivación cero un fenómeno morfológico donde es el tema, y no a la palabra, el que resulta inalterado formalmente.
Autores como Badia (1962) ya hablan de la derivación cero como proceso semántico de habilitación, que consiste en el hecho de que una palabra cambie de categoría gramatical sin alterar su forma.
Dentro de este proceso Badia incluye lo que él denomina lexicalizaciones de formas no personales del verbo (el berenar, el sopar, el bullit, el brodat), ciertas recategorizaciones (el uso de un adjetivo como un adverbio, por ejemplo parlar alt) y la creación de sustantivos deverbales (ajudar>ajut, dubtar>dubte). Vemos que en este último apartado, al contrario de los otros dos, no se mantiene la forma de la palabra (ni siquiera la del tema) y, por tanto, no cumple con su propia descripción de habilitación.
Tampoco Cabré (GCC) coincide con los autores anglosajones respecto a la derivación cero, ya que la caracteriza como fenómeno morfológico que cabe distinguir de otros procesos de formación de palabras donde la forma de las mismas no se ve afectada, como son:
-los procesos semánticos de extensión denotativa por metáfora o metonimia (virus informático, bucle de ADN)*.
-las lexicalizaciones de las formas no personales del verbo (la sortida).
-las reducciones (un cigar havà>un havà).
-los cambios de categoría (nombre a adjetivo: clau, adjetivo a nombre: imperdible, adjetivo a adverbio: net).
Para esta autora, la derivación cero en catalán es muy poco productiva, siendo los únicos casos los nombres deverbales (xisclar>xiscle, marejar>mareig), (nótese que para otros autores esto es formación regresiva), los verbos denominales (fum>fumar, glaς>glaςar) y los verbos deadjetivales (xop>xopar, exempt>exemptar).
Pena (GDLE) por su parte, no consideraría algunos de los ejemplos que expone Cabré como casos de derivación cero, en tanto en cuanto implican un cambio en la vocal del tema. Para Pena, la derivación cero o conversión se circunscribe exclusivamente a aquellos procesos donde el tema (incluida la vocal final) permanece inalterado:
-de sustantivo a verbo: ficha > ficha-r, lija >lija-r
-de verbo a sustantivo: ayuda-r> ayuda, compra-r>compra
Asimismo, este autor trata los morfos cero como un fenómeno propio de la morfología flexiva, que afecta a la segmentación fonémica de la palabra en morfos y a la asignación de estos como alomorfos a los morfemas propios de cada paradigma. Pena retoma en su análisis el caso del morfo cero de plural con que iniciamos la discusión:
"En casa-s y cordel-es están los alomorfos –s y –es que representan el plural, pero en crisis o caries donde la misma forma puede representar tanto al singular como al plural, el morfema de plural no está representado por nada. Para seguir manteniendo en el análisis el paralelismo entre el significante y el significado se recurre al morfo cero: crisis-Ø, caries-Ø, y del morfo cero se dice que es un alomorfo más de plural, junto con los alomorfos –s y –es.”
Obsérvese que, además de las formas acabadas en –s y que, por tanto, permanecen inalteradas tanto en singular como en plural (la crisis, las crisis-ØPL), el idioma español nos presenta otro problema: el de los pluralia tántum o palabras que se realizan sólo en plural (celos, apuros, ganas, provisiones). En estos casos no podemos alegar la existencia de un morfo cero de singular, sino que estaríamos hablando de lo que Mascaró (GCC) denomina defectivitat de la forma de singular:
"En la flexió es dóna un cas especial quan una o més d´una de les formes del paradigma són absents. Anomenem aquest fenomen defectivitat. Així, un nom com afores és defectiu respecte al singular perquè només s´usa en plural".
No debemos confundir, sin embargo, la defectividad de la forma singular en esos casos concretos con lo que Nida califica como cero morfológico, que sería en español la ausencia sistemática del morfo de singular, ya que nuestro idioma no realiza ese morfema.
De lo expuesto hasta aquí se desprende que responder a la pregunta del epígrafe es harto difícil, cosa que queda demostrada si comparamos los enfoques de varios autores. ¿De qué hablan entonces cuando hablan de derivación cero? ¿A qué se refieren específicamente?
Suscribo las palabras de Bosque (1982) cuando argumenta que es tan controvertido establecer un morfema sin morfo como un morfo sin morfema y añado que, muchas veces, como se ha observado, los especialistas se meten en camisas de once varas al intentar dar una explicación razonable a ese fenómeno.
Sin duda, el estudio sincrónico de un dominio diacrónicamente tan cambiante como es la morfología es un hándicap que hemos de tener en cuenta a la hora de interpretar los fenómenos que se dan en él. Bosque, de hecho, llega a dudar de que se pueda hacer una morfología sincrónica, es decir, un análisis morfológico que no tenga en cuenta la evolución de la lengua y los cambios que se producen en la misma.
En este sentido, es interesante que ciertos autores se hayan preguntado qué hacer con la “basura lingüística” (Lass: linguistic junk; Rudes: linguistic left-overs), es decir, la cantidad ingente de morfemas que han perdido su contenido semántico o su función morfosintáctica como resultado del cambio lingüístico, y que se mantienen como “functionless strings of morphemes floating around in the system” (Aronoff ibid.).
El mismo Lass, por cierto, fue el que se apropió del término biológico “exaptación” para aplicarlo precisamente al fenómeno mediante el cual morfemas desemantizados que ya no son productivos vuelven a reclutarse para llevar a cabo una nueva función.
Pero este es tema para otra entrada. De momento, dejo en el aire la pregunta inicial, a ver si a alguien le sugiere investigar un poco y hacer un buen trabajo.
La ceromorfia es un fenómeno recogido por Eugene Nida en su texto Morphology (1965) como uno de los principios de la morfología: “a morpheme may have zero as one of its allomorphs provided it has a non-zero allomorph”. Esto es, no podemos establecer un morfo cero a menos que éste contraste con un alomorfo realizado fonológicamente. En japonés, donde sakana significa pescado tanto en singular como en plural no podemos establecer un cero alomórfico de plural *sakana-Ø, puesto que en esa lengua el supuesto –ØPL no contrasta con alomorfo alguno.
Asimismo, ya que en la mayoría de cambios de categoría de adjetivo a verbo se observa en inglés un proceso derivativo mediante la adición del afijo –ise (legal > to legal-ise), algunos autores sostienen que casos como empty > to empty o fool > to fool deben ser incluidos también como ejemplos de lo que denominan derivación cero (zero-derivation). La existencia de un morfo cero se marcará así: to empty-Ø.
Si bien parece que la existencia de morfos cero es aceptada ampliamente por lo que se refiere a la morfología flexiva (cero alomórfico de plural), no está tan clara en casos de morfología derivativa. Bauer lo ejemplifica con round (adv), round (adj) y round (sust), y afirma que después de establecer alguna de estas formas como básica u originaria (pongamos por caso que fuera el nombre) deberíamos conceder que las otras dos poseen un morfo cero que marca su categoría, aunque ese morfo cero no contraste con ningún otro alomorfo paradigmático, como hemos visto en el caso de deer-ØPL. Por esta razón, concluye Bauer, se prefiere en estos casos la denominación de conversion (conversión) o functional shift (recategorización) a la de derivación cero.
Aronoff (2005), por su parte, equipara la zero-derivation a la recategorización gramatical en la medida que: “[zero-derivation] changes the lexical category of a word without changing its phonological shape”, lo que prácticamente iguala este procedimiento derivacional a la transcategorización pospuesta por Tesnière.
En palabras de López García: “la transposición es un recurso sintáctico destinado no a la creación de nuevas unidades léxicas sino a la capacitación de unidades léxicas o semánticas [ya existentes] para que funcionen como sustantivos, adjetivos o adverbios”, (adj>sust esférico>el esférico, v>sust andar> el andar, adj>adv limpio>jugar limpio). En vista de esto, no podemos menos de entender la recategorización como proceso "derivativo" un tanto peculiar, en la medida que altera la categoría léxica de la unidad primitiva sin alterar su forma mediante la adición de afijo alguno.
Aronoff continúa su análisis estableciendo una clasificación de los verbos denominales formados por derivación cero según su semántica, clasificación que toma de Clark y Clark (1979) y que extendemos aquí con otras categorías tomadas de Jackendoff (2002):
-Locación
Poner N sobre: blanket, saddle, roof, shelve, plate
Poner N en: butter, water, paint
Sacar N de: dust, scale, skin
Poner dentro de N: pocket, bottle
Mantener dentro de N: ground, cellar, kennel
-Duración
Pasar la duración de N: vacation, summer, weekend
-Agente
Actuar como N: pilot, referee, jockey
-Meta
Convertir en N: Fol., baby, cripple, powder
-Instrumento
Usar N: ship, blue, tape, staple, shampoo, fork, nail
(Aronoff incluye además algunos interesantes ejemplos de verbos eponímicos obtenidos a través de derivación cero, como lynch -linchar- que proviene de William Lynch, o boycott -boicotear- que proviene de Charles C. Boycott.)
Sin embargo, en la literatura peninsular abundan los especialistas que ven en la derivación cero un fenómeno morfológico donde es el tema, y no a la palabra, el que resulta inalterado formalmente.
Autores como Badia (1962) ya hablan de la derivación cero como proceso semántico de habilitación, que consiste en el hecho de que una palabra cambie de categoría gramatical sin alterar su forma.
Dentro de este proceso Badia incluye lo que él denomina lexicalizaciones de formas no personales del verbo (el berenar, el sopar, el bullit, el brodat), ciertas recategorizaciones (el uso de un adjetivo como un adverbio, por ejemplo parlar alt) y la creación de sustantivos deverbales (ajudar>ajut, dubtar>dubte). Vemos que en este último apartado, al contrario de los otros dos, no se mantiene la forma de la palabra (ni siquiera la del tema) y, por tanto, no cumple con su propia descripción de habilitación.
Tampoco Cabré (GCC) coincide con los autores anglosajones respecto a la derivación cero, ya que la caracteriza como fenómeno morfológico que cabe distinguir de otros procesos de formación de palabras donde la forma de las mismas no se ve afectada, como son:
-los procesos semánticos de extensión denotativa por metáfora o metonimia (virus informático, bucle de ADN)*.
-las lexicalizaciones de las formas no personales del verbo (la sortida).
-las reducciones (un cigar havà>un havà).
-los cambios de categoría (nombre a adjetivo: clau, adjetivo a nombre: imperdible, adjetivo a adverbio: net).
Para esta autora, la derivación cero en catalán es muy poco productiva, siendo los únicos casos los nombres deverbales (xisclar>xiscle, marejar>mareig), (nótese que para otros autores esto es formación regresiva), los verbos denominales (fum>fumar, glaς>glaςar) y los verbos deadjetivales (xop>xopar, exempt>exemptar).
Pena (GDLE) por su parte, no consideraría algunos de los ejemplos que expone Cabré como casos de derivación cero, en tanto en cuanto implican un cambio en la vocal del tema. Para Pena, la derivación cero o conversión se circunscribe exclusivamente a aquellos procesos donde el tema (incluida la vocal final) permanece inalterado:
-de sustantivo a verbo: ficha > ficha-r, lija >lija-r
-de verbo a sustantivo: ayuda-r> ayuda, compra-r>compra
Asimismo, este autor trata los morfos cero como un fenómeno propio de la morfología flexiva, que afecta a la segmentación fonémica de la palabra en morfos y a la asignación de estos como alomorfos a los morfemas propios de cada paradigma. Pena retoma en su análisis el caso del morfo cero de plural con que iniciamos la discusión:
"En casa-s y cordel-es están los alomorfos –s y –es que representan el plural, pero en crisis o caries donde la misma forma puede representar tanto al singular como al plural, el morfema de plural no está representado por nada. Para seguir manteniendo en el análisis el paralelismo entre el significante y el significado se recurre al morfo cero: crisis-Ø, caries-Ø, y del morfo cero se dice que es un alomorfo más de plural, junto con los alomorfos –s y –es.”
Obsérvese que, además de las formas acabadas en –s y que, por tanto, permanecen inalteradas tanto en singular como en plural (la crisis, las crisis-ØPL), el idioma español nos presenta otro problema: el de los pluralia tántum o palabras que se realizan sólo en plural (celos, apuros, ganas, provisiones). En estos casos no podemos alegar la existencia de un morfo cero de singular, sino que estaríamos hablando de lo que Mascaró (GCC) denomina defectivitat de la forma de singular:
"En la flexió es dóna un cas especial quan una o més d´una de les formes del paradigma són absents. Anomenem aquest fenomen defectivitat. Així, un nom com afores és defectiu respecte al singular perquè només s´usa en plural".
No debemos confundir, sin embargo, la defectividad de la forma singular en esos casos concretos con lo que Nida califica como cero morfológico, que sería en español la ausencia sistemática del morfo de singular, ya que nuestro idioma no realiza ese morfema.
De lo expuesto hasta aquí se desprende que responder a la pregunta del epígrafe es harto difícil, cosa que queda demostrada si comparamos los enfoques de varios autores. ¿De qué hablan entonces cuando hablan de derivación cero? ¿A qué se refieren específicamente?
Suscribo las palabras de Bosque (1982) cuando argumenta que es tan controvertido establecer un morfema sin morfo como un morfo sin morfema y añado que, muchas veces, como se ha observado, los especialistas se meten en camisas de once varas al intentar dar una explicación razonable a ese fenómeno.
Sin duda, el estudio sincrónico de un dominio diacrónicamente tan cambiante como es la morfología es un hándicap que hemos de tener en cuenta a la hora de interpretar los fenómenos que se dan en él. Bosque, de hecho, llega a dudar de que se pueda hacer una morfología sincrónica, es decir, un análisis morfológico que no tenga en cuenta la evolución de la lengua y los cambios que se producen en la misma.
En este sentido, es interesante que ciertos autores se hayan preguntado qué hacer con la “basura lingüística” (Lass: linguistic junk; Rudes: linguistic left-overs), es decir, la cantidad ingente de morfemas que han perdido su contenido semántico o su función morfosintáctica como resultado del cambio lingüístico, y que se mantienen como “functionless strings of morphemes floating around in the system” (Aronoff ibid.).
El mismo Lass, por cierto, fue el que se apropió del término biológico “exaptación” para aplicarlo precisamente al fenómeno mediante el cual morfemas desemantizados que ya no son productivos vuelven a reclutarse para llevar a cabo una nueva función.
Pero este es tema para otra entrada. De momento, dejo en el aire la pregunta inicial, a ver si a alguien le sugiere investigar un poco y hacer un buen trabajo.
domingo 27 de enero de 2008
distress fetal
Ayer vi el capítulo donde la doctora Stevens (Izzie) atiende a una embarazada de quintillizas. Después de monitorizar a la madre le comenta que la tendrán que intervenir porque los bebés no están bien: hay “distress fetal” (de toda la vida de Dios "sufrimiento fetal").
¿Por qué hay cada día más términos ingleses vertidos en las traducciones, en los textos médicos españoles o recogidos en los diccionarios de medicina, cuando nuestro idioma (cualquier idioma) está perfectamente capacitado para crear los términos correspondientes?
Una de las explicaciones que encuentro es que nadie se molesta en traducirlos convenientemente al español y, con el transcurrir del tiempo, el término inglés acaba instalándose cómodamente en la literatura médica. Y es que no puede negarse que hay cierta desidia hacia las tareas lingüísticas por parte de los profesionales de la medicina y cierto gusto por adornar el discurso con palabras en inglés, cosa que parece dotar al que escribe de un plus de estatus cultural. ¿Cómo se explica, si no, la aparición cada vez más frecuente del término rash en los artículos médicos, si toda la vida se ha llamado exantema o prurito? ¿Por qué hemos terminado llamado bypass a una derivación? ¿Por qué escribe un médico que el latido cardíaco de un paciente se acompaña de un thrill, cuando quiere decir frémito?
Está claro que en muchos casos se utiliza el término inglés para no recurrir a la paráfrasis española, cosa que puedo entender hasta cierto punto:
dumping por síndrome de evacuación gástrica rápida
shock por síndrome de insuficiencia cardiorespiratoria
show por descarga mucosanguinolenta preparto
Otro fenómeno muy común es no traducir las técnicas o instrumentos:
shunt por desviación, derivación o cortocircuito
stent por endoprótesis vascular
spud por aguja roma para extraer cuerpo extraños de la córnea del ojo
Los siguientes son ejemplos extraídos de la revista de medicina Jano:
"La ausencia de respiración (apnea) o la aparición de gasping son signos que indican la necesidad de intervención". (por jadeo)
"El drop-attack es una entidad rara". (por episodio de caída)
"La mortalidad hospitalaria de los pacientes que ingresan por una exacerbación es del 10% y los outcomes a medio plazo no son buenos". (por pronósticos)
"Los ratones desarrollan un cuadro clínico con manifestaciones autoinmunes generalizadas similares al LES (lupus eritematoso sistémico), denominado lupus-like". (por lupoide o lupiforme)
"El paciente presentaba pitting ungueal". (por edema)
Hoy en día, la investigación de calidad tiene que escribirse en inglés, si se quiere dar a conocer fuera de las fronteras nacionales. De igual manera, cualquier médico que quiera documentarse sobre algún tema específico, tendrá que saber leer en inglés.
Navarro, quizás el mejor traductor médico de la actualidad, comenta en un artículo suyo publicado en Panace@:
"El genio de la lengua inglesa, se oye con cierta frecuencia, se presta de forma admirable para la expresión de la ciencia. Se admite de forma general, en efecto, que el inglés se ha convertido en el idioma internacional de la medicina gracias a sus características intrínsecas de sencillez y claridad, que lo hacen especialmente apto para la comunicación científica. (…) Idénticas pretensiones de superioridad se adujeron para justificar la preponderancia del español en el Renacimiento, la del francés durante la Ilustración, o la del alemán a finales del siglo XIX".
Aunque para muchos la influencia del inglés en el lenguaje médico se limite al préstamo abusivo de vocablos (cosa inexplicable, por otro lado, si tenemos en cuenta que en español existen y se han usado tradicionalmente otros términos para designar los mismos conceptos) lo cierto es que la presencia del inglés se deja notar también en el plano ortográfico y sintáctico.
Entre los anglicismos ortográficos tenemos (en ese mismo artículo):
Amfetamina (amphetamine)
Colorectal (colorectal )
Halucinación (hallucination)
Hematopoiesis (hematopoiesis)
Linfokina (linphokine)
Masage (massage)
Mobilidad (mobility)
Estaphylococo (staphylococcus)
La ausencia de tilde es cada vez más normal:
Diplopia
Catatonia
Osteitis
Proteina
glucogenolisis
La sustitución creciente de palabras usadas habitualmente en español, por otras notablemente anglicadas:
resucitación por reanimación
costoeficaz por rentable
severidad por gravedad
evidencia por datos o indicios
consistente por concluyente o sólido
trauma por traumatismo
vírico por viral
altamente por muy
En cuanto a la voz pasiva, la pasiva perifrástica está alcanzado niveles alarmantes de uso en los textos de medicina en nuestro país.
"Los enfermos fueron seleccionados por los investigadores".
cuando es mucho más natural decir
"Se seleccionó a los pacientes"
o
"Los investigadores seleccionaron a los pacientes"
Los médicos se atreven incluso con la perifrástica con agente inglesa, produciendo engendros tal que este:
"intentos han sido hechos por los científicos de desarrollar una vacuna…"
Otro tipo de construcciones anglicadas son la personalización de sujetos inanimados:
"Penicilina demostró una evolución progresiva entre los pacientes"
por "se ha demostrado que la penicilina…"
"La monitorización se ha demostrado útil en todos los casos"
por "se ha demostrado que la monitorización…"
También es normal la eliminación de los artículos:
“Escabiosis en lactante”
O la traducción literal del "with or without":
"crisis motoras de marcha con o sin generalización secundaria"
por "risis motoras de marcha con generalización secundaria o sin ella"
Sin olvidar el uso incorrecto del gerundio, que Gustavo Mendiluce Cabrera (también en Panace@) ha bautizado irónicamente como “gerundio médico”. En un artículo dedicado al estudio de este fenómeno lingüístico, el autor afirma:
"Pero si tenemos que destacar un tipo de gerundio como distintivo y caracterizador de los artículos médicos ése es el gerundio copulativo o ilativo. No quiere decir que sea el gerundio exclusivo ni el más frecuente en los textos médicos, pero sí podemos decir que es en ellos donde brilla con luz propia. Y por eso nos atrevemos a llamarlo gerundio médico”.
Y pone el siguiente ejemplo, digno de enmarcar:
"La afectación diastólica en la acromegalia es muy frecuente, apareciendo prácticamente en la totalidad de los pacientes con enfermedad evolucionada, siendo probablemente secundaria a los cambios histológicos que se producen en el corazón de estos pacientes".
Parece que la mayoría de médicos creen que la conjunción copulativa es ordinaria o vulgar, así que atiborran sus artículos de gerundios, para que sean más altisonantes y ornamentales, sin darse cuenta que el efecto de una lectura donde cada cuatro líneas hay un gerundio es cargante, agramatical y angloide.
Gustavo Mendiluce concluye su artículo con la siguiente reflexión:
"¿Soluciones? Todo pasa, a nuestro modo de ver, por un cambio de mentalidad. A corto plazo, por un despertar de la conciencia lingüística de los médicos -¡ay, ese divorcio entre las ciencias y las letras españolas!- (…). A largo plazo, por una reetructuración de los planes de estudio universitarios, que deberían incluir cursos de redacción técnica y científica".
¡Tiene más razón que un santo!
Los dos artículos citados son
Mendiluce Cabrera, G. (2002): “El gerundio médico”, Panace@, 3 (7): 74-78 http://tremedica.org/panacea/IndiceGeneral/n7_Mendiluce.pdf
y
Navarro, F. (2001): "El inglés, idioma internacional de la medicina", Panace@, 2 (3): 25-51
http://tremedica.org/panacea/IndiceGeneral/n3_FANavarro.pdf
¿Por qué hay cada día más términos ingleses vertidos en las traducciones, en los textos médicos españoles o recogidos en los diccionarios de medicina, cuando nuestro idioma (cualquier idioma) está perfectamente capacitado para crear los términos correspondientes?
Una de las explicaciones que encuentro es que nadie se molesta en traducirlos convenientemente al español y, con el transcurrir del tiempo, el término inglés acaba instalándose cómodamente en la literatura médica. Y es que no puede negarse que hay cierta desidia hacia las tareas lingüísticas por parte de los profesionales de la medicina y cierto gusto por adornar el discurso con palabras en inglés, cosa que parece dotar al que escribe de un plus de estatus cultural. ¿Cómo se explica, si no, la aparición cada vez más frecuente del término rash en los artículos médicos, si toda la vida se ha llamado exantema o prurito? ¿Por qué hemos terminado llamado bypass a una derivación? ¿Por qué escribe un médico que el latido cardíaco de un paciente se acompaña de un thrill, cuando quiere decir frémito?
Está claro que en muchos casos se utiliza el término inglés para no recurrir a la paráfrasis española, cosa que puedo entender hasta cierto punto:
dumping por síndrome de evacuación gástrica rápida
shock por síndrome de insuficiencia cardiorespiratoria
show por descarga mucosanguinolenta preparto
Otro fenómeno muy común es no traducir las técnicas o instrumentos:
shunt por desviación, derivación o cortocircuito
stent por endoprótesis vascular
spud por aguja roma para extraer cuerpo extraños de la córnea del ojo
Los siguientes son ejemplos extraídos de la revista de medicina Jano:
"La ausencia de respiración (apnea) o la aparición de gasping son signos que indican la necesidad de intervención". (por jadeo)
"El drop-attack es una entidad rara". (por episodio de caída)
"La mortalidad hospitalaria de los pacientes que ingresan por una exacerbación es del 10% y los outcomes a medio plazo no son buenos". (por pronósticos)
"Los ratones desarrollan un cuadro clínico con manifestaciones autoinmunes generalizadas similares al LES (lupus eritematoso sistémico), denominado lupus-like". (por lupoide o lupiforme)
"El paciente presentaba pitting ungueal". (por edema)
Hoy en día, la investigación de calidad tiene que escribirse en inglés, si se quiere dar a conocer fuera de las fronteras nacionales. De igual manera, cualquier médico que quiera documentarse sobre algún tema específico, tendrá que saber leer en inglés.
Navarro, quizás el mejor traductor médico de la actualidad, comenta en un artículo suyo publicado en Panace@:
"El genio de la lengua inglesa, se oye con cierta frecuencia, se presta de forma admirable para la expresión de la ciencia. Se admite de forma general, en efecto, que el inglés se ha convertido en el idioma internacional de la medicina gracias a sus características intrínsecas de sencillez y claridad, que lo hacen especialmente apto para la comunicación científica. (…) Idénticas pretensiones de superioridad se adujeron para justificar la preponderancia del español en el Renacimiento, la del francés durante la Ilustración, o la del alemán a finales del siglo XIX".
Aunque para muchos la influencia del inglés en el lenguaje médico se limite al préstamo abusivo de vocablos (cosa inexplicable, por otro lado, si tenemos en cuenta que en español existen y se han usado tradicionalmente otros términos para designar los mismos conceptos) lo cierto es que la presencia del inglés se deja notar también en el plano ortográfico y sintáctico.
Entre los anglicismos ortográficos tenemos (en ese mismo artículo):
Amfetamina (amphetamine)
Colorectal (colorectal )
Halucinación (hallucination)
Hematopoiesis (hematopoiesis)
Linfokina (linphokine)
Masage (massage)
Mobilidad (mobility)
Estaphylococo (staphylococcus)
La ausencia de tilde es cada vez más normal:
Diplopia
Catatonia
Osteitis
Proteina
glucogenolisis
La sustitución creciente de palabras usadas habitualmente en español, por otras notablemente anglicadas:
resucitación por reanimación
costoeficaz por rentable
severidad por gravedad
evidencia por datos o indicios
consistente por concluyente o sólido
trauma por traumatismo
vírico por viral
altamente por muy
En cuanto a la voz pasiva, la pasiva perifrástica está alcanzado niveles alarmantes de uso en los textos de medicina en nuestro país.
"Los enfermos fueron seleccionados por los investigadores".
cuando es mucho más natural decir
"Se seleccionó a los pacientes"
o
"Los investigadores seleccionaron a los pacientes"
Los médicos se atreven incluso con la perifrástica con agente inglesa, produciendo engendros tal que este:
"intentos han sido hechos por los científicos de desarrollar una vacuna…"
Otro tipo de construcciones anglicadas son la personalización de sujetos inanimados:
"Penicilina demostró una evolución progresiva entre los pacientes"
por "se ha demostrado que la penicilina…"
"La monitorización se ha demostrado útil en todos los casos"
por "se ha demostrado que la monitorización…"
También es normal la eliminación de los artículos:
“Escabiosis en lactante”
O la traducción literal del "with or without":
"crisis motoras de marcha con o sin generalización secundaria"
por "risis motoras de marcha con generalización secundaria o sin ella"
Sin olvidar el uso incorrecto del gerundio, que Gustavo Mendiluce Cabrera (también en Panace@) ha bautizado irónicamente como “gerundio médico”. En un artículo dedicado al estudio de este fenómeno lingüístico, el autor afirma:
"Pero si tenemos que destacar un tipo de gerundio como distintivo y caracterizador de los artículos médicos ése es el gerundio copulativo o ilativo. No quiere decir que sea el gerundio exclusivo ni el más frecuente en los textos médicos, pero sí podemos decir que es en ellos donde brilla con luz propia. Y por eso nos atrevemos a llamarlo gerundio médico”.
Y pone el siguiente ejemplo, digno de enmarcar:
"La afectación diastólica en la acromegalia es muy frecuente, apareciendo prácticamente en la totalidad de los pacientes con enfermedad evolucionada, siendo probablemente secundaria a los cambios histológicos que se producen en el corazón de estos pacientes".
Parece que la mayoría de médicos creen que la conjunción copulativa es ordinaria o vulgar, así que atiborran sus artículos de gerundios, para que sean más altisonantes y ornamentales, sin darse cuenta que el efecto de una lectura donde cada cuatro líneas hay un gerundio es cargante, agramatical y angloide.
Gustavo Mendiluce concluye su artículo con la siguiente reflexión:
"¿Soluciones? Todo pasa, a nuestro modo de ver, por un cambio de mentalidad. A corto plazo, por un despertar de la conciencia lingüística de los médicos -¡ay, ese divorcio entre las ciencias y las letras españolas!- (…). A largo plazo, por una reetructuración de los planes de estudio universitarios, que deberían incluir cursos de redacción técnica y científica".
¡Tiene más razón que un santo!
Los dos artículos citados son
Mendiluce Cabrera, G. (2002): “El gerundio médico”, Panace@, 3 (7): 74-78 http://tremedica.org/panacea/IndiceGeneral/n7_Mendiluce.pdf
y
Navarro, F. (2001): "El inglés, idioma internacional de la medicina", Panace@, 2 (3): 25-51
http://tremedica.org/panacea/IndiceGeneral/n3_FANavarro.pdf
viernes 25 de enero de 2008
Clin d´oeil lingüístico
Umberto Eco, en su libro sobre traductología Dire quasi la stessa cosa: esperienze di traduzione (2003) hace un divertido análisis de lo que él llama guiño al lector y los críticos anglosajones denominan reenvío intertextual. Ese guiño consiste en lanzar un mensaje implícito (generalmente en forma de referencia velada a otra obra literaria o a algún elemento, suceso o personaje histórico que se supone forme parte del acervo cultural de un lector culto, que es el tipo de lector ideal para el que escribe Eco). Si la alusión es captada, se produce entre autor y lector una complicidad muy gratificante que surge de la euforia del descubrimiento y del entendimiento mutuo: tú me has enviado un mensaje entre líneas y yo lo he sabido descubrir. Pues bien, esta estrategia lúdica se da también en las interacciones cotidianas, aunque más raramente. El éxito del reenvío tiene lugar cuando ambos interlocutores lo han captado, claro, cosa que no me pasó a mí el otro día. La situación es esta: desde el salón oigo un cuchicheo en la cocina, me acerco, abro la puerta y veo a mi Sofía dibujando. Le pregunto (no sé por qué):
―¿Qué pasa?, ¿estás hablando solita, como Chomsky?
―¿Qué?
―Nada, nada.
Y me fui.
Si alguien en el ciberespacio lo ha captado, que me envíe una señal…
―¿Qué pasa?, ¿estás hablando solita, como Chomsky?
―¿Qué?
―Nada, nada.
Y me fui.
Si alguien en el ciberespacio lo ha captado, que me envíe una señal…
jueves 24 de enero de 2008
Junt@s pero no revuelt@s
Hace poco me hice con el libro Sociolinguistique, de Christian Baylon, en busca de un capítulo sobre la etnografía de la comunicación que este autor había plagiado de manera descarada de "Ethnography of speaking: toward a linguistics of the praxis", que Duranti publicó en Newmeyer (1988). Cuando me llega lo abro rápidamente para dirigirme al capítulo en cuestión pero, alas, no lo encuentro: ¡me han enviado la segunda edición! Decepcionada, le echo un vistazo al índice y doy con el siguiente epígrafe: "Langue, genre et sexe"… de repente noto como un escalofrío de terror me recorre la espalda.
Pero me tiro a la piscina y leo (p. 113):
«Le mot genre, dans le titre de ce chapitre, réfère à un emsemble de phénomènes sociaux, culturels et psychologiques liés au sexe, acception commune dans les sciences sociales et du comportement. Il réfère aussi à une catégorie linguistique qui entretiene avec la catégorie naturelle du sexe des relations complexes. Il renvoie à toute une série de questions importantes: quels sont les mécanismes linguistiques et les motivations sociales qui décident du genre des mots? Existe-t-il des registres différents selon le sexe dans telle langue ou dans toutes les langues? Les hommes et les femmes ont-ils un rapport différent au langage? Comment les femmes parlent-ells? Comment se parlent-elles? Comment leur parle-t-on? Comment parle-t-on d´elles? Où se situe l´identité culturelle et, par suite, linguistique de la femme? Quelle image de la femme nous renvoie le miroir de la langue? Pourquoi la langue du pouvoir est-elle extérieure aux femmes?»
Semejante empanada conceptual me ha confirmado mis peores temores: se propone hablar de todo un poco, como si todos esos temas estuvieran íntimamente conectados. ¿Por qué? No me preguntéis. Personalmente creo que existen tres líneas de investigación que se corresponden con dos objetos de estudio totalmente diferentes (el sexo biológico y el género lingüístico) y que, a mi criterio, no pueden mezclarse:
1. Género gramatical
Dentro del estudio lingüístico del género gramatical podemos dedicarnos a analizar de forma contrastiva y sincrónica los distintos sistemas nominales existentes e intentar formular ciertas generalizaciones sobre las estrategias de asignación de género, sobre la relación entre géneros y marcadez, sobre la naturaleza de las neutralizaciones, etc., con el fin de establecer los universales del género.
También puede estudiarse diacrónicamente, esto es, intentando dar cuenta del origen y la posterior evolución y diversificación de los sistemas nominales en las lenguas del mundo. Desde este último enfoque, una posible línea de investigación es la relación que existe entre el sexo de los seres vivos y el género gramatical y cómo la distinción de sexos en la naturaleza pudo haber sido el origen de los protosistemas nominales (o si, por el contrario, los géneros surgieron a partir de distinciones más básicas como la animacidad-no animacidad o la humanidad-no humanidad).
2. Mujeres y lenguaje
Los estudios sobre si los hombres y las mujeres hablan igual o diferente nacieron oficiosamente con la publicación en 1975 de Language and Woman´s Place, de Robin Lakoff, quien pretendía con esta obra denunciar la androcentricidad de las investigaciones variacionistas tan en auge por aquel entonces.
Esta perspectiva es una especie de cajón de sastre donde tienen cabida investigaciones sobre si existe una manera de hablar femenina (se estudia desde la antropología, la sociología del lenguaje e incluso la ling. variacionista); si se comunican las mujeres de la misma manera que los hombres (se estudia desde el análisis del discurso o la pragmática y tiene sus orígenes en la etnometodología, disciplina que emerge los años 60 del pasado siglo); o sobre el papel de la mujer en el cambio lingüístico. Por tanto hay varias vertientes:
(a) La que correlaciona sexo y comunicación (toma de turnos, solapamientos, contacto ocular, interrupciones y todo lo relacionado con las prácticas conversacionales, además de la comparación de los patrones interactivos propios de niños y de niñas).
(b) La que correlaciona sexo y código (pronunciación, uso de determinadas estructuras, formalidad, disfemismos, cortesía, etc.).
(c) La que correlaciona sexo y evolución/permanencia lingüísticas.
3. Lenguaje y sexismo
Aquí es donde empieza el lío, donde se mezclan de manera incomprensible el género lingüístico y el sexo las personas, estableciendo entre ambos una conexión basada en unas connotaciones que alguien se sacó de la manga un día que se levantó inspirado. Porque cuando desde la administración (donde se han infiltrado las feministas más recalcitrantes) o desde otros órganos e instituciones se nos pide que no hagamos un uso sexista del lenguaje no se nos pide que evitemos un discurso denigratorio contra la mujer (un discurso donde se las descalifique o discrimine), no, se nos pide que metamos la arrobita dichosa por todos lados o que desdoblemos absurdamente todos los determinantes, sustantivos y adjetivos, à la ibarretxe.
Porque a las mujeres nos ofende que se hable de "los ciudadanos", de "los habitantes" o de "los trabajadores", aunque, como dice la profesora Junyent, nos es indiferente que se hable de "los perros" para designar a perros y a perras, o de "los niños", para referirse a niños y niñas. (Yo, o piden que vayan a votar tod@s l@s ciudadan@s o este año me abstengo, ¡es humillante!).
Siempre me ha parecido que intentar cambiar el código con el fin de cambiar las conductas es un error, porque no hay un influjo determinista del uno sobre las otras. Además, satanizar el lenguaje es como matar al mensajero: lo que es sexista no es la lengua (que ni siente ni padece) sino el contenido que vehicula: las narrativas, el discurso social de dominación que crean los hombres. Si quieren acabar con el sexismo en la sociedad que empiecen emparejando los sueldos, creando igualdad de oportunidades u obligando a crear guarderías en todas las empresas.
Además, siempre me he preguntado por qué desde el gobierno no se gastan los cuartos en otra cosa, en vez de en esas campañas donde se nos aconseja el uso de estrategias absurdas de escritura “igualitaria”. ¿Por qué no encargan a algún sociólogo, por ejemplo, un estudio sobre el “efecto espejo” que produce reportar a todas horas del día y en todos los programas casos de muerte por violencia machista?
Pero esa es otra cuestión… En fin, o empezamos a hacer campaña activa contra lo inútil del desdoblamiento de géneros y la arrobita, o esto acabará mal, muy mal… Lo que me extraña es que ninguna de nuestras diputadas (universitarias, inteligentes, cosmopolitas, cultivadas) se levante y balbucee que el emperador va desnudo…
No estaría nada mal que os leyeseis el artículo de M. Carme Junyent (“Per què en diem gènere quan volem dir sexe?”, en http://www.revistaigualada.cat/Genere_23.pdf) en el que expone de maravilla lo absurdo del panorama lingüístico en que esta sociedad se ha embarcado.
Pero me tiro a la piscina y leo (p. 113):
«Le mot genre, dans le titre de ce chapitre, réfère à un emsemble de phénomènes sociaux, culturels et psychologiques liés au sexe, acception commune dans les sciences sociales et du comportement. Il réfère aussi à une catégorie linguistique qui entretiene avec la catégorie naturelle du sexe des relations complexes. Il renvoie à toute une série de questions importantes: quels sont les mécanismes linguistiques et les motivations sociales qui décident du genre des mots? Existe-t-il des registres différents selon le sexe dans telle langue ou dans toutes les langues? Les hommes et les femmes ont-ils un rapport différent au langage? Comment les femmes parlent-ells? Comment se parlent-elles? Comment leur parle-t-on? Comment parle-t-on d´elles? Où se situe l´identité culturelle et, par suite, linguistique de la femme? Quelle image de la femme nous renvoie le miroir de la langue? Pourquoi la langue du pouvoir est-elle extérieure aux femmes?»
Semejante empanada conceptual me ha confirmado mis peores temores: se propone hablar de todo un poco, como si todos esos temas estuvieran íntimamente conectados. ¿Por qué? No me preguntéis. Personalmente creo que existen tres líneas de investigación que se corresponden con dos objetos de estudio totalmente diferentes (el sexo biológico y el género lingüístico) y que, a mi criterio, no pueden mezclarse:
1. Género gramatical
Dentro del estudio lingüístico del género gramatical podemos dedicarnos a analizar de forma contrastiva y sincrónica los distintos sistemas nominales existentes e intentar formular ciertas generalizaciones sobre las estrategias de asignación de género, sobre la relación entre géneros y marcadez, sobre la naturaleza de las neutralizaciones, etc., con el fin de establecer los universales del género.
También puede estudiarse diacrónicamente, esto es, intentando dar cuenta del origen y la posterior evolución y diversificación de los sistemas nominales en las lenguas del mundo. Desde este último enfoque, una posible línea de investigación es la relación que existe entre el sexo de los seres vivos y el género gramatical y cómo la distinción de sexos en la naturaleza pudo haber sido el origen de los protosistemas nominales (o si, por el contrario, los géneros surgieron a partir de distinciones más básicas como la animacidad-no animacidad o la humanidad-no humanidad).
2. Mujeres y lenguaje
Los estudios sobre si los hombres y las mujeres hablan igual o diferente nacieron oficiosamente con la publicación en 1975 de Language and Woman´s Place, de Robin Lakoff, quien pretendía con esta obra denunciar la androcentricidad de las investigaciones variacionistas tan en auge por aquel entonces.
Esta perspectiva es una especie de cajón de sastre donde tienen cabida investigaciones sobre si existe una manera de hablar femenina (se estudia desde la antropología, la sociología del lenguaje e incluso la ling. variacionista); si se comunican las mujeres de la misma manera que los hombres (se estudia desde el análisis del discurso o la pragmática y tiene sus orígenes en la etnometodología, disciplina que emerge los años 60 del pasado siglo); o sobre el papel de la mujer en el cambio lingüístico. Por tanto hay varias vertientes:
(a) La que correlaciona sexo y comunicación (toma de turnos, solapamientos, contacto ocular, interrupciones y todo lo relacionado con las prácticas conversacionales, además de la comparación de los patrones interactivos propios de niños y de niñas).
(b) La que correlaciona sexo y código (pronunciación, uso de determinadas estructuras, formalidad, disfemismos, cortesía, etc.).
(c) La que correlaciona sexo y evolución/permanencia lingüísticas.
3. Lenguaje y sexismo
Aquí es donde empieza el lío, donde se mezclan de manera incomprensible el género lingüístico y el sexo las personas, estableciendo entre ambos una conexión basada en unas connotaciones que alguien se sacó de la manga un día que se levantó inspirado. Porque cuando desde la administración (donde se han infiltrado las feministas más recalcitrantes) o desde otros órganos e instituciones se nos pide que no hagamos un uso sexista del lenguaje no se nos pide que evitemos un discurso denigratorio contra la mujer (un discurso donde se las descalifique o discrimine), no, se nos pide que metamos la arrobita dichosa por todos lados o que desdoblemos absurdamente todos los determinantes, sustantivos y adjetivos, à la ibarretxe.
Porque a las mujeres nos ofende que se hable de "los ciudadanos", de "los habitantes" o de "los trabajadores", aunque, como dice la profesora Junyent, nos es indiferente que se hable de "los perros" para designar a perros y a perras, o de "los niños", para referirse a niños y niñas. (Yo, o piden que vayan a votar tod@s l@s ciudadan@s o este año me abstengo, ¡es humillante!).
Siempre me ha parecido que intentar cambiar el código con el fin de cambiar las conductas es un error, porque no hay un influjo determinista del uno sobre las otras. Además, satanizar el lenguaje es como matar al mensajero: lo que es sexista no es la lengua (que ni siente ni padece) sino el contenido que vehicula: las narrativas, el discurso social de dominación que crean los hombres. Si quieren acabar con el sexismo en la sociedad que empiecen emparejando los sueldos, creando igualdad de oportunidades u obligando a crear guarderías en todas las empresas.
Además, siempre me he preguntado por qué desde el gobierno no se gastan los cuartos en otra cosa, en vez de en esas campañas donde se nos aconseja el uso de estrategias absurdas de escritura “igualitaria”. ¿Por qué no encargan a algún sociólogo, por ejemplo, un estudio sobre el “efecto espejo” que produce reportar a todas horas del día y en todos los programas casos de muerte por violencia machista?
Pero esa es otra cuestión… En fin, o empezamos a hacer campaña activa contra lo inútil del desdoblamiento de géneros y la arrobita, o esto acabará mal, muy mal… Lo que me extraña es que ninguna de nuestras diputadas (universitarias, inteligentes, cosmopolitas, cultivadas) se levante y balbucee que el emperador va desnudo…
No estaría nada mal que os leyeseis el artículo de M. Carme Junyent (“Per què en diem gènere quan volem dir sexe?”, en http://www.revistaigualada.cat/Genere_23.pdf) en el que expone de maravilla lo absurdo del panorama lingüístico en que esta sociedad se ha embarcado.
miércoles 23 de enero de 2008
Lorenzo Hervás y Panduro

Lorenzo Hervás y Panduro (1735-1809) fue un digno exponente del siglo de las luces en España: además de a los menesteres propios de su vocación, se dedicó a viajar incansablemente y a plasmar con detalle sus pensamientos en materias tan diversas como la teología, la filosofía, la pedagogía, las lenguas del mundo o los derechos del hombre. Autor prolífico, hablaba varias lenguas aunque publicó en italiano los veintidós volúmenes que conforman lo que él calificó como su enciclopedia.
Todos aquellos que hayáis tenido a M. Carme Junyent como profesora conoceréis la obra y los pensamientos en torno al lenguaje y a la diversidad de las lenguas de este jesuita de vida insólita. Pues bien, ahora ya tenemos acceso a gran parte de su obra a través de la biblioteca virtual Cervantes (tenéis el enlace al portal de este autor en el apartado must-visit, en la parte izquierda de este blog). No dejéis de visitarla: en ella podréis consultar muchos de los libros de Hervás, aunque no el Catálogo de las lenguas, que, sin embargo, podéis descargar gratuitamente desde google books: (http://books.google.es/books?id=IBISAAAAIAAJ&printsec=titlepage).
A medida que lo vas leyendo te das cuenta de que el abate Hervás era un hombre de contrastes, capaz de las reflexiones más increíblemente acertadas e intuitivas sobre el lenguaje, pero también de las argumentaciones y los razonamientos más impropios de un hombre de su formación e inteligencia.
Por ejemplo, defiende la educación de la mujer pero, al mismo tiempo, ve necesario el castigo físico a los niños; llama a la educación mundial de los “sordomudos” pero, a la vez, los tacha de pobres desgraciados e ignorantes; en materia lingüística, ya intuye la dualidad I-language vs. E-language (a las que él llama gramática “natural” y gramática “artificial”) o apunta a la distinción de género en los pronombres como origen de los afijos en los primeros sistemas nominales morfológicos (¿qué pensaría Fodor si supiera que alguien había hablado ya de eso dos siglos antes que él?) pero, más adelante, sentencia que la diversidad lingüística tiene su causa en los hechos de Babel.
Cuánto de su pensamiento debemos a las doctrinas religiosas y morales que impregnaban las ideas de los polígrafos de aquel tiempo no lo sabemos, aunque puede intuirse. Su legado intelectual en cuestiones lingüísticas, sin embargo, es impagable y su lectura, una delicia.
Concretamente, los libros en que podemos encontrar reflexiones en torno al lenguaje son:
Catálogo de las lenguas de las naciones conocidas y numeracion, division y clases de estas según la diversidad de sus idiomas y dialectos (1798).
Historia de la vida del Hombre (1789).
Tomo I, Libro II, Cap. VII: Tiempo en que el infante empieza á hablar; si hay idioma natural al Hombre; y sobre la diversidad de idiomas.
Escuela española de sordomudos o Arte para enseñarles á escribir y hablar el idioma español, dividida en dos tomos (1795).
Cap IV, art II: Ideas gramaticales de los Sordomudos. Origen del género gramatical en los nombres y verbos. Efectos del uso de los pronombres en tiempos de la ignorancia.
Os copio algunos extractos para que veáis a qué me refiero:
…porque el espíritu del hombre sin comunicación con los otros hombres, se exercita y se cultiva tan poco que no piensa sino quando se halla indispensablemente obligado por los objetos externos á pensar. (1795:58)
…pues si en un desierto se hallaran algunos nacidos en él ó abandonados sin haber aprendido ningun idióma, ellos luego con la mayor facilidad empezarían á comunicarse mutuamente sus ideas con señales externas, y después facilísimamente pasarian á dibujar ó pintar con colores la figura de los objetos: pero no llegarian jamas á juzgar que con acentos vocales se podian pintar. (1795: 69)
Sobre el origen del abuso en caracterizar con algun género todos los nombres, yo pienso asi. Al principio del mundo los hombres reduciendo sus pensamientos a los límites del cuidado de su familia y de los animales, en que hallaban alimento y vestido, hablaban solamente de aquellas cosas que la naturaleza distingue con sexôs ó géneros de macho y hembra. […] Los primeros hombres que eran naturalistas, porque todos eran agricultores o pastores, conocieron en las plantas, como en los animales, la diversidad de sexôs: y siendo entre ellos de continuo uso los nombres de plantas, animales y hombres (estos términos formaban entonces el diccionario físico y político de todas sus ciencias) debieron nombrar estas cosas distinguiendolas en el género, y después por ignorancia ó por capricho extendieron el género a todos los nombres, aunque fuesen de cosas incapaces de diferenciarse por el sexô. (1795: 73-75).
Las ideas primitivas que en los hombres pudieron influir para la invención de los casos de los nombres, me la figuro yo asi. Al principio ningun idioma tenia diferencia alguna de casos; mas todos eran indeclinables, como lo son aun en la mayor parte de las lenguas conocidas. Empezaron los hombres á hablar en materias ó asuntos diversos, y porque notaron que la acción de algunos verbos se puede referir á dos ó mas objetos con diversos fines, significaron las relaciones con dicciones ó partículas, que en latín y en otros idiomas se llaman preposiciones: pero se deberian llamar posposiciones, porque en la mayor parte de los idiomas se posponen. […] diciendo asi: por exemplo Yo doy manzanas dos Pedro-à. (1795: 95-97).
No debe causar maravilla que los Sordomudos tengan dificultad en entender el uso de los relativos, pues sin ellos raciocina la mente de los Sordomudos, según he hallado en el exâmen que he hecho de sus ideas gramaticales. Hay lenguas como la kirikí, la betoi y la tunkina, que no tienen ningunos relativos: y esto basta para probar que la razon no pide el uso de los relativos, aunque se conforme con el. (1795:108).
De esta doctrina se infiere que si por desgracia (que algunas veces ha sucedido) el infante pierde la lengua [el órgano] ó su uso, no obstante se le debe enseñar á hablar con los labios, los dientes y la glotis. (1789: 234).
En todos tiempos los Autores de todas las naciones civiles han disputado, si hay lengua natural al Hombre; y de donde proviene la diversidad de idiómas que se conocen en el mundo. […] y observando la diversidad substancial de los idiómas en las palabras y en la sintaxî, establezco que el Hombre es incapáz de formar por sí mismo un idioma; que fue infuso el primero que hablaron los hombres; y que la diversidad de los idiómas en las palabras y la sintaxî no puede ser efecto de otra causa, que de la admirable confusion de lenguas, que refiere Moysés.(1789:242-243).
Todos aquellos que hayáis tenido a M. Carme Junyent como profesora conoceréis la obra y los pensamientos en torno al lenguaje y a la diversidad de las lenguas de este jesuita de vida insólita. Pues bien, ahora ya tenemos acceso a gran parte de su obra a través de la biblioteca virtual Cervantes (tenéis el enlace al portal de este autor en el apartado must-visit, en la parte izquierda de este blog). No dejéis de visitarla: en ella podréis consultar muchos de los libros de Hervás, aunque no el Catálogo de las lenguas, que, sin embargo, podéis descargar gratuitamente desde google books: (http://books.google.es/books?id=IBISAAAAIAAJ&printsec=titlepage).
A medida que lo vas leyendo te das cuenta de que el abate Hervás era un hombre de contrastes, capaz de las reflexiones más increíblemente acertadas e intuitivas sobre el lenguaje, pero también de las argumentaciones y los razonamientos más impropios de un hombre de su formación e inteligencia.
Por ejemplo, defiende la educación de la mujer pero, al mismo tiempo, ve necesario el castigo físico a los niños; llama a la educación mundial de los “sordomudos” pero, a la vez, los tacha de pobres desgraciados e ignorantes; en materia lingüística, ya intuye la dualidad I-language vs. E-language (a las que él llama gramática “natural” y gramática “artificial”) o apunta a la distinción de género en los pronombres como origen de los afijos en los primeros sistemas nominales morfológicos (¿qué pensaría Fodor si supiera que alguien había hablado ya de eso dos siglos antes que él?) pero, más adelante, sentencia que la diversidad lingüística tiene su causa en los hechos de Babel.
Cuánto de su pensamiento debemos a las doctrinas religiosas y morales que impregnaban las ideas de los polígrafos de aquel tiempo no lo sabemos, aunque puede intuirse. Su legado intelectual en cuestiones lingüísticas, sin embargo, es impagable y su lectura, una delicia.
Concretamente, los libros en que podemos encontrar reflexiones en torno al lenguaje son:
Catálogo de las lenguas de las naciones conocidas y numeracion, division y clases de estas según la diversidad de sus idiomas y dialectos (1798).
Historia de la vida del Hombre (1789).
Tomo I, Libro II, Cap. VII: Tiempo en que el infante empieza á hablar; si hay idioma natural al Hombre; y sobre la diversidad de idiomas.
Escuela española de sordomudos o Arte para enseñarles á escribir y hablar el idioma español, dividida en dos tomos (1795).
Cap IV, art II: Ideas gramaticales de los Sordomudos. Origen del género gramatical en los nombres y verbos. Efectos del uso de los pronombres en tiempos de la ignorancia.
Os copio algunos extractos para que veáis a qué me refiero:
…porque el espíritu del hombre sin comunicación con los otros hombres, se exercita y se cultiva tan poco que no piensa sino quando se halla indispensablemente obligado por los objetos externos á pensar. (1795:58)
…pues si en un desierto se hallaran algunos nacidos en él ó abandonados sin haber aprendido ningun idióma, ellos luego con la mayor facilidad empezarían á comunicarse mutuamente sus ideas con señales externas, y después facilísimamente pasarian á dibujar ó pintar con colores la figura de los objetos: pero no llegarian jamas á juzgar que con acentos vocales se podian pintar. (1795: 69)
Sobre el origen del abuso en caracterizar con algun género todos los nombres, yo pienso asi. Al principio del mundo los hombres reduciendo sus pensamientos a los límites del cuidado de su familia y de los animales, en que hallaban alimento y vestido, hablaban solamente de aquellas cosas que la naturaleza distingue con sexôs ó géneros de macho y hembra. […] Los primeros hombres que eran naturalistas, porque todos eran agricultores o pastores, conocieron en las plantas, como en los animales, la diversidad de sexôs: y siendo entre ellos de continuo uso los nombres de plantas, animales y hombres (estos términos formaban entonces el diccionario físico y político de todas sus ciencias) debieron nombrar estas cosas distinguiendolas en el género, y después por ignorancia ó por capricho extendieron el género a todos los nombres, aunque fuesen de cosas incapaces de diferenciarse por el sexô. (1795: 73-75).
Las ideas primitivas que en los hombres pudieron influir para la invención de los casos de los nombres, me la figuro yo asi. Al principio ningun idioma tenia diferencia alguna de casos; mas todos eran indeclinables, como lo son aun en la mayor parte de las lenguas conocidas. Empezaron los hombres á hablar en materias ó asuntos diversos, y porque notaron que la acción de algunos verbos se puede referir á dos ó mas objetos con diversos fines, significaron las relaciones con dicciones ó partículas, que en latín y en otros idiomas se llaman preposiciones: pero se deberian llamar posposiciones, porque en la mayor parte de los idiomas se posponen. […] diciendo asi: por exemplo Yo doy manzanas dos Pedro-à. (1795: 95-97).
No debe causar maravilla que los Sordomudos tengan dificultad en entender el uso de los relativos, pues sin ellos raciocina la mente de los Sordomudos, según he hallado en el exâmen que he hecho de sus ideas gramaticales. Hay lenguas como la kirikí, la betoi y la tunkina, que no tienen ningunos relativos: y esto basta para probar que la razon no pide el uso de los relativos, aunque se conforme con el. (1795:108).
De esta doctrina se infiere que si por desgracia (que algunas veces ha sucedido) el infante pierde la lengua [el órgano] ó su uso, no obstante se le debe enseñar á hablar con los labios, los dientes y la glotis. (1789: 234).
En todos tiempos los Autores de todas las naciones civiles han disputado, si hay lengua natural al Hombre; y de donde proviene la diversidad de idiómas que se conocen en el mundo. […] y observando la diversidad substancial de los idiómas en las palabras y en la sintaxî, establezco que el Hombre es incapáz de formar por sí mismo un idioma; que fue infuso el primero que hablaron los hombres; y que la diversidad de los idiómas en las palabras y la sintaxî no puede ser efecto de otra causa, que de la admirable confusion de lenguas, que refiere Moysés.(1789:242-243).
lunes 21 de enero de 2008
¿Síndrome del intestino qué?
Que el doctor Sheperd pida "una TC" en vez de "un TAC" es una opción de la traductora. Que se hable de "glóbulos blancos y glóbulos rojos" (en vez de leucocitos y eritrocitos) me parece un pequeño fallo que ignora que la terminología utilizada en los hospitales no es la misma que se incluye en los libros de texto del colegio. Que la doctora Grey pida un "ultrasonido" (en vez de una ecografía) tendría sentido si ejerciera en un hospital de Miami, pero provocaría unos segundos de estupor en una enfermera española.
Todo tiene un pase. Ahora, que me expliquen lo del síndrome del intestino "gordo", que todavía me estoy reponiendo...
Todo tiene un pase. Ahora, que me expliquen lo del síndrome del intestino "gordo", que todavía me estoy reponiendo...
viernes 18 de enero de 2008
On recursion

En su famoso artículo, Hauser, Chomsky y Fitch (2002), nos vuelven a hablar de la recursividad (recursion) como “the only uniquely human component of the faculty of language”, o sea, como el único rasgo que realmente podemos contemplar como distintivo o diferenciador del lenguaje (I-language) humano en comparación con los otros sistemas de comunicación animal.
¿Alguien se ha parado alguna vez a pensar un poco en ello? Seguramente soy muy naïve al intentar cuestionar un concepto aparentemente tan aceptado por la comunidad lingüística (o quizás no he dado con lecturas críticas: agradezco de antemano referencias al respecto) y que, además, es el leit motiv de los formalistas, pero, me cuesta mucho no encontrarle fallos a ese postulado.
Para empezar, da por sentada la supremacía de la sintaxis sobre el resto de componentes del lenguaje (lo que a los especialistas en fonética, fonología o morfología, por decir algo, no parece molestar), ¿es que no hay vida más allá de la sintaxis? Además, ¿por qué nadie defiende que el hecho diferencial del lenguaje humano radica en características cognitivas más generales, como por ejemplo su independencia del contexto inmediato, de los estímulos del entorno? Porque entonces metemos el contexto, y la teoría lingüística no se ocupa de eso, ¿no?
Puestos a decir, veo más razonable que defendamos que es la sintaxis en sí, lo que es destacable y diferente del lenguaje humano. Pero, ¿por qué específicamente el embedding, que es una de las tantas posibilidades que permite el lenguaje en tanto que sistema computacionalmente procesable?, ¿por qué no el movimiento con huella o el hecho de que la combinación se rija jerárquicamente y mediante una sistema de dependencias?
O, abarcando un poco más, que me digan que lo maravilloso, lo realmente distintivo del lenguaje humano, es que es un sistema que permite la combinación potencialmente ilimitada de diferentes unidades discretas. Esto lo entendería: ni el canto de los pájaros, ni las llamadas de los primates, ni los movimientos de las abejas (por mencionar sólo algunos de los sistemas de comunicación animal más citados en la literatura) poseen esa característica.
Otra característica que se me antoja única es que, en tanto que sistema abierto, permite ser moldeado, puede cambiar y evolucionar gracias a la capacidad creativa del ser humano. Esta productividad, que se observa en todos los ámbitos (en el fonológico, en el fonético, en el morfológico, en el léxico, en el gramatical) no se encuentra en las llamadas animales. El profesor Tusón ponía hace poco el ejemplo de que un hablante, o una comunidad de hablantes, podrá inventar un nuevo valor de una categoría gramatical: el aspecto desiderativo, pongamos por caso. Esta capacidad de innovación la observamos cada día en los neologismos, en la folk etymology, etc., pero, por lo que yo sé, no se encuentra en los sistemas de comunicación animal, sistemas limitados y preprogramados genéticamente.
Volviendo al tema que nos ocupaba en un principio, que la capacidad de embedding sea el rasgo diferencial de nuestro lenguaje siempre me ha parecido de un reduccionismo total, lo siento. Lo peor de todo es cuando acompañan esta tesis con el argumento de la oración infinita, porque ¿cómo de larga puede ser una oración con distintas frases embutidas? Si alguien ha probado a construir una se dará cuenta de que muy pronto la memoria operativa empieza a fallar y ya no nos acordamos ni del sujeto de la oración, además del hecho de que el contexto de enunciación es irreal: una oración así no va a ser nunca producida por ningún hablante porque, sencillamente, no tendría sentido.
¿Alguien se ha parado alguna vez a pensar un poco en ello? Seguramente soy muy naïve al intentar cuestionar un concepto aparentemente tan aceptado por la comunidad lingüística (o quizás no he dado con lecturas críticas: agradezco de antemano referencias al respecto) y que, además, es el leit motiv de los formalistas, pero, me cuesta mucho no encontrarle fallos a ese postulado.
Para empezar, da por sentada la supremacía de la sintaxis sobre el resto de componentes del lenguaje (lo que a los especialistas en fonética, fonología o morfología, por decir algo, no parece molestar), ¿es que no hay vida más allá de la sintaxis? Además, ¿por qué nadie defiende que el hecho diferencial del lenguaje humano radica en características cognitivas más generales, como por ejemplo su independencia del contexto inmediato, de los estímulos del entorno? Porque entonces metemos el contexto, y la teoría lingüística no se ocupa de eso, ¿no?
Puestos a decir, veo más razonable que defendamos que es la sintaxis en sí, lo que es destacable y diferente del lenguaje humano. Pero, ¿por qué específicamente el embedding, que es una de las tantas posibilidades que permite el lenguaje en tanto que sistema computacionalmente procesable?, ¿por qué no el movimiento con huella o el hecho de que la combinación se rija jerárquicamente y mediante una sistema de dependencias?
O, abarcando un poco más, que me digan que lo maravilloso, lo realmente distintivo del lenguaje humano, es que es un sistema que permite la combinación potencialmente ilimitada de diferentes unidades discretas. Esto lo entendería: ni el canto de los pájaros, ni las llamadas de los primates, ni los movimientos de las abejas (por mencionar sólo algunos de los sistemas de comunicación animal más citados en la literatura) poseen esa característica.
Otra característica que se me antoja única es que, en tanto que sistema abierto, permite ser moldeado, puede cambiar y evolucionar gracias a la capacidad creativa del ser humano. Esta productividad, que se observa en todos los ámbitos (en el fonológico, en el fonético, en el morfológico, en el léxico, en el gramatical) no se encuentra en las llamadas animales. El profesor Tusón ponía hace poco el ejemplo de que un hablante, o una comunidad de hablantes, podrá inventar un nuevo valor de una categoría gramatical: el aspecto desiderativo, pongamos por caso. Esta capacidad de innovación la observamos cada día en los neologismos, en la folk etymology, etc., pero, por lo que yo sé, no se encuentra en los sistemas de comunicación animal, sistemas limitados y preprogramados genéticamente.
Volviendo al tema que nos ocupaba en un principio, que la capacidad de embedding sea el rasgo diferencial de nuestro lenguaje siempre me ha parecido de un reduccionismo total, lo siento. Lo peor de todo es cuando acompañan esta tesis con el argumento de la oración infinita, porque ¿cómo de larga puede ser una oración con distintas frases embutidas? Si alguien ha probado a construir una se dará cuenta de que muy pronto la memoria operativa empieza a fallar y ya no nos acordamos ni del sujeto de la oración, además del hecho de que el contexto de enunciación es irreal: una oración así no va a ser nunca producida por ningún hablante porque, sencillamente, no tendría sentido.
Mirad si no algunos de los ejemplos que proponen Heine y Kuteva (2007: 267):
Peter´s mother´s brother´s wife´s father
Judy says that John claims that Mary believes that I want to marry her
¿Hasta dónde podemos alargarlos sin que nuestra memoria operativa se sature? La recursividad podrá ser ilimitada en la teoría (en el país de los lunnis) pero está claro que en la práctica está sujeta a restricciones muy claras en su procesamiento.
Pero, ¡ay!, se me olvidaba que estoy hablando de actuación, y los formalistas circunscriben sus teorías a la competencia.
Otra cosa que comentan Pinker y Jackendoff (2004) es que la recursividad lingüística existe precisamente porque nuestro pensamiento es recursivo, por tanto puede argüirse que es un subproducto de una capacidad cognitiva general. También ellos encuentran sorprendente que no se tenga en cuenta todos los aspectos del lenguaje que no son recursivos, como la fonología, la morfología o muchas de las propiedades del léxico.
No sé qué pensáis, pero la tesis en cuestión la vengo oyendo desde el colegio… y no parece molestar a nadie, vaya.
Para características propias del lenguaje humano, ahí tenéis las que mencionó Hockett:
http://www3.isrl.uiuc.edu/~junwang4/langev/localcopy/pdf/charles60theOrigin.pdf
jueves 17 de enero de 2008
Los orígenes del lenguaje
Cada vez que me enfrento a una faceta o una subdisciplina nueva de la lingüística me convenzo más de que un fenómeno tan natural como el lenguaje es en verdad algo maravilloso y complejo. Estoy haciendo algunas lecturas sobre la emergencia y evolución del lenguaje (desde el punto de vista filogenético) y es un tema que te deja, literalmente, con la boca abierta. Recomiendo vivamente a todos los interesados que se hagan con algunos volúmenes para este verano. La experiencia vale mucho la pena.
Wray, A. (ed.) (2002): The Transition to Language, Oxford: OUP.
Heine, B. y T. Kuteva (2007): The Genesis of Grammar, Oxford: OUP.
Tallerman, M. (ed.) (2005): Language Origins, Oxford: OUP.
Christiansen, M. H. y S. Kirby (eds.) (2003): Language Evolution, Oxford: OUP.
Lo interesante del estudio de la emergencia y posterior evolución del lenguaje (o, mejor dicho, de las lenguas) es que no hay “fósiles”: el lenguaje oral no deja huella, con lo que no contamos con ninguna prueba objetiva que nos permita saber a ciencia cierta cómo fue la protolengua de los primeros “homo loquens”. Contamos, tan sólo, con hipótesis más o menos plausibles, con aproximaciones teóricas en muchos casos interinas (entre las más cuestionadas últimamente está, por ejemplo, la del descenso de la laringe). Así, dependiendo de la rama de estudio (y aun de la escuela) en que se inscriba cada especialista, los modelos teóricos que se proponen para dar cuenta del mismo fenómeno son absolutamente dispares. Y, lo que es mejor, la mayoría de los escenarios protolingüísticos que se construyen, si bien basados en las conjeturas, son plausibles, es decir, se sostienen con argumentos, en la mayoría de las ocasiones, muy sólidos. Entre las cuestiones que se dirimen en la actualidad destacan:
-¿Evolucionó el lenguaje a partir de los gestos?
-¿Evolucionó el lenguaje a partir de las llamadas de los primates o como un sistema de comunicación pre-humano único y totalmente diferente?
-¿Emergió el lenguaje como un todo (es la llamada all-or-none theory), provisto ya con una estructura, o se fue lentamente configurando, haciéndose cada vez más complejo, más sintactitizado en estadios sucesivos? Y en ese sentido, ¿son las lenguas modernas sustancialmente diferentes de la o las protolenguas (uniformitarian versus non-uniformitarian hypotheses)?
-¿Fue la capacidad de conceptualizar el paso previo y necesario para hablar? ¿Fue el lenguaje diseñado en su origen para las mismas funciones que cumple en la actualidad?
-¿Pueden servirnos los hallazgos arqueológicos para determinar la fecha en que empezó a usarse el lenguaje (the great-leap-forward theory)?
-En cuanto a la metodología, ¿hemos de basar nuestro método de reconstrucción en generalizaciones extraídas del estudio diacrónico o, por el contrario, podemos dar cuenta de la evolución lingüística desde una perspectiva acrónica?
-¿Existe o no el paralelismo entre ontogenia y filogenia?
-¿Existen “fósiles lingüísticos” en las lenguas modernas, es decir, estructuras o elementos primitivos que nos permitan intuir cómo era el lenguaje de nuestros ancestros?
-¿Es la emergencia del lenguaje perfectamente explicable en términos de adaptación natural, esto es, puede concebirse estrictamente como un fenómeno biológico? Y si es así, ¿cuáles son las fuerzas que empujaron la necesidad de su traspaso generacional: la competición con otras especies por los recursos, la lucha sexual, la organización grupal para la búsqueda de los alimentos (the foraging theory), las crecientes necesidades comunicativas producto de la intensa vida social de los primeros homínidos?
Naturalmente, muchas de las teorías no son excluyentes entre sí, sino que pueden complementarse. Aun así, la pregunta sigue en pie: ¿con qué quedarnos? En esto reside, para mí, el atractivo del tema. Este es el acicate que te obliga a pensar y a relacionar, forzosamente, el hecho lingüístico con fenómenos biológicos, sociales y culturales. Es en este ámbito, más que en ningún otro, donde se hace menester, como bien defiende Newmeyer, un enfoque multidisciplinar (donde colaboren antropólogos, biólogos, expertos en computación, lingüistas, neurólogos y genetistas) que nos permita iluminar el fenómeno desde varias perspectivas, si no queremos acabar con una teoría fragmentaria o parcial.
El tema es apasionante, así que creo que dedicaré varias entradas más al asunto…
Wray, A. (ed.) (2002): The Transition to Language, Oxford: OUP.
Heine, B. y T. Kuteva (2007): The Genesis of Grammar, Oxford: OUP.
Tallerman, M. (ed.) (2005): Language Origins, Oxford: OUP.
Christiansen, M. H. y S. Kirby (eds.) (2003): Language Evolution, Oxford: OUP.
Lo interesante del estudio de la emergencia y posterior evolución del lenguaje (o, mejor dicho, de las lenguas) es que no hay “fósiles”: el lenguaje oral no deja huella, con lo que no contamos con ninguna prueba objetiva que nos permita saber a ciencia cierta cómo fue la protolengua de los primeros “homo loquens”. Contamos, tan sólo, con hipótesis más o menos plausibles, con aproximaciones teóricas en muchos casos interinas (entre las más cuestionadas últimamente está, por ejemplo, la del descenso de la laringe). Así, dependiendo de la rama de estudio (y aun de la escuela) en que se inscriba cada especialista, los modelos teóricos que se proponen para dar cuenta del mismo fenómeno son absolutamente dispares. Y, lo que es mejor, la mayoría de los escenarios protolingüísticos que se construyen, si bien basados en las conjeturas, son plausibles, es decir, se sostienen con argumentos, en la mayoría de las ocasiones, muy sólidos. Entre las cuestiones que se dirimen en la actualidad destacan:
-¿Evolucionó el lenguaje a partir de los gestos?
-¿Evolucionó el lenguaje a partir de las llamadas de los primates o como un sistema de comunicación pre-humano único y totalmente diferente?
-¿Emergió el lenguaje como un todo (es la llamada all-or-none theory), provisto ya con una estructura, o se fue lentamente configurando, haciéndose cada vez más complejo, más sintactitizado en estadios sucesivos? Y en ese sentido, ¿son las lenguas modernas sustancialmente diferentes de la o las protolenguas (uniformitarian versus non-uniformitarian hypotheses)?
-¿Fue la capacidad de conceptualizar el paso previo y necesario para hablar? ¿Fue el lenguaje diseñado en su origen para las mismas funciones que cumple en la actualidad?
-¿Pueden servirnos los hallazgos arqueológicos para determinar la fecha en que empezó a usarse el lenguaje (the great-leap-forward theory)?
-En cuanto a la metodología, ¿hemos de basar nuestro método de reconstrucción en generalizaciones extraídas del estudio diacrónico o, por el contrario, podemos dar cuenta de la evolución lingüística desde una perspectiva acrónica?
-¿Existe o no el paralelismo entre ontogenia y filogenia?
-¿Existen “fósiles lingüísticos” en las lenguas modernas, es decir, estructuras o elementos primitivos que nos permitan intuir cómo era el lenguaje de nuestros ancestros?
-¿Es la emergencia del lenguaje perfectamente explicable en términos de adaptación natural, esto es, puede concebirse estrictamente como un fenómeno biológico? Y si es así, ¿cuáles son las fuerzas que empujaron la necesidad de su traspaso generacional: la competición con otras especies por los recursos, la lucha sexual, la organización grupal para la búsqueda de los alimentos (the foraging theory), las crecientes necesidades comunicativas producto de la intensa vida social de los primeros homínidos?
Naturalmente, muchas de las teorías no son excluyentes entre sí, sino que pueden complementarse. Aun así, la pregunta sigue en pie: ¿con qué quedarnos? En esto reside, para mí, el atractivo del tema. Este es el acicate que te obliga a pensar y a relacionar, forzosamente, el hecho lingüístico con fenómenos biológicos, sociales y culturales. Es en este ámbito, más que en ningún otro, donde se hace menester, como bien defiende Newmeyer, un enfoque multidisciplinar (donde colaboren antropólogos, biólogos, expertos en computación, lingüistas, neurólogos y genetistas) que nos permita iluminar el fenómeno desde varias perspectivas, si no queremos acabar con una teoría fragmentaria o parcial.
El tema es apasionante, así que creo que dedicaré varias entradas más al asunto…
Lingüística sin lenguas de signos
¿Por qué las lenguas de signos están totalmente ausentes de los estudios lingüísticos? ¿Por qué ni un solo manual de lingüística general (al menos los que han caído en mis manos) dedica un capítulo a estas lenguas? ¿Por qué ningún especialista (en pragmática, en sintaxis, en tipología, en lo que sea) ve la necesidad, la utilidad, de incluir evidencias de las lenguas de signos en su campo de investigación? ¿Por qué las lenguas de signos son las grandes desconocidas? Si lo pienso, me hago cruces.
Por supuesto he de invocar el mea culpa y admitir que, más allá de Veo una voz: viaje al mundo de los sordos de Oliver Sacks (un libro alucinante) no he leído nada sobre el tema. Por tanto soy tan culpable, tan analfabeta como el resto de estudiantes, enamorados, adictos, expertos y profesores de lingüística que conozco.
Toda esta indignación viene a cuenta de una pequeña epifanía que experimenté al hojear un manual sobre la evolución del lenguaje (Wray 2002). En uno de los capítulos, Michael C. Corballis expone un ejemplo de lexicalización en el ameslán (la lengua de signos americana) que es una maravilla:
«The sign for “home” in ASL was once a combination of the signs for “eat”, which is a bunched hand touching the mouth, and the sign for “sleep”, which is a flat hand on the cheek. Now it consists of two quick touches on the cheek, both with a bunched handshape, so the original iconic components are effectively lost (Frishberg 1975). Studies of deaf children inventing their own homesign also suggest that signs are initially coined for their resemblances to what they represent, but are later adapted to a more arbitrary form […]».
Si esto es así, entonces una de las fuerzas que operan en los procesos de lexicalización en las lenguas de signos y que podría estar íntimamente ligada a la desemantización de las formas originales es, como apunta este autor, la pérdida de iconicidad: al lexicalizarse los signos manuales se vuelven menos icónicos y más arbitrarios, a la vez que se hacen más cortos o rápidos, esto es, experimentan lo que se conoce como “erosión”.
Aunque, en realidad, el autor defiende la evidencia de este fenómeno concretamente para respaldar o dar crédito a la posibilidad de que el lenguaje oral pueda haber evolucionado a partir de los gestos manuales, está claro que el estudio de la estructura y funcionamiento de las lenguas de signos puede incrementar nuestra comprensión general del lenguaje de una forma notable. Que la lexicalización y la gramaticalización son los dos motores de creación de “lengua” también en las lenguas signadas es algo que cualquier estudiante de lingüística asume o concibe; sin embargo, por qué este tipo de ejemplos no abunda en la literatura o en las clases es algo que, sinceramente, no tiene explicación.
Por supuesto he de invocar el mea culpa y admitir que, más allá de Veo una voz: viaje al mundo de los sordos de Oliver Sacks (un libro alucinante) no he leído nada sobre el tema. Por tanto soy tan culpable, tan analfabeta como el resto de estudiantes, enamorados, adictos, expertos y profesores de lingüística que conozco.
Toda esta indignación viene a cuenta de una pequeña epifanía que experimenté al hojear un manual sobre la evolución del lenguaje (Wray 2002). En uno de los capítulos, Michael C. Corballis expone un ejemplo de lexicalización en el ameslán (la lengua de signos americana) que es una maravilla:
«The sign for “home” in ASL was once a combination of the signs for “eat”, which is a bunched hand touching the mouth, and the sign for “sleep”, which is a flat hand on the cheek. Now it consists of two quick touches on the cheek, both with a bunched handshape, so the original iconic components are effectively lost (Frishberg 1975). Studies of deaf children inventing their own homesign also suggest that signs are initially coined for their resemblances to what they represent, but are later adapted to a more arbitrary form […]».
Si esto es así, entonces una de las fuerzas que operan en los procesos de lexicalización en las lenguas de signos y que podría estar íntimamente ligada a la desemantización de las formas originales es, como apunta este autor, la pérdida de iconicidad: al lexicalizarse los signos manuales se vuelven menos icónicos y más arbitrarios, a la vez que se hacen más cortos o rápidos, esto es, experimentan lo que se conoce como “erosión”.
Aunque, en realidad, el autor defiende la evidencia de este fenómeno concretamente para respaldar o dar crédito a la posibilidad de que el lenguaje oral pueda haber evolucionado a partir de los gestos manuales, está claro que el estudio de la estructura y funcionamiento de las lenguas de signos puede incrementar nuestra comprensión general del lenguaje de una forma notable. Que la lexicalización y la gramaticalización son los dos motores de creación de “lengua” también en las lenguas signadas es algo que cualquier estudiante de lingüística asume o concibe; sin embargo, por qué este tipo de ejemplos no abunda en la literatura o en las clases es algo que, sinceramente, no tiene explicación.
martes 27 de noviembre de 2007
Tutte le lingue, e nessuna (2)
¿No creéis que Adso posee una intuición lingüística demasiado refinada, demasiado adelantada a su tiempo? Oírle (es un decir) razonar así sobre el lenguaje me ha parecido tan chocante, teniendo en cuenta la época en que vive, como que lleve un Rolex.
Así es como Givón (2002) define las tres características que conforman uno de los componentes del sistema conceptual humano, el léxico:
«The human conceptual lexicon is a repository of relatively time-stable, relatively socially-shared, relatively well-coded concepts which, taken together, constitute a cognitive map of our experiential universe […] By time-stable one means knowledge that is not in rapid flux. That is, the meaning of `horse´ today will probably remain the same tomorrow. Though gradual change is not precluded. By socially-shared one means that when launching into communication, speakers take it for granted that words have roughly the same meanings for all members of their speech community. […] By well-coded one means that each chunk of lexically-stored knowledge is more-or-less uniquely — or at least strongly—associated with its own perceptual code-label [destacados en el original]».
Lo que Givón argumenta no es más que la biunivocidad de la relación entre el signo lingüístico y su referente, el carácter socialmente consensuado de esta unión y la relativa estabilidad de la misma. Y esto es prácticamente lo que aduce Adso al catalogar el habla de Salvatore como no-lengua. Sin embargo, lo que convierte en ininteligible el habla de esa pobre alma es la mezcla de códigos, el hecho de que utilice léxico perteneciente al latín vulgar y a numerosas lenguas vernáculas habladas en la Edad Media por toda Europa. La suya es una lengua hecha de retazos de otras lenguas, es un una suerte de pidgin a gran escala aunque dotado de gramática, un patchwork de códigos difícil de entender incluso para los monjes del monasterio donde habita, las únicas personas de aquella época que podríamos llamar multilingües.
Así es como Givón (2002) define las tres características que conforman uno de los componentes del sistema conceptual humano, el léxico:
«The human conceptual lexicon is a repository of relatively time-stable, relatively socially-shared, relatively well-coded concepts which, taken together, constitute a cognitive map of our experiential universe […] By time-stable one means knowledge that is not in rapid flux. That is, the meaning of `horse´ today will probably remain the same tomorrow. Though gradual change is not precluded. By socially-shared one means that when launching into communication, speakers take it for granted that words have roughly the same meanings for all members of their speech community. […] By well-coded one means that each chunk of lexically-stored knowledge is more-or-less uniquely — or at least strongly—associated with its own perceptual code-label [destacados en el original]».
Lo que Givón argumenta no es más que la biunivocidad de la relación entre el signo lingüístico y su referente, el carácter socialmente consensuado de esta unión y la relativa estabilidad de la misma. Y esto es prácticamente lo que aduce Adso al catalogar el habla de Salvatore como no-lengua. Sin embargo, lo que convierte en ininteligible el habla de esa pobre alma es la mezcla de códigos, el hecho de que utilice léxico perteneciente al latín vulgar y a numerosas lenguas vernáculas habladas en la Edad Media por toda Europa. La suya es una lengua hecha de retazos de otras lenguas, es un una suerte de pidgin a gran escala aunque dotado de gramática, un patchwork de códigos difícil de entender incluso para los monjes del monasterio donde habita, las únicas personas de aquella época que podríamos llamar multilingües.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
